8 Antes
que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo: 9 Sé
que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha
caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han
desmayado por causa de vosotros. 10 Porque hemos oído que
Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando
salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los
amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los
cuales habéis destruido. Josué 2:8-10
Hola!
Buen principio de semana!! Comenzamos la última semana de marzo. El
viernes pasado empezamos con el capítulo 2 de Josué, donde nos
cuenta que mandó 2 espías a ver la tierra prometida e ir a una
ciudad que se llamaba Jericó. Esos espías fueron a la casa de una
mujer llamada Rahab. Ella los escondió sobre el techo de su casa que
estaba sobre el muro de esa ciudad. El viernes también vimos que el
rey de Jericó mandó a decirle a Rahab que saque a esos dos hombres
que eran espías y ella dijo que se habían ido.
Luego de eso el rey cerró la puerta de la ciudad y mandó a buscar por los caminos a los dos espías, pero, por supuesto no los encontraron, pues ellos estaban escondidos en el techo de la casa de Rahab. Después de que el rey empezó a buscar a los dos espías, Rahab se subió al techo y fue a hablar con los espías.
En sus
palabras podemos darnos cuenta porque los había escondido. Lo
primero que les dice es: sé. No sabemos la forma en la que se
enteró, pero ella sabía, y sabía muy bien varias cosas. Acá vemos
lo importante que es saber, conocer, informarse. Tal vez no tanto lo
que dicen los medios de comunicación, pero si lo que dice Dios
y lo que dice la gente de Dios. Después dice: sé que Jehová.
Ella tenía bien en claro de que Dios hablaba. No era uno de esos
dioses, con minúscula, que abundaban en aquella región, sino del
Dios creador de los cielos y la tierra, del Dios que existió siempre
por sí mismo y existirá para siempre jamás, por eso se llama
Jehová: “Yo Soy”.
Y en
tercer lugar dice: sé que Jehová os ha dado ésta tierra. Repito:
no sé de donde había sacado la información, pero estaba totalmente
en lo correcto. Sabía las cosas como si fuera integrante del pueblo
de Israel, es más, posiblemente mejor que algunos del pueblo de
Israel. No habló de una posibilidad, sino de algo que sí o sí iba
a acontecer. Hablaba con total seguridad y también afirmó que
mucha gente de Jericó sabía lo mismo. Además, continuó hablando,
sabía que había sucedido 40 años atrás cuando Dios los sacó de
Egipto abriendo en dos el mar Rojo. Aún hoy muchos especulan de como
el pueblo de Israel cruzó ese mar, buscando acontecimientos
naturales que puedan haber hecho que el mar se abriera. Pero Rahab no
se dejó llevar por eso, sino que creía que Dios era lo
suficientemente poderoso para hacer que un pueblo de más de 2
millones de persones pasaran en seco por el piso del mar Rojo y que
podía hacer que todos los moradores de esa tierra sean echados.
Rahab
era una persona con pecado como todos nosotros, pero en medio de su
situación comprendió que su vida estaba en peligro, pues no
pertenecía al pueblo amparado por Dios. No se trata de herencia
humana ni sangre, sino se trata de fe. La Biblia nos enseña que
cuando creemos en Dios, le pedimos perdón al Señor Jesús y lo
recibimos como nuestro salvador personal, a partir de ese momento
pasamos a formar parte del pueblo amparado por Dios. No tuve que
nacer en un lugar privilegiado de la tierra, sino que tengo que nacer
espiritualmente creyendo en Jesús. No tengo que ser hijo de una
persona creyente o practicar una religión para ser parte del pueblo
de Dios, sino que debo recibir a Jesús en mi corazón y paso a ser
un hijo de Dios.
Rahab
entendió cual era su problema y su necesidad, y actuó buscando la
salida. ¿Nos damos cuenta cuál es el problema en nuestra vida? ¿Nos
damos cuenta cuál es nuestra necesidad? ¿Nos damos cuenta que si no
estamos con Dios estamos en contra de Él? ¿Nos damos cuenta que
Jesús actuó entregando su vida y nos da la salida? ¿Nos damos
cuenta que debemos creer en Él?. Rahab entendió y actuó. ¿Tu
entiendes? ¿Quieres actuar? Hazlo ahora mismo.
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Reconoce
que Dios es el que pudo hacer eso con el pueblo de Israel, pero
también es el que puede perdonar tus pecados y hacerte una nueva
criatura.
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias porque has hecho maravillas en la historia de la
humanidad. Gracias porque sigues siendo el mismo Todopoderoso Dios.
Te pido que me ayudes a tener la fe que tuvo Rahab, para que nunca
olvide lo grande que eres y todo lo que puedes hacer por mi y por las
personas que quiero. Ayúdame siempre a darme cuenta que en ti está
la vida. En el nombre del Señor Jesús, Amén.