H
ola!
Buen martes!! Ayer comenzamos la semana pensando en el día del
auxiliar, de los profes y de los preces.
Vimos
también en como Dios, como Noemí pensó de Rut, piensa en cada
momento en nosotros y por eso no da su Palabra y personas para que
nos ayuden a escucharla y comprenderla. Cada uno de los que hacemos
el trabajo de educar lo hacemos en primer lugar como un desafío que
Dios ha puesto en nuestras manos. Pero en segundo lugar porque
deseamos lo mejor para cada uno de ustedes. La educación no sería
nada sin ustedes: los estudiantes. Por eso, de todas las fechas del
mes, la central es el día del estudiante. En nuestro país es el día
21. Muchos creen que tiene que ver con el comienzo de la primavera,
pero en realidad no es así. El 11 de septiembre de 1888 murió
Domingo Faustino Sarmiento. Un tiempito antes se había ido a
Paraguay por su estado deteriorado de salud, ya que el clima allí lo
favorecía. Pero, lamentablemente, allí no se recuperó sino que
falleció. Se hicieron todas las gestiones para poder traer su cuerpo
a la Argentina, y exactamente a Buenos Aires. Se decidió traerlo
por la vía del río Paraná. Y ese viaje, entre los trámites
pertinentes, los preparativos para salir de Paraguay y el largo
trayecto de navegación, llevó en total 10 días. Es decir que el 21
de septiembre llegó el cuerpo al puerto de Buenos Aires. Ese día
fueron alumnos y autoridades del colegio Nacional de Buenos Aires a
recibirlo y darle los honores, junto a otra
s
autoridades. El mismo colegio sugirió tomar esa fecha como día del
estudiante, en homenaje a todo lo que Sarmiento había hecho para que
todo el país tuviese la oportunidad de ser estudiante, cosa que muy
pocos podían hacer en ese entonces. Luego se sumaron otras escuelas
a esa celebración hasta que se convirtió a nivel nacional como la
tenemos en el día de mañana.
Es
notable poder recordar que el día del estudiante tiene como base los
siguientes pensamientos: En primer lugar reconocer la tarea de
Sarmiento, y en él la tarea que hacer los docentes, primarios,
secundarios y superiores, por la educación de la nación. En segundo
lugar, la fecha nos tiene que hacer pensar en lo importante de ser un
estudiante. En un derecho pero al mismo tiempo un deber. Éste
segundo hace que se pueda realizar
lo
primero. Muchas veces no nos damos cuenta de la importancia que tiene
el ser estudiantes. A veces lo naturalizamos y no nos ponemos a
pensar de todos los beneficios que tiene. No solo te enseña
cuestiones de historia, naturaleza, números y lengua, sino también
sobre convivencia, respeto, amistad, y tantas cosas más. Es un
derecho, como recién leímos, pero depende de cada uno si lo
aprovechamos de verdad o no. La escuela secundaria son años únicos.
No volvemos a vivir nunca más las mismas experiencias. Podemos
aprender a lo largo de toda nuestra vida, pero nunca lo podremos
vivir de la misma manera. Por eso te quiero alentar a que puedas
aprovechar cada día en la escuela para poder disfrutar de todo lo
antes mencionado pero entender que vos tenes la posibilidad de
aprovechar todavía un poco más, pues a todo eso se suma lo que
estamos haciendo ahora: reflexionar sobre lo que nos pasa y ver cual
es el consejo de Dios. Hoy podés ser también un estudiante de las
cosas eternas, de aquellas que son perfectas, de las que son amor,
perdón y salvación de tu alma. Jesús ha sido no solo el Maestro
con mayúscula, sino que el mismo entregó su vida por sus alumnos
para que cada uno pudiese tener vida eterna.
Resumiendo.
El día del estudiante surge como reconocimiento a la obra
maravillosa de un hombre como fue Domingo Sarmiento. Pero mañana
también podés festejar tu día, el del estudiante, porque el
Maestro con mayúscula, vino
del
cielo no solo a que lo conozcas y aprendas de él, sino a que puedas
disfrutar de una eternidad con él en el cielo.
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Mañana
celebra el día del estudiante por partida doble. Agradécele a Dios
por la persona de Jesús el Maestro por excelencia. También podes
agradecer por las personas que trabajaron y trabajan para que puedas
ser un estudiante de
verdad
.
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias por tu Hijo Jesús. Gracias porque él es el
Maestro que vino a enseñarnos del Reino del Cielo, pero que entregó
su vida por cada uno de sus alumnos, para que podamos tener está
magnífica esperanza de poder ir al cielo para siempre con él. Pero
también te quiero agradecer por personas como Sarmiento, que hizo
grande la educación en nuestro país, pero también por todos los
que hoy me convierten en un estudiante. En el nombre del Señor
Jesús, Amén.