Mayo 27 

42 Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel. 43 Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal. Josué 10:42-43

 Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra. Josué 11:23

Hola! Buen viernes! Llegamos nuevamente al último día escolar de ésta semana donde estamos viendo la conquista de la tierra prometida. Faltaba territorio por conquistar pero la mayor parte ya estaba. ¡Dios peleaba por Israel!! Hoy tenemos los mismos versículos de ayer, que afirman eso. Y para cerrar esta semana quiero que veamos tres cosas que aparecen en los tres versículos.

La primera es que aunque Israel conquistaba grandes y cómodas ciudades, siempre volvían a Gilgal. En Gilgal estaba un campamento, es decir, no eran viviendas con toda la comodidad como habían en las ciudades conquistadas, pero allí había algo mucho más valioso que el lujo de las ciudades: el monolito de las 12 piedras. Cada vez que volvían de ganar una batalla, podían ver esas piedras inmutables que les hacía recordar que ellas estaban en la profundidad del rió Jordán, el cual Dios, en un acto milagroso, había abierto y ellos pasaron en seco. No tenían que olvidar que todo era obra del amor de Dios. Y eso nos tiene que hacer reflexionar sobre la importancia de que siempre debemos volver a Dios, cada día, y a su palabra. Que cuando volvamos de la lucha diaria, tengamos un momento para contemplar el amor y la grandeza de Dios de como nos ama y nos perdonó en Jesús.

La segunda cosa es cuando habla de una herencia. La herencia es el fruto del trabajo de una persona que desea dejársela a su descendencia. Todo el planeta y el universo fue creado por Dios, y él había reservado un lugar especial, geográficamente, para su pueblo Israel: la tierra prometida a Abraham. A partir de sacar de ella a los usurpadores, ya se podía empezar a repartir a cada tribu de Israel la tierra que le correspondía como herencia. Pero sobre ése tema volveremos la semana que viene. Hoy quisiera que pensemos en la herencia que Dios nos da, desde que recibimos a Jesús como Salvador. La vida eterna es lo primero. Es el trabajo que Jesús hizo por todos nosotros, al venir a éste mundo y entregar su vida en la cruz. Ahora somos hijos de Dios y coherederos con Jesús, como dice en Romanos 8:17 o Efesios 3:6. ¡Qué fabulosa herencia nos espera, la misma que Jesús!!

Y la tercera cosa es la última frase de los versículos: y la tierra descansó de la guerra. Cuando escuchamos de guerras como la que se está llevando en Ucrania, nos damos cuenta de lo penoso que son las guerras. Aquellos pueblos no aceptaron dejar el lugar usurpado y no se arrepintieron y Dios tuvo que ejecutar su justicia. Nosotros también éramos culpables de nuestros pecados, pero Jesús quiso tomarlos y cargarlos en la cruz. Hoy, para nosotros puede ser un guerra el seguir haciendo la nuestra luchando contra lo que Dios pide de cada uno. Eso hará que lleguemos a lucha hasta contra nosotros mismos. Pero la historia dice que después de que Israel luchó unos 5 años con todos esos pueblos, no el pueblo, sino la tierra descansó de la guerra. No dice el pueblo porque le pueblo mientras confiaba en Dios, descansaba en Dios y Dios le daba el triunfo sobre el enemigo. Ahora podían disfrutar de la tierra prometida en paz. Esa misma paz que Dios quiere que voz puedas tener en tu vida.

Terminamos entonces la semana con éste pensamiento final resumiendo las 3 cosas del pasaje bíblico de hoy:

Debemos tratar cada día de volver a Dios, para que podamos disfrutar de la herencia de hijos de Dios y disfrutar de su compañía que trae paz.

  • ¿Ya eres un hijo de Dios? Si tu respuesta es sí, ya tienes el desafió para este fin de semana planteado. Si tu respuesta es no, te ruego que ahora mismo, en ese lugar donde estás le pidas perdón por tus pecados a Jesús, y que sea tu salvador personal y automáticamente serás un hijo de Dios, volviendo a él, disfrutando de su herencia, compañía y paz.

Oración:

Querido Padre Dios, te doy gracias porque puedo ir a ti en cualquier momento y en cualquier lugar, pues tú estás siempre a mi lado. Gracias por la herencia que me das de la vida eterna y múltiples bendiciones. Te pido que este fin de semana pueda disfrutar de tu compañía y tu paz. En el nombre del Señor Jesús, Amén.