Mayo 26

42 Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. 43 Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal. Josué 10:42-43

 Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra. Josué 11:23

Hola! Buen Jueves!! En nuestro calendario ya quedó atrás el día de la Patria, donde recordamos el primer gobierno patrio, que como dijimos el martes, fue el puntapié inicial hacia la independencia nacional. 

En ésta semana estamos viendo como se fue consolidando la posesión de la tierra prometida. Vemos como se fueron uniendo los reyes de diferentes ciudades para pelear contra Israel, pero como leímos en el versículo de hoy: Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.  Dios les estaba abriendo el camino hacia la independencia de Israel, pero la pregunta es si realmente se daban cuenta que la verdadera independencia se da cuando aprendemos a depender de Dios.

La realidad de lo que estaba pasando en Canaán en aquel entonces nos muestra una realidad muy actual al mismo tiempo. De un lado tenemos a Israel, el pueblo de Dios. Llegó a su tierra que estaba usurpada y paso a paso Dios fue cumpliendo lo que prometió a Moisés y luego a Josué: donde pise tu pie, esa será tierra tuya. Y así pasó, paso a paso. Cada día Dios iba sorprendiendo a su pueblo con nuevos desafíos y victorias. Cuanto más avanzaban, más enemigos se levantaban contra ellos, pero Dios mostraba su poder dando el triunfo a su pueblo a cada paso. 

¡Qué bueno es poder confiar en el Dios Todopoderoso! Así como dio una vida de triunfo a Josué, así hoy quiere que vos y yo seamos vencedores. Que aunque a diario se levanten enemigos contra nosotros, él sigue siendo fiel y está cumpliendo su promesa de estar con nosotros todos los días.

Pero está también la otra parte. Estaban todos esos reyes, que no querían reconocer que estaban usurpando un territorio que no les pertenecía. Que aunque se enteraban que había un verdadero Dios luchando por Israel, no estaban dispuestos a renunciar a su poder y egoísmo, sino que ponían en peligro a toda su gente, aunque se imaginaban las altas posibilidades de perder la vida. Si lees detenidamente el libro de Josué, van a ver que muchas veces esos reyes, mientras sus soldados estaban luchando, ellos se escapaban y se escondían, pero no podían escapar de Dios. Para toda esa gente, que no quisieron considerar su mala decisión solo les esperaba la muerte y con eso la tristeza incalculable que trajo a toda esa tierra. 

Hoy, vuelvo a decirlo, vivimos escenas similares. Por un lado los que somos bendecidos confiando en Dios y otros que no quieren escuchar de Él y siguen su camino de muerte. A diario Dios nos habla de muchas maneras y te habla también a vos en forma personal, como les habló a cada uno de aquellos pueblos que luego fueron destruidos. Pero solo los gabaonitas se salvaron, además de la familia de Rahab, como ya vimos. Nuevamente Dios está golpeando a la puerta de tu corazón, esperando que desde adentro vos la abras, escuches su invitación al perdón de tus pecados y lo invites a entrar a tu vida. Hoy, o mejor dicho, este momento es aún momento de salvación para tu alma, si lo aceptas como Salvador personal, pero no puedo asegurarte que mañana lo será, es más, no puedo asegurarte que dentro de unos minutos lo será. Hemos visto muchas veces en la historia que Dios le decía a Josué: Mañana será un día glorioso, y lo era, para los que estaban con el pueblo de Dios, pero a los enemigos era un día de muerte. 

Otra vez Dios, pacientemente, te está esperando. No puedes nuevamente dejar pasar ésta oportunidad. Ahora mismo podés pasar a ser parte del pueblo de Dios, no de una religión, sino del conjunto de personas que han recibido a Jesús como Salvador personal y ahora somos hijos de Dios. 

  • Otra vez… tu decides. No resistas más como aquellos reyes que solo condenaron sus vidas y la de su gente. Abre ahora mismo la puerta de tu alma a Jesús. Puedes, si quieres, repetir de corazón la siguiente oración:

Oración:

Querido Padre Dios, gracias porque mandaste a tu hijo a morir por mi. Gracias porque ahora mismo me ofreces perdonar mis pecados y ser tu hijo, tu hija. Ayúdame a decidirme pues algo me frena a no poder hacerlo, pero sé que tu poder es superior, por eso deseo pedirte que me perdones y quiero recibirte como mi salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

(Puede preguntar si alguno hizo esa oración o alentarlos a hacerla)