Septiembre 30

H ola! Buen viernes! Llegamos al último día escolar de la semana pero también del mes de septiembre. Es un buen momento para agradecer a Dios, porque a lo largo de éstos 7 meses de clases nos ha hecho ver varias historias de diferentes personas que nos enseñan que si permitimos a Dios obrar en nuestras vidas, grandes cosas pueden suceder. Hemos visto qué él sigue esperando por cada uno de nosotros. Desde Josué, pasando por los jueces y llegando a Rut, vimos gente común, pero que escucharon la voz de Dios y decidieron seguirle. Y ellos recibieron grandes bendiciones y fueron de bendición a toda su familia y su pueblo.

Hemos podido ver que cada uno de nosotros podemos ser de bendición en manos de Dios. No perdamos el tiempo sin tomar la decisión de seguir a Jesús, y aceptarlo en nuestra vida como Salvador y Señor.

Hemos visto que el libro de Jueces y Rut fue escrito por Samuel. Y después de l libro de Rut viene justamente un libro llamado Samuel. Aproximadamente unos 150 años después de la historia de Rut aparece un hombre llamado Elcana. El, a pesar de lo que dice Dios, tenía dos esposas. Una de ellas se llamaba Penina. Penina tenía hijos. La otra esposa se llamaba Ana. Ana no tenía hijos. Penina molestaba, irritaba, enojaba y entristecía a Ana porque no tenía hijos.

Ana entonces, en medio de la amargura de su alma, así dice literalmente la Biblia para mostrar la profundidad de su dolor, oró a Dios. ¡Qué bueno es que podamos buscar a Dios en todos los momentos de nuestra vida! En esos días donde todo parece estar muy mal, lo mejor es buscar a quien comprende nuestro dolor de la mejor manera. Jesús ya pasó por el dolor de cargar el pecado de toda la humanidad, y eso es algo que ninguna persona puede entender la dimensión que tiene. Ana sabía que Dios era el único que podía ayudar en medio del dolor. Ella entonces lo buscó de corazón e hizo un pacto con él. Le dijo a Dios que si él le permitie ra tener un hijo, ella lo dedicaría al servicio de Dios. Ella sabía que el poder de Dios va más allá de lo que podemos ver u obtener naturalmente. Ella no podía tener hijos, pero como vimos ya varias veces, Dios puede hacer el milagro de formar una vida en el vientre de esa persona. Ana siguió orando un largo rato, no emitía palabra con su boca, pero hacía la mímica como si lo hiciera, pero ella estaba orando con su corazón. Cuando llegó su esposo, Elcana, pensó que estaba ebria, pero ella le dijo que no era así, que solo ella estaba poniendo su alma delante de Dios.

Ana no solo pensaba que Dios la escuchaba, no solo sabía que Dios podía hacer un milagro, sino que también entendía que aunque no pronunciara palabra con su boca, Dios estaba escuchando lo que le estaba pidiendo con su corazón y su mente.

Otra vez la palabra de Dios nos regala el hermoso ejemplo de una mujer. Ya vimos a  mujeres como Débora,  Noemí, Rut y ahora Ana. La Biblia otra vez nos muestra que no es por una cuestión de género que Dios actúa, sino por personas que ponen su confianza en él. 

Ana volcó su corazón en Dios. Con su alma buscó la bendición de él, y él, como dice la Biblia, no es deudor de nadie. Siempre que alguna persona lo busque de corazón y le pida algo que será de bien para ella, Dios lo dará.

Y fue así que Ana quedó embarazada y al cumplirse el tiempo de dar a luz, tuvo un bebé, que se llamó: Samuel. Samuel significa: “A quién Dios escucha” o “Dios ha oído”. 

Ana estaba segura que Dios la había escuchado y había hecho un milagro. Hoy Dios sigue teniendo el poder de hacer milagros, y el primero que quiere hacer en cada persona es el de perdonar todos sus pecados. 

  • Hoy Dios desea escucharte y poder hacer el mayor milagro que es limpiar tu alma y darte la vida eterna. Ahora mismo se lo podes pedir y  Dios hará el más maravilloso milagro que es quitar de tu alma el peso del pecado y su condena. 

Oración:

Querido Padre Dios, gracias por todas las veces que me has hablado a lo largo de este año. Gracias porque nuevamente me muestras deseas escuchar mi voz. Te quiero pedir que perdones todos mis pecados y hagas en mí el milagro de la vida eterna. Te lo pido en el nombre del Señor Jesús, Amén.