11 Oyendo
esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en
hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es
Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. 12 Os ruego
pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho
misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi
padre, de lo cual me daréis una señal segura; 13 y que
salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y
hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de
la muerte. Josué 2:11-13
Hola!
Buen miércoles!! En ésta semana hemos estado viendo las palabras
que Rahab dijo a los espías que había escondido en el techo de su
casa que estaba sobre el muro de Jericó. Ella les contó que sabían
lo que Dios había hecho con Israel desde que los sacó de Egipto y
todo lo que ellos conquistaron por Dios. También les dijo que sus
corazones estaban muy tristes y casi sin aliento porque sabían que
esa tierra era para el pueblo de Israel y ellos la habían usurpado y
construido una ciudad fortificada.
En los
versículos de hoy pudimos ver como continuaron esas palabras. Ella
había demostrado creer en la virtudes de Dios, su poder y su
justicia. Eso la ponía a ella y a los suyos en una posición muy
difícil, pues era un lugar de muerte. En realidad eso nos pasa a
todos, no solo porque nacemos con pecado sino que también porque
después muchas veces hacemos cosas que perjudican nuestra vida y la
de los demás y todo eso está en contra de lo que Dios dice.
Ayer
vimos también que ella hizo su parte escondiendo a los espías
mandados por Josué. Pero ahora les va a hacer un pedido a ellos.
L
e
s
dice que le prometan por Jehová. Eso significa que si uno promete
siempre debe cumplir la promesa, pero si promete o jur
a
por Jehová, eso es irrevocable, no se puede incumplir, nada puede
justificar el no hacerlo.
Le
propone a los espías un trato verdadero. Les dice después, que como
ella ha tenido misericordia por ellos, ellos también lo puedan hacer
por ella. Es importante ver que ella no suplica por misericordia
primero, sino que tiene misericordia por los espías y luego le pide
que ellos también la tengan. Me hace mucho bien pensar que Jesús ha
tenido misericordia de mi antes de que yo nazca. El murió por mi
sabiendo que un día exactamente yo iba a nacer e iba a necesitar de
su salvación. El tuvo misericordia por mi y por vos. Tener
misericordia es tener un trato compasivo por otra persona. Dios no
está de acuerdo con mis pecados, pero tiene compasión de mi
sabiendo que por mis propios esfuerzos no puedo alcanzar el perdón y
la salvación. Entonces, en su misericordia, me ofrece perdonarme, si
yo acepto su perdón y su salvación.
Tener
misericordia, además, es ponerse en el lugar del otro, tratar de
comprender los problemas y necesidades el otro y su imposibilidad de
solución por sus propios medios.
Jesús
sabía que vos y yo no podíamos alcanzar el perdón de nuestros
pecados. El sabía que nunca íbamos a poder estar con él en el
cielo pues el juicio de Dios, por nuestros pecados, era quién nos
separaba de él.
Y
entonces, junto con Dios Padre, decidieron que él vendría a
entregar su vida en nuestro lugar, para que todo el que cree en él
tenga vida eterna, a partir del momento en que cree.
Rahab le
pidió a los espías que le juraran por Jehová. Ella sabía que
Jehová es Dios justo y verdadero, que era testigo de cada una de las
palabras y actos que hacemos. Rahab sabía que Dios había visto su
corazón, que aunque ella hacía cosas que a Dios no le agradaba,
había actuado con misericordia y fe en Él. Por eso Dios está
esperando en este mismo instante ver que tu corazón desea ser
perdonado. Él quiere quitar ahora mismo la carga de tus pecados y
hacerte verdaderamente libre. Pero, como lo ha hecho desde el
principio, nos ha dado a nosotros el poder de decidir, a pesar de que
muchas veces elegimos mal.
Rahab
eligió hacer lo mejor. Dios espera y sabe que cada uno de nosotros
podemos elegir lo mejor: aceptar a nuestro creador como nuestro
Salvador.
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No
hagas esperar más a Dios. No pierdas más tiempo. No sigas llevando
sobre vos la carga de pecado. Ahora mismo, ahí donde estás, pídele
a Jesús que perdone tus pecados y recíbelo como tu Salvador
personal.
Oración:
Querido
Dios Padre, gracias por tu misericordia. Gracias porque pacientemente
nos esperas. Te pido por todos los que me rodean y no han aceptado
aún tu perdón. Ayúdales a entender que necesitan de ti y que
contigo pueden ser verdaderamente libres. En el nombre del Señor
Jesús, Amén.