7 Entonces
Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte
delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como
estuve con Moisés, así estaré contigo. 8 Tú, pues, mandarás
a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando
hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el
Jordán. 9 Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y
escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios. Josué 3:7-9
Hola!
Muy buen viernes!! En estos días hemos estado viendo como el pueblo
de Israel se preparaba para cruzar el río Jordán. Ayer leímos
sobre como Dios animó y recompensó a Josué por su obediencia y
dedicación en cumplir Su Palabra. Le dijo que engrandecería su
nombre delante de todo el pueblo, pero también que todos notarían
que Dios estaba con él. Le dijo también que así como notaron que
Dios estaba con Moisés, ahora lo notarían con Josué. En la
historia pasada, vemos muchas veces que cuando el pueblo tenía
problemas no le pedían a Dios directamente, sino que iban a Moisés
y le pedían que interceda por el pueblo pidiendo que Dios los ayude.
Y entonces Moisés oraba a Dios y Dios obraba. Todo el pueblo fue
testigo de como Dios escuchaba y contestaba lo que Moisés le pedía;
todos fueron testigos de como Dios estaba con Moisés.
Ahora,
entonces, lo mismo pasaría con Josué. Pero… ¿cómo y cuándo
empezaría eso? En ese momento el río Jordán estaba desbordado. Eso
significa que corría en él más agua de lo habitual. La cosa estaba
más difícil de lo que habían pensado, pues significaba que la
corriente era más fuerte y más profunda. Pero Josué, mirando como
el río estaba desbordado, no fijó su atención en eso, sino en la
promesa de Dios, y mandó a los levitas que llevaban el arca del
pacto que se metieran en el agua. Imaginate por un instante un río
bastante caudaloso, que ahora estaba desbordado con mayor fuerza y
profundidad y te pide que te metas llevando ese peso.
Pero
Dios le había dicho que cuando
entren,
pararéis en el Jordán. Cuando leemos esa frase del versículo
nos imaginamos que lo que Dios quiere decir es que se paren en el
río. Pensamos
en que debían pararse y quedarse quietos por alguna razón. Pero
había otro mensaje en esas mismas palabras. Lo que Dios le decía
también a Josué es que cuando los levitas pisen agua del Jordán,
las aguas que vienen de arriba del cause se detendrán, pararán de
correr y se hará un montón, una pared de agua que frenará la
fuerza del agua. “Dios haría maravillas”. Excepto
Josué y Caleb, nadie más había estado cuando las aguas del mar
Rojo se abrieron para dejar pasar en seco a todo el pueblo que salía
de la esclavitud de Egipto, pero
ahora cada uno podría vivir la maravilla que Dios iba a hacer.
Ninguno
de nosotros hemos estado cuando Dios hizo la maravilla de la
creación, pero hoy podemos disfrutar de ella, aunque la hayamos
deteriorado tanto en éstos 60 siglos. Ninguno de nosotros pudo estar
cuando la maravilla del amor de Dios se
expuso
en esa cruz donde Jesús murió por cada uno de nosotros, pero hoy si
podemos disfrutar del fruto de ese momento: el poder recibir a Jesús
en nuestro corazón y tener vida eterna.
Ambos
cruces, el del mar Rojo y el río Jordán, nos dan la idea de los dos
momentos más importantes en la vida de una persona, que Dios aún
ofrece a toda la humanidad. El cruce del mar Rojo nos hace pensar en
el momento que recibimos a Jesús y el nos saca de la esclavitud para
empezar un nuevo camino hacia la tierra prometida. El cruce del río
Jordán nos hace pensar en el momento en que dejaremos ésta tierra y
Dios detendrá la acechanza de la muerte para que entremos al lugar
que el mismo Señor Jesús ha prometido, que él mismo prepara para
cada uno en el cielo para que estemos junto a él, para siempre en
paz y felicidad.
Por
eso los versículos de hoy terminan: Acercaos,
y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios. En
éste mismo instante,
dejemos
de pensar en todo lo demás y concentrémonos en lo que Dios nos
dice: “acerquémonos a Él”. Por medio de Jesús podemos llegar a
Dios. Y también dice: escuchad la palabras de Jehová. Otra vez Dios
está llamando a la puerta de tu corazón. Dios desea que puedas
salir de la esclavitud de tus pecados y dar libertad a tu alma. Dios
desea que hoy puedas estar totalmente seguro que cuando dejes este
mundo, él va a estar separando las aguas de muerte para que entres a
la “tierra prometida del cielo”. Pero para eso debes acercarte a
él y escucharle.
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Ahora
es el momento de decidir… ¿Vas a seguir haciendo la tuya, aunque
estés esclavo de tus actos o vas a cruzar el mar con Jesús? Hoy tu
puedes tomar la mejor decisión de tu existencia.
Oración:
Querido
Dios Padre, gracias porque tus nos ofreces libertad. Yo se que tú
nos creaste perfectos, pero que nosotros nos apartamos de ti. Gracias
porque aún así, tú
nos viniste a buscar en Jesús. Ayúdanos a entender esa verdad tan
maravillosa. Ayúdame a estar siempre cerca tuyo y escuchar tus
consejos de vida. En el nombre del Señor Jesús, Amén.