Marzo 26

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. San Juan 16:33

Ayer quedamos en el momento de ese jueves en que Jesús le dijo a Pedro y Juan que vayan a preparar el lugar para celebrar la pascua y le dio instrucciones exactas de como debían encontrar el lugar. Todo lo que el Señor Jesús le dijo se cumplió con exactitud y entonces Pedro y Juan prepararon todo para esa noche.

Desde chiquitos Pedro, Juan y los demás apóstoles, todos los años, habían celebrado la pascua. Cada año, con sus familias, habían recordado el momento en que sus antepasados habían salido de la esclavitud de Egipto de más de cuatro siglos. Cada año habían recordado que un cordero había sido sacrificado para que se pudiese pintar con su sangre el marco de la puerta y la muerte iba a pasar de largo. Pero todavía no tenían bien en claro que Jesús era ese Cordero que venía a entregar su vida y con su sangre iba a limpiar nuestros corazones de todos nuestros pecados. Y ellos estaban sentados a la mesa con el mismísimo Cordero de Dios.

En ese momento, la gente común no usaba mesas como hoy en día. Se usaba una tabla bien baja y se sentaban en almohadones alrededor de la misma. Les dijo que estaba muy contento, pues había deseado estar con ellos esa pascua. Ya había pasado junto a sus discípulos, al menos, otras dos pascuas. Pero ésta era especial, pues el estaba por entregar su vida por todos nosotros.

El les dice que será la última pascua que celebraría en la tierra, y que la próxima sería cuando se cumpla el reino de Dios. (Por eso a ese encuentro se lo llama la última cena) Es un poco difícil de entender o explicar, pero la Biblia dice que un día Jesús va a volver a la tierra y aquí será su reino por mil años. A ese momento se refería el Señor Jesús.

De a poco va preparando a sus discípulos. Ellos habían estado todos los días con Él durante los últimos tres años, pero ahora él tenía que morir por la humanidad.

Pero en ese momento había una persona en ese lugar que había hecho cosas terribles. Un rato antes había arreglado con los principales de los sacerdotes entregar a Jesús. Los sacerdotes querían apresar a Jesús, pero tenían miedo por toda la gente que le seguía. Entonces Judas, que sabía que Jesús por la noche iba a orar a un lugar apartado en un monte para que nadie lo moleste mientras hablaba con su Padre Dios, arregló decirles a esos sacerdotes cual era ese lugar a cambio de 30 monedas de plata. (ese era el precio que se pagaba por un esclavo en ese momento)

Entonces Jesús estando en la mesa baja, con los doce discípulos, les dijo que esa noche uno de ellos lo iba a entregar. Los discípulos se pusieron tristes y empezaron a preguntar si eran ellos mismos u otro.

Entonces Pedro le hizo señas a Juan que estaba sentado al lado de Jesús, para que le pregunte quien era el que lo iba a entregar. Entonces Jesús en voz baja le dijo a Juan: ahora voy a mojar el pan en la comida y se lo voy a dar a quién me va a traicionar. Y entonces tomó un pedazo de pan, lo mojó en la comida y se lo dio a Judas. Y luego le dijo a Judas que lo que iba a hacer que lo haga pronto. Los demás discípulos no entendieron éstas últimas palabras de Jesús, aunque Juan ya sabía quien era el que lo iba a entregar.

Judas había estado tres años con Jesús. Había comprobado que Jesús era Dios, pues hacía cosas que solo Dios puede hacer, pero aun así no quiso creer. Le importó más el dinero que su alma. Tenemos que entender que no hay riqueza en la tierra que pueda comprar la eternidad para nuestra alma. Muchas veces Judas lo escuchó de Jesús y no quiso creer. Muchas personas han escuchado muchas veces de Jesús y, como Judas, no quieren creer.

  • ¿Tú has creído que Jesús es Dios?

  • ¿Tú has creído que Jesús vino a morir por vos?

  • ¿Tú has creído que Jesús resucitó y está en el cielo intercediendo por vos?

    Si no has creído en Él no dejes pasar más tiempo. Ahora mismo invita a Jesús a tu corazón. No seas como Judas, no desaproveches todas las veces que Jesús te invitó a dejarlo entrar en tu corazón.

Oración:

Querido Padre Dios, gracias porque tantas veces me has hablado y hoy lo vuelves a hacer. Quiero abrir mi corazón al Señor Jesús. Perdona mi pecado y entra en mi corazón como mi Salvador personal. En el nombre del Señor y Salvador Jesús, Amén.