Marzo 29

8 Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo: 9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. 10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. 11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. Josué 2:8-11

Hola! Buen martes!! Ayer empezamos con las palabras de Rahab a los espías. Ella se arriesgó a ocultarlos en su techo pues sabía que Jehová, el Dios de Israel, creador el universo, era quien iba a dar toda aquella zona a su pueblo. Rahab reconoce el poder y la autoridad de Dios. Pero también dice que la mayoría de la gente de Jericó pensaba igual, es decir, la gran mayoría sabían de la grandeza de Dios, pero solo Rahab se había jugado a guardar a los espías.

Pero hoy se agregó el versículo 11. En ése versículo que hemos leído recién, Rahab explica que como ellos sabían que Dios es Todopoderoso, su corazón ha desmayado, quedaron sin aliento, pues, como Rahab también dijo: Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Quisiera que nos detengamos a pensar un poco en lo que le pasaba a toda esa gente. Ellos habían tenido hasta el momento una vida que podríamos llamar común. Tal vez haciendo lo mismo todos los días, trabajando, comiendo, teniendo hijos, creciendo, etc. Pero un día llegó la noticia de lo que había sucedido saliendo de Egipto. Lo curioso es que eso había sucedido 40 años atrás. Esa gente desde ese momento se dio cuenta que esa rutina de todos los días podía acabarse si esa nación tan numerosa llegaba a esas tierras. Pero ellos mismos reconocían que el problema no era la nación numerosa, sino el Dios de esa nación. Y en vez de buscar la forma de llegar a ser amigos de ese pueblo se empezaron a hacer “malasangre”. Toda una ciudad totalmente desalentada. Y ahora se escuchaba que esa nación estaba a pocos kilómetros de allí. Pero… ¿porque estaban tan asustados? Ellos entendían que habían construido una ciudad en una tierra que no les pertenecía. 500 años antes ya habían sido avisados en el tiempo de Abraham, que esa tierra Dios la tenía reservada para su pueblo.

¿Y..., que se podía hacer? Se podía pasar a ser parte de ése pueblo, del pueblo al que le pertenecían aquellas tierras. Se ve, por el relato, que las autoridades de Jericó no estaban dispuestas a dialogar, pues enseguida trataron de apresar a los espías. E staban confiado s en que su imponente y ultra segura puerta más las gigantes murallas, serían la defensa perfecta contra ese ejército de Israel.

Así hacemos muchas veces las personas. En vez de acercarnos a Jesús, empezamos a construir muros en donde sentirnos seguros, pero muy pronto nuestro corazón entristece y nuestro aliento decae, igual, igual a toda esa gente de Jericó. Entonces empezamos a culpar a Dios del mal en el mundo, de las guerras, de nuestros problemas, de nuestra suerte y tantas cosas más. ¿No nos damos cuenta que todas las murallas que hacemos solo nos alejan de Dios y en algún momento el final y el juicio nos van a alcanzar? En realidad ese el motivo por el cual el corazón se entristece y el aliento decae.

Pero Rahab sabía que había una salida, por eso fue a hablar con los espías. Ella había hecho primero su parte: proteger escondiendo a los espías. Ahora iba a hablar con ellos para ver que podían hacer ellos por ella y su familia.

A nosotros nos puede pasar lo mismo… pero diferente, como muchas veces decimos. Nosotros también estamos con un gran problema que nos amenaza que es la paga del pecado: la muerte. Pero la diferencia es que Dios dio el primer paso y no nosotros como Rahab. Dios ya ha mandado a su Hijo Jesús, Jesús ya entregó su vida por nosotros. Dios ya actuó, y ahora espera que nosotros le aceptemos a él.

  • No construyas muros para separarte de Dios. Él ya se acercó a vos, ahora mismo está cerca. ¿Vas a dejar que te perdone y sea tu salvador? Así pasarás a ser parte del pueblo de Dios, pues serás un hijo/a de Dios.

Oración:

Querido Padre Dios, gracias porque tú te has acercado a mi. Ayudame a no construir muros con mis formas de ser y hacer para tratar alejarte de mi vida. Ayúdame a entender que eres lo que necesito cada día. En el nombre del Señor Jesús, Amén.