Septiembre 20

H ola! Buen martes!! Ayer comenzamos la semana pensando en el día del auxiliar, de los profes y de los preces.  Vimos también en como Dios, como Noemí pensó de Rut, piensa en cada momento en nosotros y por eso no da su Palabra y personas para que nos ayuden a escucharla y comprenderla. Cada uno de los que hacemos el trabajo de educar lo hacemos en primer lugar como un desafío que Dios ha puesto en nuestras manos. Pero en segundo lugar porque deseamos lo mejor para cada uno de ustedes. La educación no sería nada sin ustedes: los estudiantes. Por eso, de todas las fechas del mes, la central es el día del estudiante. En nuestro país es el día 21. Muchos creen que tiene que ver con el comienzo de la primavera, pero en realidad no es así. El 11 de septiembre de 1888 murió Domingo Faustino Sarmiento. Un tiempito antes se había ido a Paraguay por su estado deteriorado de salud, ya que el clima allí lo favorecía. Pero, lamentablemente, allí no se recuperó sino que falleció. Se hicieron todas las gestiones para poder traer su cuerpo a la Argentina, y exactamente a Buenos Aires. Se decidió traerlo por la vía del río Paraná. Y ese viaje, entre los trámites pertinentes, los preparativos para salir de Paraguay y el largo trayecto de navegación, llevó en total 10 días. Es decir que el 21 de septiembre llegó el cuerpo al puerto de Buenos Aires. Ese día fueron alumnos y autoridades del colegio Nacional de Buenos Aires a recibirlo y darle los honores, junto a otra s autoridades. El mismo colegio sugirió tomar esa fecha como día del estudiante, en homenaje a todo lo que Sarmiento había hecho para que todo el país tuviese la oportunidad de ser estudiante, cosa que muy pocos podían hacer en ese entonces. Luego se sumaron otras escuelas a esa celebración hasta que se convirtió a nivel nacional como la tenemos en el día de mañana.

Es notable poder recordar que el día del estudiante tiene como base los siguientes pensamientos: En primer lugar reconocer la tarea de Sarmiento, y en él la tarea que hacer los docentes, primarios, secundarios y superiores, por la educación de la nación. En segundo lugar, la fecha nos tiene que hacer pensar en lo importante de ser un estudiante. En un derecho pero al mismo tiempo un deber. Éste segundo hace que se pueda realizar lo primero. Muchas veces no nos damos cuenta de la importancia que tiene el ser estudiantes. A veces lo naturalizamos y no nos ponemos a pensar de todos los beneficios que tiene. No solo te enseña cuestiones de historia, naturaleza, números y lengua, sino también sobre convivencia, respeto, amistad, y tantas cosas más. Es un derecho, como recién leímos, pero depende de cada uno si lo aprovechamos de verdad o no. La escuela secundaria son años únicos. No volvemos a vivir nunca más las mismas experiencias. Podemos aprender a lo largo de toda nuestra vida, pero nunca lo podremos vivir de la misma manera. Por eso te quiero alentar a que puedas aprovechar cada día en la escuela para poder disfrutar de todo lo antes mencionado pero entender que vos tenes la posibilidad de aprovechar todavía un poco más, pues a todo eso se suma lo que estamos haciendo ahora: reflexionar sobre lo que nos pasa y ver cual es el consejo de Dios. Hoy podés ser también un estudiante de las cosas eternas, de aquellas que son perfectas, de las que son amor, perdón y salvación de tu alma. Jesús ha sido no solo el Maestro con mayúscula, sino que el mismo entregó su vida por sus alumnos para que cada uno pudiese tener vida eterna.

Resumiendo. El día del estudiante surge como reconocimiento a la obra maravillosa de un hombre como fue Domingo Sarmiento. Pero mañana también podés festejar tu día, el del estudiante, porque el Maestro con mayúscula, vino del cielo no solo a que lo conozcas y aprendas de él, sino a que puedas disfrutar de una eternidad con él en el cielo.

  • Mañana celebra el día del estudiante por partida doble. Agradécele a Dios por la persona de Jesús el Maestro por excelencia. También podes agradecer por las personas que trabajaron y trabajan para que puedas ser un estudiante de verdad .

Oración:

Querido Padre Dios, gracias por tu Hijo Jesús. Gracias porque él es el Maestro que vino a enseñarnos del Reino del Cielo, pero que entregó su vida por cada uno de sus alumnos, para que podamos tener está magnífica esperanza de poder ir al cielo para siempre con él. Pero también te quiero agradecer por personas como Sarmiento, que hizo grande la educación en nuestro país, pero también por todos los que hoy me convierten en un estudiante. En el nombre del Señor Jesús, Amén.