Marzo 18
¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! San Lucas 19:38
Ayer quedamos en la historia de la vida de Jesús acá en la tierra, cuando estaba entrando a Jerusalén. Vimos que por un lado la gente cantaba con gran alegría, pero el Señor Jesús derramó muchas lágrimas porque sabía no solo del precio que Él pagaría por nuestros pecados sino que también sabía de todo lo que los seres humanos sufrían, sufren y sufrirán por estar apartados del amor de Dios y como cosecha de los pecados que han sembrado.
Ese día también estaban los soldados del imperio romano vigilando por todos lados, pero ellos no iban a intervenir salvo que se provocara algún disturbio, cosa que no sucedería ese día a pesar de la cantidad de gente enorme que estaba en Jerusalén. Pero había otras personas. Esas personas estaban observando lo que sucedía y no estaban contentos como los demás. Eran los sacerdotes que se sentían celosos de Jesús y tenían miedo de que éstas cosas perjudicara la fe de los judíos. Ellos no entendían que Jesús venía de los judíos y a hacer todo lo contrario de lo que ellos pensaban.
Cuando Jesús entró entonces a Jerusalén, lo primero que hizo fue dirigirse al templo. Él amaba estar en la casa de Dios. Pero al llegar tuvo que empezar a hacer una tarea que no le agradaba. La Biblia nos cuenta que dentro del templo habían puesto negocios. Vendían animales para los sacrificios y cambiaban dinero a los que venían de otras naciones con otras monedas. Jesús se enojó porque la casa de Dios no es para hacer negocios, sino para orar, adorar, alabar y aprender de Dios.
Jesús se había enojado, pero es notable que Mateo, Marcos, Lucas y Juan cuentan ésta historia y ninguno dice que Jesús gritó, ninguno dice que Jesús maltrató a alguna persona. Lo que sí dice que echó a las personas que hacían sus negocios ahí adentro, que hizo un azote de cuerdas para sacar a los animales como ovejas y bueyes, como solo cuenta Juan, pero no tocó ni a una sola persona y los únicos gritos que se escucharon fueron los de unos muchachitos que estaban alabando a Dios como había pasado en la calle diciendo: ¡Hosanna! ¡Hosanna!.
Lo que esos vendedores habían hecho era muy malo, pero el Señor Jesús los puso en su lugar con cuidado, sin gritar, sin agredirlos verbalmente, sin decir malas palabras ni malas expresiones, pero con total firmeza, pues no se puede hacer negocio ni con las cosas de Dios ni con la casa de Dios.
Jesús nos enseña que si algo nos enoja porque está mal, no debemos gritar, ni agredir, ni decir malas palabras ni malas expresiones, sino que tenemos que saber manejar el enojo, como Él hizo, para poder defender con firmeza lo que está bien hacer. Esta bueno para ponerlo en practica en estos días que nos quedamos en casa por la pandemia.
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¿Cómo reaccionás cuando algo te enoja? ¿Qué cosas haces bien y que cosas haces mal? ¿Qué tendrías que hacer la próxima vez que algo te enoje?
Oración:
Querido Dios Padre, Gracias porque en tu Palabra encuentro todo lo bueno que puedo hacer. Ayúdame a controlar mi enojo cuando veo a otros hacer el mal. Ayúdame a comportarme como lo hizo el Señor Jesús. En el nombre del Señor Jesús, Amén.