Abril 3

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. San Juan 15:13 


Ayer dejamos el aposento alto y marchamos hacia el monte. Pasamos por la viña dónde Jesús les dio una hermosa lección sobre el dar fruto. Y después de un rato de caminar llegaron al lugar donde Jesús le gustaba ir para orar en tranquilidad. Vimos que esa pascua, no fue una pascua más. Que esa cena, no fue una cena más. Que esa noche, no fue una noche más. ¿Y sabés qué? Esa oración no fue una oración más. De hecho, ninguna oración de Jesús fue una oración más. Pero ésta tuvo particularidades, que se dieron por el momento dónde fue hecha. 

Esa oración solo la escribe Juan. La escribió con detalle en el capítulo 17. Si te animás, sería genial que en algún momento del día de hoy la puedas leer completa.  Esa noche Jesús sabía que sería entregado, sabía que dentro de unas 12 horas sería crucificado. Por eso esa noche no fue una más y fue tan especial esa oración. Si vos estarías en una situación así, ¿Qué orarías? ¿Qué le dirías a Dios?  Se me ocurren muchas cosas. Pero me doy cuenta que todas tienen que ver conmigo. Miremos un poco que oró Jesús.

El empezó hablando en forma directa al Padre, como nos enseñó. Cuando oramos, oramos a Dios Padre, no a Jesús. Lo hacemos en el nombre de Jesús, pero la oración va a Dios Padre.  Habló sobre su relación con el Padre, pudo hablar de la cercanía que había entre ambos. Dios estaba en el cielo, Jesús estaba en la tierra, pero estaban conectados constantemente por medio de la oración, pero también el Espíritu. Por eso nosotros también podemos estar cercanos a Dios, orando y por medio de su Espíritu Santo, que como ya vimos, está en nuestro corazón desde que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal.

Luego pidió por nosotros. ¿Por nosotros? ¡Pero si esto pasó hace casi 2000 años! Sabés que cuando oraba le pidió al Padre por sus discípulos de aquel momento pero también por los que iban a creer en Él. ¡SI! Por vos y por mi, si ya creíste en Jesús. Le pidió que nos guarde del mal. Él le dijo que sabía que nuestra casa eterna no está acá en la tierra, sino en el cielo. Pero que mientras estemos acá en la tierra íbamos a tener momentos difíciles. ¿Sabía Jesús que en el 2020 iba a haber una pandemia? Claro que si. No solo eso, sino que también sabía de todos los momentos difíciles que te puede tocar vivir a vos y también a mi. Jesús le pide que nos guarde, para que todos seamos uno  con él . Eso quiere decir que cuando recibimos a Jesús pasamos a ser la familia de Dios. Y por eso podemos orar unos por otros, como Jesús lo hizo por nosotros.  Además dijo que si somos uno con él, estaremos con GOZO, a pesar de los problemas que podemos tener. Acordate que el GOZO es mucho mejor que la alegría, pues el gozo viene de adentro del corazón que tiene a Jesús. 

Jesús estaba empezando a sufrir todo el dolor que nuestros pecados le iban a hacer pasar. Pero en ese momento ¿Sabés que más le pidió al Padre? Le dijo: Padre, quiero que donde yo estoy, ellos estén conmigo. ¿Qué quiso decir? Quiso decir qué el sabía que iba a sufrir muchísimo, que iba a morir, pero que después iba a resucitar y en poco tiempo iba a volver al cielo. Él quiso que vos y yo tengamos la posibilidad de ser perdonados y vivir para siempre con él en el cielo. Estaba por pasar un dolor impresionante, pero no pidió por él sino por nosotros. ¡Qué grande es el amor de Jesús por vos y por mi! Ah, y cerró la oración pidiendo que el amor de él esté en vos y en mí, pero también él deseaba estar en vos y en mí.

  • ¿Está Jesús en tu corazón? Si no está, lo podés invitar a entrar ahora mismo.

    Si ya está, podés orar como él lo hizo pidiendo que Dios Padre nos guarde y agradécele porque Jesús entregó su vida para que un día puedas vivir con él en el cielo.

Oración:

Querido Dios Padre, gracias porque mandaste a Jesús y él se entregó por mi y tengo hoy la hermosa esperanza de que un día voy a estar allá en el cielo contigo y con Jesús. Te pido que, como Jesús oró, nos guardes en éste momento difícil de la cuarentena, en especial a los abuelos y abuelas. En el nombre del Señor Jesús, Amén.