Mayo 13

Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. Génesis 39:22

Hola! Ayer estuvimos viendo los sueños del copero y el panadero. Dios le había dado a José la capacidad de interpretar esos sueños cuando eran dados por Dios para comunicar algo a las personas. Ya vimos varios sueños. Los dos de José, ¿Te acordás, de cuando estaba en su casa con sus hermanos? Y ahora los del copero y del panadero.

La historia continúa y dice que pasaron dos años más. Ya habían pasado 13 años de que había sido vendido por sus hermanos. ¡Si! ¡Trece años! Mucho tiempo ¿No? ¡Que paciencia tenia José! Y yo que no veo la hora de poder salir después de 57 días de aislamiento obligatorio. ¿Sabés cuántos días son 13 años? 4748 días. Aquel muchacho de 17 años, ahora era un hombre de 30 años. Justo dos años después el que tuvo un sueño fue el Faraón. Dice que se despertó sobresaltado por lo que había soñado, pero se volvió a dormir. Y cuando se volvió a dormir volvió a soñar con algo muy raro y entonces se despertó aun más sobresaltado. Se levantó y enseguida hizo traer a los sabios de Egipto para que le digan que significaban los sueños, pero ninguno lo pudo interpretar. Entró entonces el copero y cuando vio lo que estaba pasando, se acordó de lo que había vivido en la cárcel. Se acercó al Faraón y le dijo: Hace dos años, cuando usted se enojo conmigo y el jefe de los panaderos y nos metió presos, los dos tuvimos un sueño. Y entonces se lo contamos a un joven esclavo y el nos dijo lo que cada sueño significaba. Y pasó exactamente como él nos dijo.

Entonces Faraón mandó a llamar a José. Y sacaron a José de la cárcel, se afeitó, se cambió de ropa y fue a la presencia del Faraón. Cuando llegó Faraón le contó que había tenido un sueño y nadie podía interpretarlo, pero le habían dicho que él podía interpretar sueños. ¡Si! ¡Trece años esperando ese momento! ¡Por fin llegó! ¡Ahora José podría tener la posibilidad de dejar de ser un esclavo? Seguramente muchos habrían aprovechado la oportunidad para asegurarse la salida de la cárcel. Pero José no habló de él mismo. Así como había servido a Potifar, así como había servido al jefe de la cárcel, así quería servir al Faraón, porque sabía que sirviéndole a ellos estaba sirviendo a Dios, y Dios le estaba dando la oportunidad de servir al hombre más poderoso de ese entonces.

José le respondió al Faraón: No soy yo quien interpreta el sueño, es Dios el que dará respuesta al Faraón. ¿Te diste cuenta? Dos cosas hizo José. Dos cosas mostró de como era él. Primero vemos su humildad. No dijo: mire, yo soy una persona muy capacitada, que puedo interpretar cualquier sueño, porque soy mejor que sus sabios. No, no dijo eso. Dijo: no soy yo quien interpreta. Dejó en claro que él era solo un instrumento en manos de Dios. Para entenderlo pensemos en una guitarra. La dejamos sobre el sillón. ¿Puede la guitarra sola empezar a tocar una hermosa canción? Claro que no. Necesita que la tome uno que sabe y de ella saldrá una melodía preciosa. Lo mismo pasa con nosotros. Cuando somos agrandados somos como al guitarra en el sillón. Pero cuando somos humildes Dios toma nuestras vidas como lo hace un músico experimentado con la guitarra y hace cosas maravillosas.

Pero, en segundo lugar, le dijo que Dios le iba a dar la interpretación del sueño. Estaba totalmente seguro de que Dios podía obrar, de que Dios era el que estaba permitiendo ese momento y que Dios nunca, pero nunca falla. ¡Qué bueno es poder ser humilde y confiar en Dios como lo hacía José!

  • ¿Sos vos humilde? ¿Confiás vos en Dios?

Oración:

Querido Padre Dios, gracias porque tú puedes hacer hermosas cosas en mi vida. Te pido que me ayudes a ser humilde y cada día confiar más en ti. En el nombre del Señor Jesús, Amén.