Martes 26 de noviembre

¡Hola! ¡Muy buen martes! Ayer empezamos la semana con la historia de Bartimeo, el hombre que mendigaba en la entrada de Jericó, y que recibió la vista y la salvación al creer que Jesús es Dios, el Mesías y el Salvador.

Jesús salió de Jericó y se dirigió hacia Jerusalén. Pero antes pasó a ver a sus amigos por Betania. ¿Te acordás quienes vivían ahí? Ahí estaban sus amigos Marta, María y Lázaro, a quien Jesús había resucitado unos 3 meses antes.

Juan menciona que Jesús llegó a Betania 6 días entes de la pascua. El día de la pascua era el día en que Jesús iba a entregar su vida por nosotros. A pesar de saber todo lo que estaba por suceder, Jesús no solo ayudaba a la gente, sino que seguía enseñando a sus discípulos y mostrando su amor por sus amigos.

Cuando estaba en la casa de Lázaro, le prepararon una cena. Imaginate que 3 meses antes todo era dolor en esa casa por la muerte de Lázaro, y ahora él estaba ahí, compartiendo una cena con quien le devolvió la vida.

Marta estaba esmerándose mucho en servir y que no faltara nada. Lázaro era uno de los que estaban junto con Jesús sentados a la mesa. Entonces apareció María con un perfume muy costoso. Es perfume venía de muy lejos y en un envase que era de una piedra llamada alabastro. Era una piedra que se calaba, y se podría apreciar lo que estaba adentro, y luego se le sellaba la tapa para que no perdiese el aroma. Juntar el dinero para comprar ese perfume era el trabajo de todo un año, sin gastar nada en otra cosa.

Dice que María tomó ese perfume y ungió los pies de Jesús, y la casa se llenó del olor del perfume. Aquel acto era uno de los más bellos dedicados a Jesús, pues María, la hermana de Lázaro y Marta, estaba comunicando muchas cosas. Ungir era señalar a alguien para algo. Jesús era el Ungido de Dios, es decir el elegido por Dios para salvarnos. La palabra Cristo en griego o Mesías en hebreo, significan ungido.

María había elegido a Jesús. María quería entregar lo más valioso que tenía a Jesús. María quería reconocerse una sierva de Jesús, pues el siervo de la casa era quien lavaba los pies de los invitados. María estaba reconociendo que Jesús era el Siervo de Dios.

Judas al darse cuenta de lo que estaba pasando le dijo: ¿por que no fue vendido y dado a los pobres? Pero no lo hizo por cariño a los pobres, sino porque él era el que tenía el dinero del grupo de Jesús y sus apóstoles y se quedaba con una parte en forma ilegal.

Jesús le respondió: déjala, en todo lugar que se predique de mi historia, en todo el mundo, se contará lo que ella ha hecho hoy. De hecho ahora mismo lo estamos haciendo.

Cuando una mujer no fue tenida en cuenta, Jesús no solo la tuvo, sino que le dejó como memoria de la acción mayor que puede hacer un ser humano: reconocer que Jesús es el Hijo de Dios, que él es el enviado por Dios para salvar a todo aquel que cree en él. El que merece todo acto de adoración, como hizo aquella joven mujer.

Ese reconocimiento, de dar lo más importante de ella, era la forma de agradecer a su Señor por mostrar su amor resucitando a Lázaro y quitarle ese dolor tan grande que vivieron.

¿De que manera vos agradecés a Jesús de haber entregado su vida para darte vida eterna? ¿De que forma le agradecés por querer perdonar todos tus pecados? María nos mostró como se hace: entregando lo más importante que tengamos. ¿Que es lo más importante que tenemos? Es nuestra vida, nuestro corazón, vivir para él.

Tómate un minuto, ahí donde estás y dale las gracias a Jesús por haberte dado la vida humana y haber muerto para darte la vida eterna. Y después entregale tu corazón.


Oración:

Querido Padre Dios, gracias por el amor que vos y Jesús han demostrado por mi. Gracias porque Jesús me sacó de la muerte eterna y me regaló la vida eterna al morir y resucitar por mí, y al aceptarlo como salvador personal. Hoy quiero decirte que deseo darte lo mejor que tengo, mi corazón, en agradecimiento por lo que hiciste por mi. Te sigo pidiendo por mis compañeros, familiares y amigos que aun no creen en Jesús, para que toques su corazón y crean que Jesús es el único que puede darles vida y vida eterna. En el nombre del Señor Jesús, Amén.