Viernes 22 de noviembre
¡Hola! ¡Muy buen viernes! Ayer hemos visto a Jesús llegar a Jericó y encontrarse con el bajito Zaqueo tratando de verlo, y como Jesús lo identificó enseguida y le pidió que se bajara del árbol y que fueran a su casa.
Hemos visto que Zaqueo era jefe de los publicanos y muy rico.
Zaqueo recibió en su hermosa y lujosa casa a Jesús con mucha alegría. El quería saber quien era ese Jesús de quien todos hablaban, y ahora ese tal Jesús estaba en su casa.
Muchos un día nos hemos preguntado ¿quién es Jesús? Y ahora tenemos la maravillosa bendición de que habita dentro de nosotros por medio de su Espíritu Santo. Es muy difícil entender que el Dios que hizo los cielos y la tierra, que tiene el poder de hacer que las cosas comiencen a existir con solo hablar, y que siempre existió y siempre existirá, está viviendo dentro de todos los que lo recibieron como su Salvador personal.
Muchas personas cuando vieron que Jesús fue a la casa de Zaqueo, un publicano rico, decían: ¿como puede ser que Jesús fue a la casa de un pecador? Ellos pensaban que Jesús no sabía que Zaqueo era un pecador, pero Jesús lo sabe todo. Ellos pensaban que Jesús pecaba al ir a la casa de un pecador, pero Jesús deseaba llevar la salvación a su vida.
Por eso no importa lo que los demás digan, lo importante es poder dejar entrar a Jesús en nuestra vida y ser llenos de él.
Cuando Zaqueo se dio cuenta de lo que las personas decían de él, le dijo a Jesús: la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se le devuelvo cuatro veces más.
Algo había cambiado en la vida de Zaqueo. Se puede notar que antes era un estafador, como lo eran los publicanos, pero algo había sucedido en él en que buscaba sentirse bien, o con su conciencia, o estaba mostrando que todos fuimos creados por Dios para hacer el bien, pero cuando hacemos lo malo solo acumulamos dentro nuestro tristeza y dolor.
Pero Jesús le quería hacer entender que todo eso bueno que hacía, no podía borrar todo lo malo que había hecho. Todo eso solo se podía borrar con el perdón de Dios. Por eso Jesús, apenas Zaqueo terminó de decir las cosas buenas que hacía, le dijo: hoy ha venido la salvación a tu casa. Hoy había llegado Jesús, él es la salvación.
Dios se alegra cuando compartimos con los necesitados, pero la Biblia dice que hay fiesta en el cielo cuando un pecador se arrepiente y acepta a Jesús como Salvador personal, y pasa de muerte eterna a vida eterna.
Zaqueo entonces, empezó queriendo ver a Jesús, y Jesús se acercó a él. Quería saber quien era Jesús, y Jesús fue a su casa. Quería saber como ser salvo, y Jesús entró en su vida.
Vos estás en una de estas situaciones, si o si.
La primera es que ya te has dado cuenta que Jesús es Dios, que Jesús vino a entregar su vida por vos y te ofrece el perdón de tus pecados. Entonces él ya habita en tu corazón y puedes disfrutar de la vida eterna. Ya todas tus deudas eternas han sido pagadas por Jesús. ¡Ya eres un hijo de Dios y podrás disfrutar de la riqueza del cielo!
La segunda situación, es que podes creer que sos rico, o lo vas a ser económicamente. Pero la realidad es que sin Jesús el ser humano está vacío, aunque sus cuentas bancarias estén con mucho dinero. La necesidad espiritual, como la que tenía Zaqueo, está en toda persona. El vacío que tiene cuando no habita Dios en él, no lo llena ni el mayor tesoro del mundo. Y ese vacío es justamente porque en el interior sabe que está perdido para toda la eternidad.
¿En cual de las situaciones estás? ¿En la primera o en la segunda? Si estás en la primera, disfruta la vida con Jesús. Pero si estás en la segunda, hace como hizo Zaqueo y deja que Jesús entre en tu vida.
Oración:
Querido Padre Dios, gracias porque podemos estar terminando una semana mas. ¡Que maravilloso es saber que los que tenemos a Jesús en nuestra vida somos tus hijos, y nos espera una fantástica eternidad con vos en el cielo! Pero, te pedimos por nuestros compañeros, amigos y familiares que aun no creen en Jesús, para que puedan creer y ser llenos de la vida que solo Jesús da. En el nombre del Señor Jesús, Amén.