20 Entonces
el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció
que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con
gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la
ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.
22 Mas
Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra:
Entrad en casa de
Rahab
,
y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo
jurasteis. 23 Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su
padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también
sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de
Israel. 25 Mas Josué salvó la vida a Rahab, y a la casa de su
padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los
israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué
había enviado a reconocer a Jericó.
Josué
6:20-25
¡Hola!
¡Buen viernes!! Llegamos al último día de la semana escolar pero
también al final del último día de esa semana tan especial para el
pueblo de Israel. Ya habían dado la vuelta a la ciudad durante seis
días, ya estaban dando la séptima vuelta a la ciudad en
ese
séptimo día y ahora había llegado el momento de hacerse oír. Ya
no
eran
solo las trompetas, sino que también las voces del pueblo de Israel
se harían oír.
Como
vimos ayer, Josué dio la orden en el momento exacto y el pueblo
comenzó a dar fuertes gritos, mientras los sacerdotes tocaban la
trompeta final, y ahí Dios actuó con su magnífico poder y los
muros, que parecían tan enormes, fuertes e irrompibles, se
desplomaron como una montaña de arena. Pero Dios siempre hace las
cosas perfectas. Los muros se cayeron para afuera de tal manera que
quedaron como si fueran rampas para entrar a la ciudad por todos los
costados. Ahí entraron los que llevaban las armas y tomaron la
ciudad.
Pero,
seguramente te habrás dado cuenta, que la mayoría de los versículos
de hoy hacen referencia a Rahab. Todo, o casi todo el muro de Jericó
se derrumbó, excepto la parte en donde estaba la casa de Rahab.
Seguramente recordarás que la casa de ella estaba justamente sobre
el muro. Uno podría mirar las ruinas de aquellas ciudad, pero en
medio de esa imagen había
algo que podía llamar la atención: una parte elevada que no había
sido tocada, de donde colgaba una soga roja.
El
pecado hoy nos muestra una imagen de destrucción. Todos los días
vemos como la maldad de la gente se manifiesta en guerras,
asesinatos, violencia, odio, y muchas cosas más que traen tristeza,
inseguridad, dolor. Una imagen similar a la de Jericó. Pero en medio
de toda esa cruda realidad, se eleva algo que debe llamar la atención
de todos los seres humanos y es ese hilo rojo. Ese hilo que simboliza
lo que Jesús hizo por la humanidad. Él no solo entregó su vida en
la cruz, en ese lugar elevado, para salvarnos, sino que también
derramó su sangre, ese hilo rojo, que nos limpia de todo pecado.
Nadie podía dejar de ver ese hilo rojo que colgaba en aquella
ventana en Jericó. Hoy nadie puede negar que ese hilo rojo se
levantó entre el cielo y la tierra para perdonar y limpiar el
corazón que los que creen en Jesús.
Finalmente
dice que Rahab y todos los que estaban con ella, fueron llevados
seguros al campamento de Israel. Cuando recibimos a Jesús como
nuestro Salvador, el limpia nuestros pecados para siempre y nos lleva
a vivir con su pueblo, su
familia,
su iglesia, que no es una religión, sino que está compuesta por
todos los que le reciben como Salvador personal. El nos aparta a un
lugar seguro donde la muerte eterna ya no tiene influencia sobre
nosotros.
-
¿Tu
vida está segura en las manos de Dios? ¿Ya formás parte del
pueblo que Dios dirige con mano fuerte y llena de amor? Hoy podés
decidir ser parte.
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias porque eres Dios todopoderoso. Gracias porque
desde que acepté a Jesús formo parte de tu familia: la iglesia.
Gracias porque estoy amparado siempre por tu amor y poder. Ayúdame a
nunca olvidar el privilegio que tengo de ser tu hijo/a. En el nombre
del Señor Jesús, Amén.