Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de
todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía
allí, él lo hacía. Génesis 39:22
Hola!
Seguimos, entrando al
último día de ésta semana, con la historia de José. Ayer quedamos
cuando había interpretado los sueños del Faraón. ¿Te acordás lo
que simbolizaban? Los sueños querían decir que iban a venir 7 años
de abundancia y luego 7 años de gran hambre y escasez.
Cuando José terminó de explicarle eso al Faraón, el Faraón no decía nada. Se quedó escuchando con mucha atención, y creo, va, me imagino, que se quedó asombrado de lo que había escuchado y esperando que siga. Pero antes de seguir, te tengo que explicar algo. Los egipcios pensaban que el Faraón era un dios. Ellos adoraban al sol y pensaban que el Faraón era el dios sol, lo llamaban “Ra”. Ellos también pensaban que al Faraón no se lo podía mirar a los ojos, pues creían que si lo hacían sus ojos serían como el calor del sol intenso y los mataría. Por eso generalmente cuando le hablaban miraban hacia abajo, y nadie se atrevía a decirle algo si él no le preguntaba o le daba permiso para hacerlo. Aclarado eso puedo seguir con la historia.
Cuando José
terminó de explicar los sueños siguió hablando. Pero en éste caso
el Faraón no lo hizo callar como siempre hacía, sino que dejó de
siga hablando y lo escuchó con mucha atención. José le empezó a
decir al hombre más poderoso del mundo lo que tenía que hacer.
¿Cómo? ¡No puede ser! ¿Cómo un esclavo, que encima estaba preso,
l
e
va a decir al hombre más poderoso lo que debe hacer?
Alguien
puede pensar que José era un atrevido e irrespetuoso, pero en
realidad no lo fue. ¿Sabés por qué no? Porque José estaba diciendo
lo que Dios iba poniendo en su mente y corazón, y Dios es muchísimo
más poderoso que el hombre más poderoso de toda la tierra. Dios fue
el que había puesto en el sueño de Faraón lo que iba a pasar. Dios
fue el que puso en la mente de José el significado del sueño y Dios
ahora le estaba diciendo lo que tenía que hacer si no quería que
muchísima gente muriese de hambre por los 7 años de hambre que
vendrían.
Le dijo al faraón
que tenía que poner a un hombre como gobernador de todo Egipto y
debajo de él otros gobernadores en cada región de todo Egipto. Algo
así como lo que pasa en nuestro país, que tenemos un presidente
para todo el país y cada provincia tiene un gobernador. ¡José
inventó la forma de autoridades como la que hoy tenemos en nuestro
país! Luego le dijo que durante los 7 años de abundancia se hagan
más sembrados y también se hagan muchos graneros para ir guardando
mucha comida para los años de hambre.
El Faraón
escuchó con atención cada cosa que José le dijo y cuando José
terminó, recién ahí el Faraón habló y dijo que le parecía muy
bien todo lo que José había dicho. Ahora Faraón tenía que dar el
primer paso. El primer paso era poner un gobernador general sobre
todo Egipto. Y… ¿Sabés que dijo Faraón? Dijo: ¿Quién puede ser
la mejor persona para ser el gobernador general sobre todo Egipto?
¿Quién puede ser mejor que este hombre en quién está el espíritu
de Dios? ¡Si! ¡José! Los trece años de esclavitud habían
terminado y José entendió para qué Dios lo estaba preparando
durante todo ese tiempo. Ahora José era el segundo en autoridad en
todo Egipto.
José nos muestra
que Dios siempre permite las cosas con un propósito. Por eso en
estos días muchos dicen: ¿por qué Dios permite que haya una
pandemia de COVID-19 en todo el mundo? Cuando en realidad la pregunta
es: ¿Para qué Dios permite que haya una pandemia de COVID-19 en todo
el mundo? Dios tiene un propósito para vos y para mi en esta
cuarentena. Tenemos que seguir leyendo
los
devocionales de todos los días y orando para poder descubrir, como
lo hizo José, cual es el plan de Dios para tu vida y para la mía.
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¿Te has
preguntado que quiere hacer Dios en tu vida y en la de tu familia en
ésta cuarentena?
Oración:
Querido Dios Padre, gracias por la historia de José. Gracias porque tú lo cuidaste en todo momento y lo preparaste para el lugar que tú sabias que iba a ocupar. Te pido que me ayudes a cada día seguir leyendo de tu Palabra para descubrir lo que tu quieres hacer en mi vida y en la de mi familia. En el nombre del Señor Jesús, Amén.