Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. San Juan 15:13
Ayer dejamos el aposento alto y
marchamos hacia el monte. Pasamos por la viña dónde Jesús les dio
una hermosa lección sobre el dar fruto. Y después de un rato de
caminar llegaron al lugar donde Jesús le gustaba ir para orar en
tranquilidad. Vimos que esa pascua, no fue una pascua más. Que esa
cena, no fue una cena más. Que esa noche, no fue una noche más. ¿Y
sabés qué? Esa oración no fue una oración más. De hecho, ninguna
oración de Jesús fue una oración más. Pero ésta tuvo
particularidades, que se dieron por el momento dónde fue hecha.
Esa
oración solo la escribe Juan. La escribió con detalle en el
capítulo 17. Si te animás, sería genial que en algún momento del
día de hoy la puedas leer completa.
Esa
noche Jesús sabía que sería entregado, sabía que dentro de unas
12 horas sería crucificado. Por eso esa noche no fue una más y fue
tan especial esa oración. Si vos estarías en una situación así,
¿Qué orarías? ¿Qué le dirías a Dios?
Se
me ocurren muchas cosas. Pero me doy cuenta que todas tienen que ver
conmigo. Miremos un poco que oró Jesús.
El
empezó hablando en forma directa al Padre, como nos enseñó. Cuando
oramos, oramos a Dios Padre, no a Jesús. Lo hacemos en el nombre de
Jesús, pero la oración va a Dios Padre.
Habló
sobre su relación con el Padre, pudo hablar de la cercanía que
había entre ambos. Dios estaba en el cielo, Jesús estaba en la
tierra, pero estaban conectados constantemente por medio de la
oración, pero también el Espíritu. Por eso nosotros también
podemos estar cercanos a Dios, orando y por medio de su Espíritu
Santo, que como ya vimos, está en nuestro corazón desde que
aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal.
Luego
pidió por nosotros. ¿Por nosotros? ¡Pero si esto pasó hace casi
2000 años! Sabés que cuando oraba le pidió al Padre por sus
discípulos de aquel momento pero también por los que iban a creer
en Él. ¡SI! Por vos y por mi, si ya creíste en Jesús. Le pidió
que nos guarde del mal. Él le dijo que sabía que nuestra casa
eterna no está acá en la tierra, sino en el cielo. Pero que
mientras estemos acá en la tierra íbamos a tener momentos
difíciles. ¿Sabía Jesús que en el 2020 iba a haber una pandemia?
Claro que si. No solo eso, sino que también sabía de todos los
momentos difíciles que te puede tocar vivir a vos y también a mi.
Jesús le pide que nos guarde, para que todos seamos uno
con
él
. Eso quiere decir que
cuando recibimos a Jesús pasamos a ser la familia de Dios. Y por eso
podemos orar unos por otros, como Jesús lo hizo por nosotros.
Además
dijo que si somos uno con él, estaremos con GOZO, a pesar de los
problemas que podemos tener. Acordate que el GOZO es mucho mejor que
la alegría, pues el gozo viene de adentro del corazón que tiene a
Jesús.
Jesús estaba empezando a sufrir todo el dolor que nuestros pecados le iban a hacer pasar. Pero en ese momento ¿Sabés que más le pidió al Padre? Le dijo: Padre, quiero que donde yo estoy, ellos estén conmigo. ¿Qué quiso decir? Quiso decir qué el sabía que iba a sufrir muchísimo, que iba a morir, pero que después iba a resucitar y en poco tiempo iba a volver al cielo. Él quiso que vos y yo tengamos la posibilidad de ser perdonados y vivir para siempre con él en el cielo. Estaba por pasar un dolor impresionante, pero no pidió por él sino por nosotros. ¡Qué grande es el amor de Jesús por vos y por mi! Ah, y cerró la oración pidiendo que el amor de él esté en vos y en mí, pero también él deseaba estar en vos y en mí.
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¿Está Jesús en tu corazón? Si
no está, lo podés invitar a entrar ahora mismo.
Si
ya está, podés orar como él lo hizo pidiendo que Dios Padre nos
guarde y agradécele porque Jesús entregó su vida para que un día
puedas vivir con él en el cielo.
Oración:
Querido
Dios Padre, gracias porque mandaste a Jesús y él se entregó por mi
y tengo hoy la hermosa esperanza de que un día voy a estar allá en
el cielo contigo y con Jesús. Te pido que, como Jesús oró, nos
guardes en éste momento difícil de la cuarentena, en especial a los
abuelos y abuelas. En el nombre del Señor Jesús, Amén.