Marzo 30

11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. 12 Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura; 13 y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte. Josué 2:11-13

Hola! Buen miércoles!! En ésta semana hemos estado viendo las palabras que Rahab dijo a los espías que había escondido en el techo de su casa que estaba sobre el muro de Jericó. Ella les contó que sabían lo que Dios había hecho con Israel desde que los sacó de Egipto y todo lo que ellos conquistaron por Dios. También les dijo que sus corazones estaban muy tristes y casi sin aliento porque sabían que esa tierra era para el pueblo de Israel y ellos la habían usurpado y construido una ciudad fortificada.

En los versículos de hoy pudimos ver como continuaron esas palabras. Ella había demostrado creer en la virtudes de Dios, su poder y su justicia. Eso la ponía a ella y a los suyos en una posición muy difícil, pues era un lugar de muerte. En realidad eso nos pasa a todos, no solo porque nacemos con pecado sino que también porque después muchas veces hacemos cosas que perjudican nuestra vida y la de los demás y todo eso está en contra de lo que Dios dice.

Ayer vimos también que ella hizo su parte escondiendo a los espías mandados por Josué. Pero ahora les va a hacer un pedido a ellos. L e s dice que le prometan por Jehová. Eso significa que si uno promete siempre debe cumplir la promesa, pero si promete o jur a por Jehová, eso es irrevocable, no se puede incumplir, nada puede justificar el no hacerlo. Le propone a los espías un trato verdadero. Les dice después, que como ella ha tenido misericordia por ellos, ellos también lo puedan hacer por ella. Es importante ver que ella no suplica por misericordia primero, sino que tiene misericordia por los espías y luego le pide que ellos también la tengan. Me hace mucho bien pensar que Jesús ha tenido misericordia de mi antes de que yo nazca. El murió por mi sabiendo que un día exactamente yo iba a nacer e iba a necesitar de su salvación. El tuvo misericordia por mi y por vos. Tener misericordia es tener un trato compasivo por otra persona. Dios no está de acuerdo con mis pecados, pero tiene compasión de mi sabiendo que por mis propios esfuerzos no puedo alcanzar el perdón y la salvación. Entonces, en su misericordia, me ofrece perdonarme, si yo acepto su perdón y su salvación.

Tener misericordia, además, es ponerse en el lugar del otro, tratar de comprender los problemas y necesidades el otro y su imposibilidad de solución por sus propios medios. Jesús sabía que vos y yo no podíamos alcanzar el perdón de nuestros pecados. El sabía que nunca íbamos a poder estar con él en el cielo pues el juicio de Dios, por nuestros pecados, era quién nos separaba de él. Y entonces, junto con Dios Padre, decidieron que él vendría a entregar su vida en nuestro lugar, para que todo el que cree en él tenga vida eterna, a partir del momento en que cree.

Rahab le pidió a los espías que le juraran por Jehová. Ella sabía que Jehová es Dios justo y verdadero, que era testigo de cada una de las palabras y actos que hacemos. Rahab sabía que Dios había visto su corazón, que aunque ella hacía cosas que a Dios no le agradaba, había actuado con misericordia y fe en Él. Por eso Dios está esperando en este mismo instante ver que tu corazón desea ser perdonado. Él quiere quitar ahora mismo la carga de tus pecados y hacerte verdaderamente libre. Pero, como lo ha hecho desde el principio, nos ha dado a nosotros el poder de decidir, a pesar de que muchas veces elegimos mal.

Rahab eligió hacer lo mejor. Dios espera y sabe que cada uno de nosotros podemos elegir lo mejor: aceptar a nuestro creador como nuestro Salvador.

  • No hagas esperar más a Dios. No pierdas más tiempo. No sigas llevando sobre vos la carga de pecado. Ahora mismo, ahí donde estás, pídele a Jesús que perdone tus pecados y recíbelo como tu Salvador personal.

Oración:

Querido Dios Padre, gracias por tu misericordia. Gracias porque pacientemente nos esperas. Te pido por todos los que me rodean y no han aceptado aún tu perdón. Ayúdales a entender que necesitan de ti y que contigo pueden ser verdaderamente libres. En el nombre del Señor Jesús, Amén.