42 Todos
estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová
el Dios de Israel peleaba por Israel. 43 Y volvió Josué, y
todo Israel con él, al campamento en Gilgal. Josué 10:42-43
Tomó,
pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había
dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia
conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó
de la guerra. Josué 11:23
Hola!
Buen viernes! Llegamos nuevamente al último día escolar de ésta
semana donde estamos viendo la conquista de la tierra prometida.
Faltaba territorio por conquistar pero la mayor parte ya estaba.
¡Dios peleaba por Israel!! Hoy tenemos los mismos versículos de
ayer, que afirman eso. Y para cerrar esta semana quiero que veamos
tres cosas que aparecen en los tres versículos.
La
primera es que aunque Israel conquistaba grandes y cómodas ciudades,
siempre volvían a Gilgal. En Gilgal estaba un campamento, es decir,
no eran viviendas con toda la comodidad como habían en las ciudades
conquistadas, pero allí había algo mucho más valioso que el lujo
de las ciudades: el monolito de las 12 piedras. Cada vez que volvían
de ganar una batalla, podían ver esas piedras inmutables que les
hacía recordar que ellas estaban en la profundidad del rió Jordán,
el cual Dios, en un acto milagroso, había abierto y ellos pasaron en
seco. No tenían que olvidar que todo era obra del amor de Dios. Y
eso nos tiene que hacer reflexionar sobre la importancia de que
siempre debemos volver a Dios, cada día, y a su palabra. Que cuando
volvamos de la lucha diaria, tengamos un momento para contemplar el
amor y la grandeza de Dios de como nos ama y nos perdonó en Jesús.
La
segunda cosa es cuando habla
de una herencia. La herencia es el fruto del trabajo de una persona
que desea dejársela a su descendencia. Todo el planeta y el universo
fue creado por Dios, y él había reservado un lugar especial,
geográficamente, para su pueblo Israel: la tierra prometida a
Abraham. A partir de sacar de ella a los usurpadores, ya se podía
empezar a repartir a cada tribu de Israel la tierra que le
correspondía como herencia. Pero sobre ése tema volveremos la
semana que viene. Hoy quisiera que pensemos en la herencia que Dios
nos da, desde que recibimos a Jesús como Salvador. La vida eterna es
lo primero. Es el trabajo que Jesús hizo por todos nosotros, al
venir a éste mundo y entregar su vida en la cruz. Ahora somos hijos
de Dios y coherederos con Jesús, como dice en Romanos 8:17 o Efesios
3:6. ¡Qué fabulosa herencia nos espera, la
misma que Jesús!!
Y
la tercera cosa es la última frase de los versículos: y la tierra
descansó de la guerra. Cuando escuchamos de guerras como la que se
está llevando en Ucrania, nos damos cuenta de lo penoso que son las
guerras. Aquellos pueblos no aceptaron dejar el lugar usurpado y no
se arrepintieron y Dios tuvo que ejecutar su justicia. Nosotros
también éramos culpables de nuestros pecados, pero Jesús quiso
tomarlos y cargarlos en la cruz. Hoy,
para nosotros puede ser un guerra el seguir haciendo la nuestra
luchando contra lo que Dios pide de cada uno. Eso hará que lleguemos
a lucha hasta contra nosotros mismos. Pero la historia dice que
después de que Israel luchó unos 5 años con todos esos pueblos, no
el pueblo, sino la tierra descansó de la guerra. No dice el pueblo
porque le pueblo mientras confiaba en Dios, descansaba en Dios y Dios
le daba el triunfo sobre el enemigo. Ahora podían disfrutar de la
tierra prometida en paz. Esa misma paz que Dios quiere que voz puedas
tener en tu vida.
Terminamos
entonces la semana con éste pensamiento final resumiendo las 3 cosas
del pasaje bíblico de hoy:
Debemos
tratar cada día de volver a Dios, para que podamos disfrutar de la
herencia de hijos de Dios y disfrutar de su compañía que
trae paz.
-
¿Ya
eres un hijo de Dios? Si tu respuesta es sí, ya tienes el desafió
para este fin de semana planteado. Si tu respuesta es no, te ruego
que ahora mismo, en ese lugar donde estás le pidas perdón por tus
pecados a Jesús, y que sea tu salvador personal y automáticamente
serás un hijo de Dios, volviendo a él, disfrutando de su herencia,
compañía y paz.
Oración:
Querido
Padre Dios, te doy gracias porque puedo ir a ti en cualquier momento
y en cualquier
lugar,
pues tú estás siempre a mi lado. Gracias por la herencia que me das
de la vida eterna y múltiples bendiciones. Te pido que este fin de
semana pueda disfrutar de tu compañía y tu paz. En el nombre del
Señor Jesús, Amén.