Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en
mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en
mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? San Juan 11:25-26
Llegamos ya al jueves. Para nosotros pasaron 4 días en que
recordamos la resurrección del Señor Jesús. Pero habían pasado 40
días en aquel momento. Si, toda una cuarentena. El número 40 en la Biblia es el
número de la prueba. Cuando la maestra o profesor te dice que va a
haber una prueba, quiere decir que se va a usar una herramienta para
conocer cuanto sabés de ése tema. Jesús estuvo 40 días más en la
tierra para mostrar que él había resucitado verdaderamente. 1°
Corintios 15 dice que Jesús fue crucificado, como decían las
profecías, y que fue sepultado, como decían las profecías y que
resucitó, como decían las profecías. Habla también sobre las
personas que vieron a Jesús después de su resurrección. Dice que
primero fue Pedro y después a los discípulos. Sabemos que además
se presentó a Maria Magdalena también.
Pero después se le apareció a más de 500 a la vez. Pero aclara una cosa, siempre se les apareció a los que creían en él. Luego se apareció a Jacobo y por último a mi, dice el apóstol Pablo. En un momento dice que muchos de esos que vieron a Jesús, aún vivían cuando fue escrita la carta a los corintios, para que si alguno tuviese alguna duda, podrían encontrar a algún testigo de ellos y preguntarle.
Justamente una de las últimas cosas que Jesús mandó fue que todos
ellos debían ser testigos. ¿Sabés que es un testigo? Un testigo
es una persona que comunica a otro de lo que ha visto y/u oído.
Aquellos más de 500, lo habían visto vivo, resucitado, llevando aun
las marcas de los clavos de la cruz. Pero Jesús no resucitó para
hacerse famoso. Sino que resucitó para alentar a todos los que creen
en él. Él les mostró que así como él resucitó, los que creen en
él no morirán eternamente, como dice el versículo de éstos días.
¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que aunque una persona muera
físicamente (se separa el cuerpo del alma y el espíritu) va a ir al
cielo y no morirá espiritualmente (separarse el espíritu de la
persona de Dios) Jesús era la prueba de que tenía poder y había
vencido la muerte, pero también era la prueba de que un día vamos a
vivir para siempre con él en el cielo, si ya lo hemos recibido como
nuestro Salvador personal. Se va a cumplir lo que él le pidió al
Padre en oración: “Quiero que dónde yo estoy, ellos también
estén”.
Por eso la Biblia dice que somos más que vencedores en Jesús, pues
nunca más vamos a ser derrotados por la muerte eterna, pues ya
tenemos, los que creemos, la vida eterna gracias al Señor Jesús.
¡Qué maravillosa esperanza que tenemos en el Señor Jesús! ¿Sabés
que nadie la puede sacar de vos? ¿Sabés que nada ni nadie te puede
apartar del amor de Dios? ¡Eso es formidable!
Por eso no dejes todos los días de buscar a Dios, de pedirle por tu
salud y la de tu familia en medio del problema del COVID-19, de
contarle cuando te sentís triste por estar tanto tiempo en tu casa,
pero sobre todo no dejes de agradecerle por todo lo que él ha hecho
por vos y aun quiere hacer bendiciendo tu vida. Jesús estaba
despidiéndose de sus discípulos, ya estaba por volver al cielo,
como veremos mañana. Pero les iba a dejar dos cosas: uno era un
compañero, que iba a ser el Espíritu Santo de Dios y otra cosa era
de que ellos tienen que ser testigos a los demás, es decir contar
sobre Jesús y la salvación que solo él puede dar.
Para nosotros también nos dejó esas dos cosas. Cuando vos aceptaste
al Señor Jesús como tu salvador personal, entró a tu corazón el
Espíritu Santo, y cuando vos obedecés a Dios se siente muy cómodo
adentro tuyo y eso te hace sentir muy feliz. Pero cuando pecás el se
siente muy incómodo y ahí es dónde vos te sentís mal y triste.
¡qué importante es que el Espíritu Santo se sienta cómodo en
nuestro corazón! Y lo segundo que nos dejó es que podamos contar a
otros que en Jesús hay salvación por el perdón de los pecados, es
decir, ser un testigo de él.
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¿Cuáles son las dos cosas que nos dejó el Señor Jesús?
Oración:
Querido Padre Dios, gracias porque el Señor Jesús murió pero también resucitó. Gracias porque desde el día en que lo recibí como Salvador tu Espíritu Santo está en mi corazón. Ayúdame a ser obediente a tu Palabra así tu Espíritu está cómodo en mí. Además, ayúdame a ser un buen testigo tuyo, en el nombre del Señor Jesús, Amén.