Agosto 5
Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. San Mateo 1:21
La historia de hoy está en San Lucas: 1: 26 al 38
¡Hola! Ayer empezamos a ver la historia de Jesús. Pero, como ya sabemos, su historia es eterna. Pero en éste caso solo veremos lo que sucedió cuando vino a éste mundo. Ayer también vimos la historia de Zacarías, que era un sacerdote y fue visitado por un ángel. ¿Te acordás como se llamaba el ángel? Se llamaba Gabriel. El le dijo que venía de parte de Dios a avisarle que aunque él y su mujer eran ancianos, iban a tener un hijo el cual debía llamarse Juan. Zacarías no le creyó y por eso el ángel le dijo que por su incredulidad no iba a poder hablar hasta que Juan naciese, y así fue.
Seguimos la historia y el tiempo fue pasando. En realidad pasaron 6 meses de la visita del ángel a Zacarías. Entonces Elizabet ya tenía un embarazo de seis meses. Y Dios mandó nuevamente al ángel Gabriel a decir algo, pero no a Zacarías, sino que fue a una ciudad llamada Nazaret, en Galilea. Dios lo mando a la casa de una joven llamada María, que estaba comprometida con su novio llamado José, pero que aun no se habían casado. Cuando se le apareció el ángel a María, como también le pasó a Zacarías, ella se asustó cuando el ángel habló y le dijo que ella era bendita entre todas las mujeres. Eso quiere decir que Dios la había elegido a ella entre todas las mujeres de aquel entonces para hacer algo muy especial. Su susto no fue tanto por la aparición del ángel, sino por las palabras que dijo.
Cuando el ángel Gabriel vio que estaba así María, le dijo que no tenga miedo, porque Dios la tenía en gran estima. Pero, ante la mirada atenta de ella, el ángel siguió hablando y le dijo: “Vas a tener un hijo. Su nombre será Jesús, él es el Hijo de Dios.” ¡Guau! ¡Qué noticia! María tenía una mezcla de asombro y felicidad. Pero aún así habló y le preguntó a Gabriel: “¿Cómo va a ser eso? Yo no tengo esposo aún”.
Entonces el ángel Gabriel le empezó a explicar que ese hijo que iba a tener sería diferente a todos los demás seres humanos. Le dijo que en ésta única oportunidad una mujer iba a concebir del Espíritu Santo. Eso quiere decir que Dios mismo iba a poner ese nuevo ser en el vientre de María sin intervención de María ni de José, su futuro esposo. Y también le dijo que su pariente Elizabet estaba es el sexto mes de embarazo, aunque era anciana y no podía tener hijos. (En aquel momento no llegaban las noticias tan rápido como ahora, no existían los celulares ni nada de lo que utilizamos ahora) Y terminó diciendo que para Dios nada hay imposible.
María, a diferencia de Zacarías, creyó en lo que le dijo el ángel, es más, dijo: “hágase conmigo lo que Dios quiere”. Ayer vimos la consecuencia que tuvo Zacarías y lo que se perdió por no creer. Pero hoy podemos ver porque Dios la eligió. Sabía que María era una persona de fe, y ella no desaprovechó la oportunidad de ponerse en las manos de Dios y disfrutar de ser la mujer “bendita entre todas las mujeres”
Hoy Dios te está dando éste momento para que vos también puedas reflexionar. Si estás leyendo éstas palabras es porque Dios tiene algo que decirte. Vos podes no creer como Zacarías y quedarte sin poder expresar lo que hay dentro tuyo, o ser como María, creer y disfrutar de la bendición de Dios. Así como el ángel le dijo a María que Jesús será el Salvador, el Hijo de Dios y que para él no hay nada imposible, hoy te lo dice a vos también. Hoy podés aceptar a Jesús como tu Salvador creyendo en Él, y te perdonará de tus pecados y podrás disfrutar en toda tu vida de sus bendiciones, y una eternidad en el cielo.
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¿Vas a ser como Zacarías o como María?
Oremos juntos:
Querido Dios Padre, gracias porque un día mandaste a tu Hijo Jesús a éste mundo. Es maravilloso ver como usaste a una mujer tan especial como María para desarrollar en su vientre a tu Hijo Jesús. Gracias porque el vino a ser el Salvador del mundo. Te damos gracias por todos los que ya lo hemos recibido como Salvador. Te pedimos por aquellos que aún no lo han hecho, para que pronto puedan creer. Te lo pedimos en el nombre del Señor Jesús, Amén.