Abril 29

20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron. 22 Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de Rahab , y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis. 23 Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel. 25 Mas Josué salvó la vida a Rahab, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó. Josué 6:20-25

¡Hola! ¡Buen viernes!! Llegamos al último día de la semana escolar pero también al final del último día de esa semana tan especial para el pueblo de Israel. Ya habían dado la vuelta a la ciudad durante seis días, ya estaban dando la séptima vuelta a la ciudad en ese séptimo día y ahora había llegado el momento de hacerse oír. Ya no eran solo las trompetas, sino que también las voces del pueblo de Israel se harían oír.

Como vimos ayer, Josué dio la orden en el momento exacto y el pueblo comenzó a dar fuertes gritos, mientras los sacerdotes tocaban la trompeta final, y ahí Dios actuó con su magnífico poder y los muros, que parecían tan enormes, fuertes e irrompibles, se desplomaron como una montaña de arena. Pero Dios siempre hace las cosas perfectas. Los muros se cayeron para afuera de tal manera que quedaron como si fueran rampas para entrar a la ciudad por todos los costados. Ahí entraron los que llevaban las armas y tomaron la ciudad.

Pero, seguramente te habrás dado cuenta, que la mayoría de los versículos de hoy hacen referencia a Rahab. Todo, o casi todo el muro de Jericó se derrumbó, excepto la parte en donde estaba la casa de Rahab. Seguramente recordarás que la casa de ella estaba justamente sobre el muro. Uno podría mirar las ruinas de aquellas ciudad, pero en medio de esa imagen había algo que podía llamar la atención: una parte elevada que no había sido tocada, de donde colgaba una soga roja.

El pecado hoy nos muestra una imagen de destrucción. Todos los días vemos como la maldad de la gente se manifiesta en guerras, asesinatos, violencia, odio, y muchas cosas más que traen tristeza, inseguridad, dolor. Una imagen similar a la de Jericó. Pero en medio de toda esa cruda realidad, se eleva algo que debe llamar la atención de todos los seres humanos y es ese hilo rojo. Ese hilo que simboliza lo que Jesús hizo por la humanidad. Él no solo entregó su vida en la cruz, en ese lugar elevado, para salvarnos, sino que también derramó su sangre, ese hilo rojo, que nos limpia de todo pecado. Nadie podía dejar de ver ese hilo rojo que colgaba en aquella ventana en Jericó. Hoy nadie puede negar que ese hilo rojo se levantó entre el cielo y la tierra para perdonar y limpiar el corazón que los que creen en Jesús.

Finalmente dice que Rahab y todos los que estaban con ella, fueron llevados seguros al campamento de Israel. Cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, el limpia nuestros pecados para siempre y nos lleva a vivir con su pueblo, su familia, su iglesia, que no es una religión, sino que está compuesta por todos los que le reciben como Salvador personal. El nos aparta a un lugar seguro donde la muerte eterna ya no tiene influencia sobre nosotros.

  • ¿Tu vida está segura en las manos de Dios? ¿Ya formás parte del pueblo que Dios dirige con mano fuerte y llena de amor? Hoy podés decidir ser parte.

Oración:

Querido Padre Dios, gracias porque eres Dios todopoderoso. Gracias porque desde que acepté a Jesús formo parte de tu familia: la iglesia. Gracias porque estoy amparado siempre por tu amor y poder. Ayúdame a nunca olvidar el privilegio que tengo de ser tu hijo/a. En el nombre del Señor Jesús, Amén.