Estas
cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo
tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. San Juan
16:33
Ayer
vimos como Jesús estaba en el festejo de la pascua en el lugar alto
de la casa donde había mandado a Pedro y Juan a preparar. Vimos como
Judas, a pesar de estar tres años viendo que Jesús era Dios y las
maravillas que hacía, no quiso creer. Vimos como Juan, que estaba
sentado junto a Jesús, le preguntó sobre quien le iba a entregar y
Jesús le mostró que era Judas y le dijo que lo que tenía que hacer
lo hiciera pronto. Por eso después de ése momento Judas salió del
lugar dónde estaban.
Pero
cuando
estaban comiendo,
es decir un rato antes de que pasara eso con Judas, el Señor Jesús
les dio a sus discípulos una lección que nunca iban a olvidar. En
Juan 13:1 dice que Jesús amó muchísimo a cada uno de sus
discípulos, contando también a Judas. Dios nos ama a cada uno de
nosotros, pero nosotros decidimos si vamos a amar a Dios o no. Amar a
Dios significa aceptar su perdón y pedirle el perdón que el de amor
nos quiere dar. Ya
vimos que ayer que Judas no lo aceptó, para él fue más fuerte el
dinero que el amor de Jesús.
La
Biblia cuenta que en un momento
Jesús
se levantó de la cena, se quitó el manto de arriba (Generalmente en
ese momento los hombres y las mujeres usaban como una túnica abajo y
un manto arriba) y tomó una toalla y se la ató a la cintura. Puso
agua en una lebrillo. ¿Sabes qué es un lebrillo? Es un recipiente
parecido a una palangana. En ese momento eran de barro cocido, no de
plástico como ahora. Entonces empezó a lavar los pies de los
discípulos. De cada uno. Los de Judas también.
En
ese momento se acostumbraba lavar los pies como símbolo de
bienvenida. Cuando el dueño de casa tenía esclavos, uno de ellos se
encargaba de esa tarea. Pero
si el dueño de casa o el que invitaba a la cena era el que lo hacía
eso significaba que era una persona humilde y que amaba grandemente a
sus invitados.
Jesús
les estaba mostrando que aunque Él era Dios, aunque había sanado a
miles, aunque había hecho ver a los ciegos, caminar a los
paralíticos, caminar sobre el agua, resucitar a muertos, y tantas
cosas más, él venía a cumplir la misión que el Padre Dios había
puesto es sus manos: servir a la humanidad entregando su vida en pago
por cada una de las nuestras.
Fue
lavando uno a uno, pero cuando llegó a Pedro, él se negó. Dijo que
Jesús siendo el Señor no lavaría sus pies. Jesús le dijo que si no
lo lavara no tendría parte con él. Entonces Pedro le pidió que no
sea solo los pies, sino que también las manos y la cabeza. Pero
Jesús le dijo que solo necesitaba lavarse los pies, el resto estaba
limpio.
Lo
que Jesús les quería decir a ellos y a nosotros hoy es que cuando
vamos a él, el nos perdona y limpia de todos nuestros pecados. Pero
después vamos haciendo cosas y nos manchamos de pecados nuevamente y
por eso cada día debemos ir a él. Juan puede decir un tiempo
después, en
1° Juan 1:9,
pues le quedó bien clara la lección que: “Si
confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
Jesús
nos ama tanto que no solo vino a morir por nosotros para darnos vida
eterna, sino que quiere que cada uno podamos pedir de él la limpieza de
nuestro corazón que él solo puede dar. En éstos días usamos mucho
jabón para lavarnos continuamente las manos. También lavandina y
alcohol en gel, todo para enfrentar al virus que quiere infectarnos.
Pero ninguno de esos puede limpiar nuestro corazón, solo Jesús
puede hacerlo y como dice el versículo de éstos días traer a
nuestro corazón PAZ, aunque
pueda haber sufrimiento a nuestro alrededor.
Y
Jesús terminó diciendo, así como yo hice con ustedes, ustedes
tienen que hacer con los demás. Es decir, ser humildes de corazón,
perdonar las ofensas y ayudar a los demás en todo lo que podamos.
¡Un buen desafío para estos días de cuarentena!
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¿Qué
podrías hacer ahora para hacer lo que Jesús nos enseñó hoy?
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias por el Señor Jesús. Gracias porque él mostró
su amor hacia mí en todo momento cuando estuvo en la tierra. Gracias
porque ahora mismo lo quiere demostrar. Te pido que me limpies de
todos los pecados que hice hoy y pueda disfrutar de tu paz. En el nombre
del Señor Jesús, Amén.