15 Al
séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a
la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron
vuelta alrededor de ella siete veces. 16 Y cuando los sacerdotes
tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad,
porque Jehová os ha entregado la ciudad. 17 Y será la ciudad
anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente
Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella,
por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. Josué 6:15-17
Hola!
¡Buen jueves! Seguimos en esta semana viendo la semana de la
conquista de Jericó. Vimos como durante seis días, los que llevaban
las armas, los sacerdotes que tocaban las trompetas y llevaban el
arca del pacto,
y
la gente que iba detrás en silencio, daban una vuelta completa
alrededor de los muros de Jericó y volvían al campamento.
Pero
llegó el séptimo día y tuvieron que dar 7 vueltas. Dios estaba
confirmando que el momento del juicio sobre Jericó había llegado y
que el tiempo para poder salvarse se estaba terminando. (También lo
comparamos con lo que paso con el arca que construyó Noé)
Hoy
tenemos al primer versículo que es el mismo de ayer, pero se
agregaron otros dos. Esos otros dos nos cuentan sobre las órdenes
que dio Josué. Ya habían dado seis vueltas cansadoras alrededor de
la ciudad y estaban dando la séptima y última. ¿Y ahora que
pasaría? ¿Cómo sigue todo? Dios estaba esperando ese momento para
que todos pudiesen ver a aquellos habitantes de Jericó que se habían
acercado a él, reconociéndolo como único Dios de sus vidas y
entrando a la casa de Rahab, pero también donde todos iban a ser
testigos de su extraordinario poder.
Josué
estaba en perfecta sintonía con Dios, pues no solo había escuchado
sus órdenes, sino que había obedecido y ejecutado cada una de ellas
de forma y en el momento exacto. ¡Que bueno es cuando estamos
conectados con nuestro Dios y él nos va mostrando el camino correcto
a seguir!! Aunque estemos pasando por tiempos difíciles y nos cueste
tomar buenas decisiones, cuando estamos en contacto con Dios, él
siempre habla a nuestro corazón y nos guía por el buen actuar y
buen camino.
Los
sacerdotes estaban tocando sus bocinas en su séptima vuelta a la
ciudad y se escucha, me imagino yo con una voz increíblemente
potente, la orden de Josué al pueblo, de que había llegado la hora
de dar ese grito de victoria. Josué dice que era el momento de
gritar porque Dios había entregado la ciudad en sus manos. El pueblo
iba a hacer algo porque Dios ya había hecho algo. ¡Es formidable
saber que podemos confiar en un Dios que se preocupa aun de los
pequeños detalles y siempre está atento a hacer las cosas con
anterioridad! Nuestra alma puede verdaderamente descansar en él.
Toda
esa gente había esperado ese momento durante cada día en que habían
caminado fatigosamente todo ese trayecto durante los seis días
anteriores, y ese día las seis vueltas anteriores. El seis en la
Biblia es el número del ser humano. Dios permite que el ser humano
pueda hacer las cosas con las fuerzas que Él nos da para que podamos
ser partícipes de las maravillas que él hace. Pero llega el séptimo
día y la séptima vuelta. ¿Te diste cuenta de todas las veces en
estos días que mencionamos el número siete? El siete en la Biblia
representa la perfección de la obra de Dios. Si bien Dios deja que
nosotros podamos participar de las maravillas que él hace, es Él el
que finalmente las hace perfectas, maravillosas; y que cuando estamos
cerca de Él las podemos contemplary
disfrutar, pero
también
comprender lo grande que es Dios.
Finalmente,
el tercer versículo menciona una palabra no muy conocida: anatema.
Esa palabra significa: maldito. Muchas veces vemos películas sobre
“maldiciones”. Pero hay una que es real, es aquella que ha
entrado en las personas por el pecado. “La paga del pecado es la
muerte” y esa es la maldición que presiona a cada persona, porque
todos somos pecadores. Pero por eso vino Jesús, a cargar sobre sí
nuestra maldición y dejar de ser “maldecidos” para ser
“bendecidos”. Jericó era una ciudad maldecida por sus pecados,
pero dentro de ella había personas que eran benditas por creer en el
poder de Dios.
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Todos
nacemos con esa maldición. ¿Vos ya sos bendito o seguís siendo
maldito? Se que suena fuerte, pero debemos entender que es la
realidad.
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias porque a pesar de que la maldición del pecado me
acompañó
desde mi nacimiento tu me has dado la oportunidad de ser perdonado y
recibir a Jesús y su bendición que es vida eterna. Te pido por
todos los que aun están en maldición y no quieren aceptar su
condición, ayúdales a entender y buscar tu perdón. En el nombre
del Señor Jesús, Amén.