Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus
amigos. San Juan 15:13
El viernes quedamos en el lugar de arriba de esa casa. (El aposento alto). Allí estaba Jesús con sus discípulos celebrando la pascua judía. La semana pasada vimos como Pedro y Juan prepararon todo siguiendo las indicaciones del Señor Jesús con exactitud. Luego vimos que Jesús les lavó los pies a sus discípulos mostrando su humildad y que él había venido a servir. Además les dijo que ellos también tenían que hacer lo mismo con los demás. Después vimos como Judas, uno de los discípulos, ya había arreglado para entregar a Jesús por 30 piezas de plata, el precio de un esclavo.
Hoy
seguimos en ese lugar. Para poder entender lo que iba a suceder a
continuación, debemos recordar porque se celebraba la pascua cada
año. La pascua, recordemos, era acordarse de cuando el pueblo de
Israel salió de la esclavitud de Egipto, y eso se llevó a cabo por
la última de las diez plagas. Esa última plaga fue la muerte del
hijo mayor de cada familia. Seguramente recordás que tenían que
pintar, con la sangre de un cordero, el dintel de la puerta, y
entonces la muerte pasaría de largo y en esa casa no moriría el
primogénito. Todas las casas del pueblo de Israel obedecieron y
ningún hijo mayor murió. Pero en Egipto no hacían lo que Dios
decía, por eso murió el primer hijo en todas las casas de Egipto,
hasta en la del Faraón, que era el rey de Egipto.
Dios
le había dicho a Moisés unos días antes que tenía que apartar el
día diez de ese mes un cordero. Y Que lo tenían que sacrificar el
día 14 y con su sangre debían pintar el marco de la puerta.
El
día 10 de ese mismo mes, unos 1500 años después, Jesús entró en
Jerusalén y cuando empezaba el día 14 fue cuando se juntó con los
discípulos a celebrar la pascua, es decir el día en que se
sacrificaba el cordero y se usaba su sangre.
Por
eso, en ese mismo momento, Jesús les da a los discípulos una nueva
y maravillosa lección. Primero toma el pan. Es importante destacar
que ya habían cenado. Pero ahora Jesús toma un pan y lo parte en
pedazos y les dice que su cuerpo es como ese pan. Y se los dio y
repartió para que cada uno comiese un poco de ese mismo pan. Jesús
le estaba enseñando que muy pronto Él iba a entregar su cuerpo para
salvar los nuestros, por eso les dice: “Este pan es como mi cuerpo,
que por ustedes va a ser entregado, hagan esto siempre en memoria de
mi.” Los que creemos en el Señor Jesús cada domingo celebramos lo
que llamamos “la cena del Señor” dónde hacemos memoria de los
que Jesús hizo por nosotros, muriendo en la cruz. (Algunas
religiones la llaman santa misa)
Después
Jesús tomó la copa que tenía vino, y dijo: “esta copa es el
nuevo pacto en mi sangre” Eso significa que ya el antiguo pacto no
se usaría más (El de entregar un cordero para obtener el perdón de
pecados) sino que él mismo iba a derramar su sangre para limpiarnos
de nuestros pecados.
Por
eso él dejó esos dos símbolos para que podamos recordar lo que Él
hizo por nosotros. Jesús fue como el cordero que se sacrificó para
que con su sangre en la puerta la muerte pase de largo. Jesús
entregó su cuerpo en el lugar de muerte (la cruz) que a cada uno de
nosotros nos correspondía como pago de nuestros pecados. Y Él mismo
derramó su sangre que nos limpia de todo pecado.
El
pan: su cuerpo, el vino: su sangre. Dos cosas muy comunes. El pan era
la comida básica de ese momento, y no existían las gaseosas y el
agua se sacaba de pozos que la mayoría de veces no era muy potable
para tomar. Por eso el vino era mucho más seguro para beber que el
agua. (Por supuesto que no tiene nada que ver con el uso indebido del
vino que perjudica muchísimo al bebedor y a los que lo rodean)
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¿Te acuerdas cada día de lo que Jesús hizo por vos? Cuando comas
un poco de pan y veas un poco de vino, recordá que esos son los
elementos que Jesús usó para que nosotros no nos olvidemos de todo
el sacrificio que hizo por nosotros.
Oración:
Querido
Dios Padre, gracias porque el Señor Jesús entregó su cuerpo y
derramó su sangre para perdonar todos mis pecados. Ayúdame a nunca
olvidar todo lo que hiciste por mi. En el nombre del Señor Jesús,
Amén.