Mayo 28

Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. Génesis 42:6

Hola! Ya llegamos al jueves. Ayer quedamos cuando José cambió de opinión luego de haber orado a Dios y pensado sobre cual era la mejor forma para actuar, por el bien de todos. Cuando uno se pone a pensar en como actuar tiene que tener en claro cuales son los objetivos que quiere alcanzar. Por ejemplo: si tengo una prueba y mi objetivo es aprobar, tengo que pensar en como lo voy a hacer. Lamentablemente no siempre elegimos la mejor forma, que sería dedicar el tiempo suficiente para estudiar. Muchas veces, como profesor, he tenido que llamar la atención, con mucha tristeza, a algún alumno porque se había copiado o usado un “machete”. Pero que bueno es saber que es una minoría. (No se olviden que todo lo que se siembra…)

José tenía muy claro sus objetivos. El primer objetivo fue saber como estaba su papá. Y ya lo había logrado, y muy rápidamente con solo presionar un poco a sus hermanos. Pero todavía había un objetivo más. José quería saber si sus hermanos mayores trataban bien a su hermano menor Benjamín, o si lo trataban como lo hacían con él. Sabía muy bien que no se lo podía preguntar a ellos, pues no eran para confiar. Entonces empezó a ejecutar éste plan. La primera parte era hacer que Benjamín venga a Egipto. Pero también sabía que debía dejar que sus hermanos lleven suficiente comida para toda la familia que estaba en Canaán.  Entonces, como vimos ayer, decidió mandar a 9 de sus hermanos y dejar preso a uno. 

Cuando José les hizo saber eso a los hermanos, ellos, pensando que José no iba a entender, empezaron a hablar entre ellos. Unos decían: esto nos está pasando porque cuando vendimos a José no escuchamos sus súplicas cuando con angustia nos pedía que no lo vendamos y nosotros no le escuchamos. Por eso ahora nos viene esta angustia a nosotros. (¿Te diste cuenta? Habían pasado más de 20 años pero el cargo de conciencia no los dejaba tranquilos) Rubén entonces habló y les dijo: ¿No les dije yo que no le hicieran daño a José y no me escucharon? Ahora estamos así por eso. 

José cuando escuchó lo que hablaban se fue a un lugar de adentro y se puso a llorar. Cuantas cosas habrán pasado por su corazón y su mente en ese momento. Habrá revivido un poco esa horrible sensación de ser rechazado por su propia familia y ser vendido como una ovejita o cabrito. Pero eso no hizo cambiar su decisión. (Nosotros posiblemente hubiésemos dicho: ¡Ahora van a ver! ¡Van a pagar lo que me hicieron!, pero José tenía en claro sus objetivos y no iba a cambiar para mal)

Entonces después volvió afuera e hizo meter preso a su hermano Simeón, y los hermanos recibieron el grano que habían comprado y luego de que lo cargaron en los asnos empezaron el camino de regreso a su casa en Canaán.

Mañana vamos a seguir viendo que pasó luego, pero hoy quisiera que podamos terminar pensando en lo que nos enseña Dios por medio de José. Hoy hemos visto lo importante de tener en claro los objetivos por el cual hacemos las cosas. Tenemos que ver si lo hacemos por el bien de todos o por egoísmo. En ésto días de cuarentena es muy importante que hagas las cosas por el bien de todos los que están en tu casa. Cuando pensamos egoístamente en solo nosotros, seguramente eso va a traer conflictos, por siempre alguno va a salir perjudicado. Además, cómo José hizo, no debemos imitar las malas acciones de los demás. Posiblemente un hermano tuyo pudo haber actuado mal, pero el objetivo principal en tu vida debe ser poder estar en paz en tu casa, de hecho así lo dice la Biblia, de que debemos tratar de estar en paz con todos. Recordá que José hasta se puso a llorar por lo que sus hermanos le hicieron 20 años antes, pero él decidió hacer bien las cosas y no lo malo que hicieron ellos. 

Quiero terminar hoy, pensando en el Señor Jesús también paso por momentos terribles para poder salvarnos. Él tenía en claro que su objetivo de venir a éste mundo era salvarnos y por eso soportó todo para cumplir con ese objetivo tan difícil pero maravilloso: que vos y yo podamos ser perdonados y tener un lugar en cielo.

  • ¿Qué objetivos tenes para el día de hoy? ¿Qué vas a hacer para lograrlos? Agarrá un papel o una libretita y empezá a poner objetivos como: llevarme bien con mi familia, ayudar a mamá en los quehaceres de la casa, pasar 15 minutos con Dios, etc. Y luego que tendrías que hacer para poder lograrlo. Recordá que podes pedir ayuda al Señor Jesús.

Oremos juntos:

Querido Padre Dios, te queremos agradecer por el plan que has tenido con tu Hijo Jesús para salvarnos. Te queremos pedir que nos ayudes a poder tener objetivos claros para nuestra vida, cada día y poder vivir en paz en nuestros hogares. Te lo pedimos en el nombre del Señor Jesús, Amén.