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y
ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años.
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Todavía
estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi
fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir
y para entrar.12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló
Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos
están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá
Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.
Josué
14:
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-1
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Hola!
Buen viernes! En estos últimos días estuvimos hablando de… Caleb.
Vimos como a pesar de se
r
muy ma
y
or
fue ante Josué y le pidió que le permitiera ir a ese monte a quitar
a todo
s
los que estaban usurpando esa parte de la tierra prometida y así
poder tomar la promesa que Dios le había dado.
También
vimos ayer que Caleb tenía una inmensa fe, dedicación, fortaleza y
valentía. Creo que e
se
debe ser el modelo de la persona ideal que cada uno de nosotros
podemos ser, contando con la ayuda de Dios en todo.
Hoy
les invito a terminar ésta semana pensando en la frase de Caleb:
“
hoy
soy de 85 años, y todavía estoy tan fuerte como a los 40, tal es
ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y entrar.”
Lo
primero es poder pensar en que no importa la edad para que Dios la
pueda usar para cosas grandes. ¿Te acordás de ese niño pequeño
que tenía 5 panes y dos peces? ¿Qué
pasó
con esas poquitas cosas cuando las entregó todas a Jesús?…
¡Comieron más de 15.000 personas!! ¡Eso es hacer las cosas a lo
grande!! Y una persona de 85 también puede hacer cosas grandes para
Dios, como una de 12 o 17 años. Lo importante no es la edad, sino la
disposición del corazón, como tuvo aquel niño que entregó todo a
Jesús o como Caleb.
Lo
segundo es que Dios puede dar esa fuerza interior en nuestros mejores
momentos pero también en los momentos difíciles, que es
en
realidad donde más lo necesitamos. Jesús cuando estaba con la gente
mostró su fuerza interior en sanar todo tipo de enfermedad, levantar
a todo tipo de
caídos
y hasta resucitar a muertos; y disfrutar de todos esos momentos de
gratitud y felicidad de esa gente. Pero también tuvo esa fortaleza
al llevar la cruz por vos y por mi,
si
b
i
en
el
p
eso
no era el de esa pesada madera, sino el peso de cada uno de nuestros
pecados. Y tuvo la fortaleza de soportar cuando nuestros pecados
traspasaron sus manos, pies y costado.
Y
aún tuvo la fortaleza de vencer a la muerte y levantarse de entre
los muertos. No olvides que esa fuerza interior no es algo que vos y
yo podemos alcanzar por nuestro esfuerzo o concentración, sino que
es el Espíritu de Dios que entra en nuestras vidas cuando recibimos
a Jesús como nuestro Salvador.
Lo
tercero y último es “tomar ese monte”. En la Biblia el monte es
un símbolo de seguridad, pues el está constituido por suelo rocoso,
duro, firme. Por eso Jesús dijo que todo el que escucha sus palabras
y las hace es como una persona que hizo su cas
a
sobre la roca y nada la puede derribar. Pero pobre el que la hace
sobre la arena, pues solo le espera destrucción tarde o temprano.
Por supuesto que hacer algo en la montaña es más costoso que
hacerlo en el llano, donde la mayoría lo hace. A eso estaba
dispuesto Caleb, porque pensó en Dios, en su familia y en sí mismo.
En Dios, de que sabía
d
e
que era su promesa y que lo iba a ayudar en todo, en su familia,
porque él podía
ser
de bendición para ella y
dejarle una herencia maravillosa y en si mismo, porque a
l
poder volver a experimentar el poder de Dios obrando en su vida y a
través de su vida.
En
resumen: No importa tu edad, sino
la
disposición de tu corazón. Dios quiere dar a tu vida esa fuerza
sobrenatural para enfrentar las guerras y desafíos que puedan venir,
pero esa fuerza está en el Espíritu de Dios que entra en nuestras
vidas cuando recibimos a Jesús como Salvador. Y por último, Dios
quiere darte ese monte, para que construyas tu vida sobre la roca que
es Jesús.
-
O
tra
vez… tu decides. ¡Hoy puedes obtener esas tres cosas! ¡Hoy
puedes experimentar lo que vivió Caleb! Además… desde el monte
podrás ver las cosas de otra manera, desde arriba, como Dios te ve
y te espera.
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias porque tú me ofreces una oferta imperdible. Me
ofreces la salvación de mi alma, tener una fuerza sobrenatural en mi
vida y poder construir mi vida sobre la roca que es Jesús, y solo me
pides mi corazón. Por eso querido Padre te quiero dar mi corazón
ahora mismo y no dejar pasar más tiempo;... y si quieres ahora mismo
dame ese monte. En el nombre del Señor Jesús, Amén.