Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hebreos 13:8
¡Hola! Llegamos al martes y queremos empezar con la historia de
Jesús, es decir, de la historia de Dios Hijo. Pero cuando miramos la
historia de Jesús acá en la tierra, debemos ir un poco más allá
de ésa historia. La historia de hoy está en San Lucas 1:5-25.
La persona de la historia de hoy se llamó Zacarías. Hay un libro de la Biblia que escribió el profeta Zacarías, pero él vivió 500 años antes que éste Zacarías que era sacerdote de Dios. El era una persona de edad avanzada y no tenía hijos. Su esposa se llamaba Elizabeth. La Biblia cuenta que ambos eran muy buenas personas y obedecían todos los mandamientos de Dios. Un día estaba Zacarías haciendo su tarea en el templo, en un lugar donde solo accedían los sacerdotes, mientras afuera estaba mucha gente orando a Dios. En un momento Zacarías se pegó un susto bárbaro. Estaba solo adentro de ese lugar y de pronto se le apareció un ángel. Sabemos que los ángeles de Dios, siempre se presentan para algo de bien y no de mal, pero como apareció de repente, Zacarías se asustó. El ángel se llamaba Gabriel. Acordate de ese nombre. ¿Cómo se llamaba el ángel? Si, muy bien, se llamaba Gabriel. Gabriel le dijo que Dios había escuchado la oración de Zacarías. ¿Qué había pedido él con mucha fe? Zacarías había pedido por un hijo. Por eso el ángel Gabriel le dijo que Elizabeth iba a tener un hijo que se tenía que llamar Juan. Además le dijo que Juan les hablaría a muchos del pueblo de Israel de Dios y muchos creerán.
Pero
Zacarías, a pesar que era un hombre bueno y obedecía los
mandamientos de Dios, no creyó. Entonces le dijo al ángel: Pero yo
soy muy viejo y mi esposa también. Entonces Gabriel le respondió
que él vive a donde está Dios, y que Dios mismo lo había mandado a
decirle esas maravillosas noticias, pero como el no había creído,
ahora se quedaría mudo hasta que Juan naciese.
¡Y
así fue! ¡Zacarías se quedo completamente mudo!
Afuera
estaba la gente esperándole, y se empezaron a preocupar porque
tardaba mucho en salir. Pero al fin salió, pero no podía decir
nada. Entonces les hacía señas intentando contarles lo que había
pasado, y ellos entendieron que había sucedido algo especial en el
santuario del templo. Después veremos cómo sigue la historia.
La
historia de hoy nos enseña algunas cosas. Una de ellas es que Dios
conoce las cosas antes de que sucedan. Dios sabía que vos ibas a
nacer antes que tus padres se lo imaginaron. El salmo 139 dice que
Dios ya sabía como iban a ser cada parte de nosotros. ¡Qué
maravilloso es confiar en un Dios tan grande!! ¡¡Dios sabe cuando
exactamente va a termina la cuarentena!!
Pero
otra de las cosas que nos enseña la historia de hoy, es que muchos
piensan en que ser una buena persona alcanza. ¡Claro que es
buenísimo ser una buena persona! Pero eso no perdona nuestros
errores, ni pecados. Ser una buena persona no alcanza para ser aptos
para el cielo. ¿Qué fue lo le faltó a Zacarías? ¿Estuviste
atento al relato de la historia? Lo que le faltó fue creer. Por eso
la experiencia de Zacarías nos muestra que es muy bueno ser buena
persona y obedecer a Dios, pero que es mucho mejor e imprescindible
(que si o si tiene que hacerse), es creer en Dios y en su Hijo Jesús.
Primero creer y después por haber creído: ser buena persona y
obedecer los mandamientos de Dios. La entrada al cielo es de los que
creen en Jesús como Salvador personal, por eso Él mismo dijo que
era el camino, la verdad y la vida, y nadie puede ir al Padre, que
está en cielo, sino es por Él. Zacarías se perdió la oportunidad
de creer y quedó sin poder hablar. No te pierdas hoy la oportunidad
de creer.
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Primero creé en Jesús como tu Salvador personal.
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Segundo creé que todo está bajo la autoridad de Dios.
Oremos
juntos:
Querido Padre Dios, gracias porque todo está bajo tu autoridad. Gracias porque aunque aún seguimos en el aislamiento obligatorio, sabemos que tú lo permites para nuestro bien, aunque no lo podemos entender del todo. Gracias también, porque muchos ya hemos creído en Jesús como nuestro Salvador. Te pedimos por los que nos rodean y aún no lo han hecho. Queremos pedirte que nos ayudes a creer cada día más en tí y ser mejores personas con quienes nos rodean y obedecer tus mandamientos. Te lo pedimos en el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA
MAÑANA, SI DIOS QUIERE!