Marzo 17
¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! San Lucas 19:38
Seguimos frente a la ciudad de Jerusalén. Ayer vimos como dos de sus discípulos fueron a buscar algo por mandato de Jesús, ¿Qué fue? Un pollino, es decir un asno joven. Luego lo trajeron a Jesús y lo prepararon para ser montado. Una pregunta… ¿Ya había sido montado ese pollino? No. Era la primera vez que alguien se subía para que él lo lleve.
Mateo también nos cuenta sobre éste acontecimiento. Pero amplía en algo que no mencionan los otros tres: Marcos, Lucas y Juan. Mateo dice que ese pollino no estaba solo. Estaba atado de una asna y que Jesús pidió que trajesen a ambos. Es bueno aclarar que esto no contradice al resto, sino que quiere enseñarnos algo más. El asna era usada para los trabajos pesados y no había mejor animal para subir una montaña en caminos sinuosos. A los dos, el asna y el pollino los prepararon para ser montados. Mateo no aclara sobre quien se montó el Señor Jesús, pero si los otros tres dicen que fue sobre el pollino. Cientos de años antes el profeta Zacarías escribió en el capítulo 9: “9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un a asn a , sobre un pollino hijo de asna.” E so quiere decir que muchos años antes, Dios había avisado que cuando alguien entre con una asna, sobre un pollino, ése sería el Salvador. Jesús estaba cumpliendo esa profecía y la gente también, pues estaba cantando alegre como había escrito Zacarías.
Jesús estaba por pasar por la gigantesca puerta del este de Jerusalén con una asna, símbolo del cansancio, del esfuerzo, de la esclavitud, del pasado; y un pollino, símbolo de lo nuevo, para mostrar que él venía a cargar el pecado de todas las personas, para que aquel que quiera aceptar su salvación sea una nueva persona.
La gente se cruzaba delante de Jesús y se sacaba su manto y lo ponía en el suelo, también tomaban las ramas de hojas de las palmeras, las palmas, y las ponían sobre el suelo, como si fuera una alfombra real, es decir, de un verdadero rey y cantaban a toda voz: ¡Hosanna! Que quiere decir: Oh Dios, salvanos ahora.
Todo era alegría para esas personas. Pero justo antes de entrar a Jerusalén, La Biblia dice que Jesús lloró. ¿Por qué lloró Jesús? Tal vez se había emocionado por semejante recibimiento. En realidad no lloró de emoción. El Señor Jesús es el mismo Dios, y por eso sabe lo que va a suceder. El sabía que ese día lo estaban recibiendo pero que pronto lo rechazarían y Él mismo iba a tener que entregar su vida por ellos. Pero también sabía que muchos iban a sufrir muchísimo por rechazar el amor de Dios. Hoy también pasan cosas muy feas. Cuando vemos las noticias también tenemos ganas de llorar por las cosas tan malas que muchas personas hacen.
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Hoy tenemos todas las evidencias que muestran que Jesús es el Salvador que Dios envió… ¿Tú lo vas a recibir o rechazar?