6
Y
los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de
Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés,
varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti.
7
Yo
era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me
envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias
como lo sentía en mi corazón.
8
Y
mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el
corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios.
Josué
14:6-8
Hola!
Buen miércoles! Bienvenidos a junio!! Empezamos un nuevo mes
calendario y con el viene el desafío de arrancar con el deseo de
poder aprender más de cada área escolar pero también de la Palabra
de Dios.
En
éstos días estamos viendo como Josué, siguiendo las indicaciones
que Dios había dado a Moisés, fue repartiendo la tierra prometida a
cada una de las 12 tribus, si bien ya Moisés lo había hecho con dos
tribus y media del otro lado del Jordán. A lo largo de éste año
Josué ocupó el lugar principal, pues no es porque él sea quien va
escribiendo la historia, sino porque Dios así lo había querido y lo
había elegido.
Josué
era una de las dos personas de mayor edad que había en Israel. ¿Cómo
sabemos eso? En la Biblia encontramos el relato sobre unas cosas que
habían sucedido 45 años atrás, que justamente están en los
versículos de hoy. Pero Josué era uno de los dos, ¿Quién era la
otra persona? Como leímos también en los versículos de hoy esa
persona fue Caleb.
45
años antes, ocurrió que el pueblo de Israel había salido de
Egipto y cruzado el mar Rojo, como ya hemos visto muchas veces. Pocas
semanas después habían llegado a la parte sur de la tierra
prometida. Moisés tomó un representante de cada una de las 12
tribus y los mandó como espías a ver que pasaba en Canaán. A los
pocos días los doce volvieron, pero aunque fueron por los mismos
lugares, las opiniones de ellos eran diferentes. 10 dijeron que era
una tierra muy habitada, con ciudades muy fuertes y que sus
habitantes eran muy fuertes y enormes. Ellos mismos dijeron que se
sintieron como langostas
.
Pero
Caleb y Josué, si bien vieron lo mismo, fijaron su mirada en la
tierra, que era lo que realmente les pertenecía. Dijeron que la
tierra era hermosa, que el fruto que ella daba era maravilloso, y que
si bien había ciudades grandes y fuertes soldados, eso no era
problema, pues Dios está con nosotros.
El
pueblo quiso levantarse en contra de Caleb, Josué y Moisés. Era el
momento para entrar a la tierra prometida pero el pueblo no quiso y
se reveló. Moisés logró tranquilizarlos, digamos de alguna manera,
y ahí entonces comenzó la larga caminata que duraría 40 años de
bagar por el desierto.
Todos
los que tenían más de 20 años en ese momento, fueron muriendo a lo
largo de los 40 años en el desierto, excepto… Caleb y Josué. Por
eso ambos eran los más ancianos de Israel.
Caleb
ahorá tenía 85 años de edad, pero había quedado muy claramente lo
que había en su corazón a los 40. 45 años después viene ante
Josué y puede, cabeza en alto, poder decir lo que hubo y hay en su
corazón. Allí había una fe sincera en Dios y una tranquilidad de
haber dejado que Dios guie su mirada y observar las cosas con
claridad y no con temor como hicieron los otros 10. Josué tuvo que
soportar, por culpa de los otros, 40 años en el desierto, pero aún
estaba fuerte para poder llevar a cabo lo que había sentido que
debía decir y hacer 45 años antes.
¿Qué
hay hoy en tu corazón? ¿Está la fe sincera en Dios y la
tranquilidad de que lo que estás haciendo es lo correcto?
-
Hoy
empezamos un nuevo mes. Es un buen momento para poner tu fe en forma
sincera en Dios y a vivir tranquilo haciendo las cosas a la forma de
Dios, y no a la forma nuestra. Otra vez… vos decidís.
Oración:
Querido
Dios Padre, gracias porque otra vez me das la posibilidad de decidir.
Tengo que reconocerte que muchas veces pensé en esto pero nunca me
decidí. Muchas veces me llamaste a tener una fe sincera en ti, pero
no presté mucha atención. Pero hoy quiero que me ayudes a hacerlo y
poder empezar éste nuevo mes poniendo toda mi fe en ti para que me
ayudes a poder vivir tranquilo pensando que todas mis decisiones
serán para bien. En el nombre del Señor Jesús, Amén.