Abril 8

7 Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. 8 Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. 9 Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios. Josué 3:7-9

Hola! Muy buen viernes!! En estos días hemos estado viendo como el pueblo de Israel se preparaba para cruzar el río Jordán. Ayer leímos sobre como Dios animó y recompensó a Josué por su obediencia y dedicación en cumplir Su Palabra. Le dijo que engrandecería su nombre delante de todo el pueblo, pero también que todos notarían que Dios estaba con él. Le dijo también que así como notaron que Dios estaba con Moisés, ahora lo notarían con Josué. En la historia pasada, vemos muchas veces que cuando el pueblo tenía problemas no le pedían a Dios directamente, sino que iban a Moisés y le pedían que interceda por el pueblo pidiendo que Dios los ayude. Y entonces Moisés oraba a Dios y Dios obraba. Todo el pueblo fue testigo de como Dios escuchaba y contestaba lo que Moisés le pedía; todos fueron testigos de como Dios estaba con Moisés.

Ahora, entonces, lo mismo pasaría con Josué. Pero… ¿cómo y cuándo empezaría eso? En ese momento el río Jordán estaba desbordado. Eso significa que corría en él más agua de lo habitual. La cosa estaba más difícil de lo que habían pensado, pues significaba que la corriente era más fuerte y más profunda. Pero Josué, mirando como el río estaba desbordado, no fijó su atención en eso, sino en la promesa de Dios, y mandó a los levitas que llevaban el arca del pacto que se metieran en el agua. Imaginate por un instante un río bastante caudaloso, que ahora estaba desbordado con mayor fuerza y profundidad y te pide que te metas llevando ese peso.

Pero Dios le había dicho que cuando entren, pararéis en el Jordán. Cuando leemos esa frase del versículo nos imaginamos que lo que Dios quiere decir es que se paren en el río. Pensamos en que debían pararse y quedarse quietos por alguna razón. Pero había otro mensaje en esas mismas palabras. Lo que Dios le decía también a Josué es que cuando los levitas pisen agua del Jordán, las aguas que vienen de arriba del cause se detendrán, pararán de correr y se hará un montón, una pared de agua que frenará la fuerza del agua. “Dios haría maravillas”. Excepto Josué y Caleb, nadie más había estado cuando las aguas del mar Rojo se abrieron para dejar pasar en seco a todo el pueblo que salía de la esclavitud de Egipto, pero ahora cada uno podría vivir la maravilla que Dios iba a hacer.

Ninguno de nosotros hemos estado cuando Dios hizo la maravilla de la creación, pero hoy podemos disfrutar de ella, aunque la hayamos deteriorado tanto en éstos 60 siglos. Ninguno de nosotros pudo estar cuando la maravilla del amor de Dios se expuso en esa cruz donde Jesús murió por cada uno de nosotros, pero hoy si podemos disfrutar del fruto de ese momento: el poder recibir a Jesús en nuestro corazón y tener vida eterna.

Ambos cruces, el del mar Rojo y el río Jordán, nos dan la idea de los dos momentos más importantes en la vida de una persona, que Dios aún ofrece a toda la humanidad. El cruce del mar Rojo nos hace pensar en el momento que recibimos a Jesús y el nos saca de la esclavitud para empezar un nuevo camino hacia la tierra prometida. El cruce del río Jordán nos hace pensar en el momento en que dejaremos ésta tierra y Dios detendrá la acechanza de la muerte para que entremos al lugar que el mismo Señor Jesús ha prometido, que él mismo prepara para cada uno en el cielo para que estemos junto a él, para siempre en paz y felicidad.

Por eso los versículos de hoy terminan: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios. En éste mismo instante, dejemos de pensar en todo lo demás y concentrémonos en lo que Dios nos dice: “acerquémonos a Él”. Por medio de Jesús podemos llegar a Dios. Y también dice: escuchad la palabras de Jehová. Otra vez Dios está llamando a la puerta de tu corazón. Dios desea que puedas salir de la esclavitud de tus pecados y dar libertad a tu alma. Dios desea que hoy puedas estar totalmente seguro que cuando dejes este mundo, él va a estar separando las aguas de muerte para que entres a la “tierra prometida del cielo”. Pero para eso debes acercarte a él y escucharle.

  • Ahora es el momento de decidir… ¿Vas a seguir haciendo la tuya, aunque estés esclavo de tus actos o vas a cruzar el mar con Jesús? Hoy tu puedes tomar la mejor decisión de tu existencia.

Oración:

Querido Dios Padre, gracias porque tus nos ofreces libertad. Yo se que tú nos creaste perfectos, pero que nosotros nos apartamos de ti. Gracias porque aún así, tú nos viniste a buscar en Jesús. Ayúdanos a entender esa verdad tan maravillosa. Ayúdame a estar siempre cerca tuyo y escuchar tus consejos de vida. En el nombre del Señor Jesús, Amén.