42 Todos
estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová
el Dios de Israel peleaba por Israel. 43 Y volvió Josué, y
todo Israel con él, al campamento en Gilgal. Josué 10:42-43
Tomó,
pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había
dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia
conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó
de la guerra. Josué 11:23
Hola!
Buen Jueves!! En nuestro calendario ya quedó atrás el día de la
Patria, donde recordamos el primer gobierno patrio, que como dijimos
el martes, fue el puntapié inicial hacia la independencia nacional.
En
ésta semana estamos viendo como se fue consolidando la posesión de
la tierra prometida. Vemos como se fueron uniendo los reyes de
diferentes ciudades para pelear contra Israel, pero como leímos en
el versículo de hoy: Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.
Dios
les estaba abriendo el camino hacia la independencia de Israel, pero
la pregunta es si realmente se daban cuenta que la verdadera
independencia se da cuando aprendemos a depender de Dios.
La
realidad de lo que estaba pasando en Canaán en aquel entonces nos
muestra una realidad muy actual al mismo tiempo. De un lado tenemos a
Israel, el pueblo de Dios. Llegó a su tierra que estaba usurpada y
paso a paso Dios fue cumpliendo lo que prometió a Moisés y luego a
Josué: donde pise tu pie, esa será tierra tuya. Y así pasó, paso
a paso. Cada día Dios iba sorprendiendo a su pueblo con nuevos
desafíos y victorias. Cuanto más avanzaban, más enemigos se
levantaban contra ellos, pero Dios mostraba su poder dando el triunfo
a su pueblo a cada paso.
¡Qué
bueno es poder confiar en el Dios Todopoderoso! Así como dio una
vida de triunfo a Josué, así hoy quiere que vos y yo seamos
vencedores. Que aunque a diario se levanten enemigos contra nosotros,
él
sigue siendo fiel y está cumpliendo su promesa de estar con nosotros
todos los días.
Pero
está también la otra parte. Estaban todos esos reyes, que no
querían reconocer que estaban usurpando un territorio que no les
pertenecía. Que aunque se enteraban que había un verdadero Dios
luchando por Israel, no estaban dispuestos a renunciar a su poder y
egoísmo, sino que ponían en peligro a toda su gente, aunque se
imaginaban las altas posibilidades de perder la vida. Si lees
detenidamente el libro de Josué, van a ver que muchas veces esos
reyes, mientras sus soldados estaban luchando, ellos se escapaban y
se escondían, pero no podían escapar de Dios. Para toda esa gente,
que no quisieron considerar su mala decisión solo les esperaba la
muerte y con eso la tristeza incalculable que trajo a toda esa
tierra.
Hoy,
vuelvo a decirlo, vivimos escenas similares. Por un lado los que
somos bendecidos confiando en Dios y otros que no quieren escuchar de
Él y siguen su camino de muerte. A diario Dios nos habla de muchas
maneras y te habla también a vos en forma personal, como les habló
a cada uno de aquellos pueblos que luego fueron destruidos. Pero solo
los gabaonitas se salvaron, además de la familia de Rahab, como ya
vimos. Nuevamente Dios está golpeando a la puerta de tu corazón,
esperando que desde adentro vos la abras, escuches su invitación al
perdón de tus pecados y lo invites a entrar a tu vida. Hoy, o mejor
dicho, este momento es aún momento de salvación para tu alma, si lo
aceptas como Salvador personal, pero no puedo asegurarte que mañana
lo será, es más, no puedo asegurarte que dentro de unos minutos lo
será. Hemos visto muchas veces en la historia que Dios le decía a
Josué: Mañana será un día glorioso, y lo era, para los que
estaban con el pueblo de Dios, pero a los enemigos era un día de
muerte.
Otra vez
Dios, pacientemente, te está esperando. No puedes nuevamente dejar
pasar ésta oportunidad. Ahora mismo podés pasar a ser parte del
pueblo de Dios, no de una religión, sino del conjunto de personas
que han recibido a Jesús como Salvador personal y ahora somos hijos
de Dios.
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Otra
vez… tu decides. No resistas más como aquellos reyes que solo
condenaron sus vidas y la de su gente. Abre ahora mismo la puerta de
tu alma a Jesús. Puedes, si quieres, repetir de corazón la
siguiente oración:
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias porque mandaste a tu hijo a morir por mi. Gracias
porque ahora mismo me ofreces perdonar mis pecados y ser tu hijo, tu
hija. Ayúdame a decidirme pues algo me frena a no poder hacerlo,
pero sé que tu poder es superior, por eso deseo pedirte que me
perdones y quiero recibirte como mi salvador personal. En el nombre
del Señor Jesús, Amén.
(Puede
preguntar si alguno hizo esa oración o alentarlos a hacerla)