Marzo 30

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. San Juan 15:13

El viernes quedamos en el lugar de arriba de esa casa. (El aposento alto). Allí estaba Jesús con sus discípulos celebrando la pascua judía. La semana pasada vimos como Pedro y Juan prepararon todo siguiendo las indicaciones del Señor Jesús con exactitud. Luego vimos que Jesús les lavó los pies a sus discípulos mostrando su humildad y que él había venido a servir. Además les dijo que ellos también tenían que hacer lo mismo con los demás. Después vimos como Judas, uno de los discípulos, ya había arreglado para entregar a Jesús por 30 piezas de plata, el precio de un esclavo.

Hoy seguimos en ese lugar. Para poder entender lo que iba a suceder a continuación, debemos recordar porque se celebraba la pascua cada año. La pascua, recordemos, era acordarse de cuando el pueblo de Israel salió de la esclavitud de Egipto, y eso se llevó a cabo por la última de las diez plagas. Esa última plaga fue la muerte del hijo mayor de cada familia. Seguramente recordás que tenían que pintar, con la sangre de un cordero, el dintel de la puerta, y entonces la muerte pasaría de largo y en esa casa no moriría el primogénito. Todas las casas del pueblo de Israel obedecieron y ningún hijo mayor murió. Pero en Egipto no hacían lo que Dios decía, por eso murió el primer hijo en todas las casas de Egipto, hasta en la del Faraón, que era el rey de Egipto.

Dios le había dicho a Moisés unos días antes que tenía que apartar el día diez de ese mes un cordero. Y Que lo tenían que sacrificar el día 14 y con su sangre debían pintar el marco de la puerta.

El día 10 de ese mismo mes, unos 1500 años después, Jesús entró en Jerusalén y cuando empezaba el día 14 fue cuando se juntó con los discípulos a celebrar la pascua, es decir el día en que se sacrificaba el cordero y se usaba su sangre.

Por eso, en ese mismo momento, Jesús les da a los discípulos una nueva y maravillosa lección. Primero toma el pan. Es importante destacar que ya habían cenado. Pero ahora Jesús toma un pan y lo parte en pedazos y les dice que su cuerpo es como ese pan. Y se los dio y repartió para que cada uno comiese un poco de ese mismo pan. Jesús le estaba enseñando que muy pronto Él iba a entregar su cuerpo para salvar los nuestros, por eso les dice: “Este pan es como mi cuerpo, que por ustedes va a ser entregado, hagan esto siempre en memoria de mi.” Los que creemos en el Señor Jesús cada domingo celebramos lo que llamamos “la cena del Señor” dónde hacemos memoria de los que Jesús hizo por nosotros, muriendo en la cruz. (Algunas religiones la llaman santa misa)

Después Jesús tomó la copa que tenía vino, y dijo: “esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” Eso significa que ya el antiguo pacto no se usaría más (El de entregar un cordero para obtener el perdón de pecados) sino que él mismo iba a derramar su sangre para limpiarnos de nuestros pecados.

Por eso él dejó esos dos símbolos para que podamos recordar lo que Él hizo por nosotros. Jesús fue como el cordero que se sacrificó para que con su sangre en la puerta la muerte pase de largo. Jesús entregó su cuerpo en el lugar de muerte (la cruz) que a cada uno de nosotros nos correspondía como pago de nuestros pecados. Y Él mismo derramó su sangre que nos limpia de todo pecado.

El pan: su cuerpo, el vino: su sangre. Dos cosas muy comunes. El pan era la comida básica de ese momento, y no existían las gaseosas y el agua se sacaba de pozos que la mayoría de veces no era muy potable para tomar. Por eso el vino era mucho más seguro para beber que el agua. (Por supuesto que no tiene nada que ver con el uso indebido del vino que perjudica muchísimo al bebedor y a los que lo rodean)

  • ¿Te acuerdas cada día de lo que Jesús hizo por vos? Cuando comas un poco de pan y veas un poco de vino, recordá que esos son los elementos que Jesús usó para que nosotros no nos olvidemos de todo el sacrificio que hizo por nosotros.

Oración:

Querido Dios Padre, gracias porque el Señor Jesús entregó su cuerpo y derramó su sangre para perdonar todos mis pecados. Ayúdame a nunca olvidar todo lo que hiciste por mi. En el nombre del Señor Jesús, Amén.