Marzo 22

16 Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. 17 De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. 18 Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente. Josue 1:16-18
Hola! Buen martes!. Ayer comenzamos la semana con éstos mismos versículos que nos cuentan la respuesta que los oficiales de las tribus le dieron a Josué. Vimos que hicieron caso, pero que en realidad no eran obedientes. Nos plantemos que era lo que nos lleva a obedecer y al final la pregunta fue: ¿por qué nos cuesta tanto obedecer?. Una de las cosas que ya tienen que ir quedando grabadas en nuestra mente y en nuestro corazón, es que tenemos que aprender a “saber escuchar”, no solo oír a la ligera.
Es muy importante que se respete nuestro derecho a hablar, pero siempre para poder expresarnos
mejor y poder transmitir lo que pensamos de la mejor manera, es muy importante primero “saber
escuchar”.
Ayer también, al final, vimos la frase: “tu Dios”. Ellos sabían quién era Dios y todas las cosas
maravillosas que él había hecho con el pueblo, a pesar del que el pueblo vivía desobedeciendo a
Dios, y aún así no hablaban de Dios como su Dios, sino el de Josué.
La mayoría de ustedes han escuchado de ese mismo Dios desde los 3 o 4 años, y posiblemente estén pensando como aquellos oficiales. Escuchaste que ese Dios no es un Dios creado por mentes
humanas, sino que es el creador de la mente humana. Escuchaste un montón de historias que muestran que todos los que confiaron en él obtuvieron victorias y fueron derrotados los que no lo
hicieron. Escuchaste que nos amó de tal manera que vino a entregar su vida por cada uno de
nosotros, para que alcancemos el perdón de nuestros pecados y la salvación eterna. Es decir….
Tenés muy a mano mucho conocimiento en cuanto a la persona de Dios, pero posiblemente no lo experimentaste personalmente. Es como que viste una película y no lo viviste en carne propia.
Aquellos “jóvenes” oficiales, no habían vivido las experiencias extraordinarias que el experimentado Josué y Caleb sí habían disfrutado. Por eso ahora Dios deseaba que ellos pudieran comprobar quién era Él, pero para eso hay que creer.
Mucha veces compartimos motivos de oración cuando algo nos preocupa, ¿pero creemos realmente
que Dios nos puede ayudar? ¿estamos dispuestos a recibir su voluntad? Muchas otras escuchamos como se le echa la culpa a Dios de las cosas malas que pasan ¿no sabemos que en Dios no hay mal?
¿no sabemos que Dios ha dado al ser humano la autoridad de decidir por sí mismo? ¿No hemos visto como desde el principio el ser humano eligió mal? ¿No hemos visto como cada día el creador  del universo trata de llegar a nosotros de diferentes formas y no lo escuchamos? ¿no seguimos  muchas veces siendo caprichosos como aquel pueblo que le dio la espalda a Dios y estuvo 40 años  dando vuelta en el desierto? Ya sé. Son demasiadas preguntas.
Pero la historia vuelve a repetirse en el ser humano. ¿Sabes lo que pienso? Te lo voy a tratar de
decir de la mejor manera: creo que todos los seres humanos sabemos que ese Dios existe, aunque
tratemos de negarlo. Muchos han dedicado su vida a investigar y encontrar la forma científica de
demostrar que Dios no existe, y ellos mismos han tenido que reconocer que estaban equivocados. Y como en nuestro interior sabemos que Dios realmente existe, nos creemos que “yo sigo haciendo la
mía”, total cualquier cosa voy a Dios y listo, y no nos damos cuenta que cada vez nuestros
pensamientos y actos nos alejan cada vez más y más de Dios. Y nuestra vida se llena de tristeza, de
dudas, de montañas que creemos que podremos superar, pero solo nos hacen retroceder y seguir
perdiendo tiempo.
Así estaban esos oficiales que no estaban entendiendo que ellos pertenecían al pueblo elegido de
Dios, pues Dios no había elegido solo a Josué. Si hoy vos estás escuchando o leyendo éstas
palabras, es porque Dios te eligió, como me eligió a mi. ¿Por qué? Porque nos ama. No puedo
encontrar otro motivo.
• Ahora mismo pedile a Jesús que perdone tus pecados y sea tu salvador personal, y sea “tu
Dios”
Oración: Querido Padre Dios, gracias porque me elegiste y deseas ser “mi Dios”. No se como
agradecerte eso, pero te entrego todo mi corazón. Ayúdame a confiar en ti. En el nombre del Señor Jesús, Amén.