Junio 3

10 … y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años.  11  Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué 14: 10 -1 2

Hola! Buen viernes! En estos últimos días estuvimos hablando de… Caleb. Vimos como a pesar de se r muy ma y or fue ante Josué y le pidió que le permitiera ir a ese monte a quitar a todo s los que estaban usurpando esa parte de la tierra prometida y así poder tomar la promesa que Dios le había dado. También vimos ayer que Caleb tenía una inmensa fe, dedicación, fortaleza y valentía. Creo que e se debe ser el modelo de la persona ideal que cada uno de nosotros podemos ser, contando con la ayuda de Dios en todo.

Hoy les invito a terminar ésta semana pensando en la frase de Caleb: “ hoy soy de 85 años, y todavía estoy tan fuerte como a los 40, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y entrar.”

Lo primero es poder pensar en que no importa la edad para que Dios la pueda usar para cosas grandes. ¿Te acordás de ese niño pequeño que tenía 5 panes y dos peces? ¿Qué pasó con esas poquitas cosas cuando las entregó todas a Jesús?… ¡Comieron más de 15.000 personas!! ¡Eso es hacer las cosas a lo grande!! Y una persona de 85 también puede hacer cosas grandes para Dios, como una de 12 o 17 años. Lo importante no es la edad, sino la disposición del corazón, como tuvo aquel niño que entregó todo a Jesús o como Caleb.

Lo segundo es que Dios puede dar esa fuerza interior en nuestros mejores momentos pero también en los momentos difíciles, que es en realidad donde más lo necesitamos. Jesús cuando estaba con la gente mostró su fuerza interior en sanar todo tipo de enfermedad, levantar a todo tipo de caídos y hasta resucitar a muertos; y disfrutar de todos esos momentos de gratitud y felicidad de esa gente. Pero también tuvo esa fortaleza al llevar la cruz por vos y por mi, si b i en el p eso no era el de esa pesada madera, sino el peso de cada uno de nuestros pecados. Y tuvo la fortaleza de soportar cuando nuestros pecados traspasaron sus manos, pies y costado. Y aún tuvo la fortaleza de vencer a la muerte y levantarse de entre los muertos. No olvides que esa fuerza interior no es algo que vos y yo podemos alcanzar por nuestro esfuerzo o concentración, sino que es el Espíritu de Dios que entra en nuestras vidas cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador.

Lo tercero y último es “tomar ese monte”. En la Biblia el monte es un símbolo de seguridad, pues el está constituido por suelo rocoso, duro, firme. Por eso Jesús dijo que todo el que escucha sus palabras y las hace es como una persona que hizo su cas a sobre la roca y nada la puede derribar. Pero pobre el que la hace sobre la arena, pues solo le espera destrucción tarde o temprano. Por supuesto que hacer algo en la montaña es más costoso que hacerlo en el llano, donde la mayoría lo hace. A eso estaba dispuesto Caleb, porque pensó en Dios, en su familia y en sí mismo. En Dios, de que sabía d e que era su promesa y que lo iba a ayudar en todo, en su familia, porque él podía ser de bendición para ella y dejarle una herencia maravillosa y en si mismo, porque a l poder volver a experimentar el poder de Dios obrando en su vida y a través de su vida.

En resumen: No importa tu edad, sino la disposición de tu corazón. Dios quiere dar a tu vida esa fuerza sobrenatural para enfrentar las guerras y desafíos que puedan venir, pero esa fuerza está en el Espíritu de Dios que entra en nuestras vidas cuando recibimos a Jesús como Salvador. Y por último, Dios quiere darte ese monte, para que construyas tu vida sobre la roca que es Jesús.

  • O tra vez… tu decides. ¡Hoy puedes obtener esas tres cosas! ¡Hoy puedes experimentar lo que vivió Caleb! Además… desde el monte podrás ver las cosas de otra manera, desde arriba, como Dios te ve y te espera.

Oración:

Querido Padre Dios, gracias porque tú me ofreces una oferta imperdible. Me ofreces la salvación de mi alma, tener una fuerza sobrenatural en mi vida y poder construir mi vida sobre la roca que es Jesús, y solo me pides mi corazón. Por eso querido Padre te quiero dar mi corazón ahora mismo y no dejar pasar más tiempo;... y si quieres ahora mismo dame ese monte. En el nombre del Señor Jesús, Amén.