H
ola!
Buen viernes! Llegamos al último día escolar de la semana pero
también del mes de septiembre. Es un buen momento para agradecer a
Dios, porque a lo largo de éstos 7 meses de clases nos ha hecho ver
varias historias de diferentes personas que nos enseñan que si
permitimos a Dios obrar en nuestras vidas, grandes cosas pueden
suceder. Hemos visto qué él sigue esperando por cada uno de
nosotros. Desde Josué, pasando por los jueces y llegando a Rut,
vimos gente común, pero que escucharon la voz de Dios y decidieron
seguirle. Y ellos recibieron grandes bendiciones y fueron de
bendición a toda su familia y su pueblo.
Hemos
podido ver que cada uno de nosotros podemos ser de bendición en
manos de Dios. No perdamos el tiempo sin tomar la decisión de seguir
a Jesús, y aceptarlo en nuestra vida como Salvador y Señor.
Hemos
visto que el libro de Jueces y Rut fue escrito por Samuel. Y después
de
l
libro de
Rut viene
justamente
un
libro llamado Samuel. Aproximadamente unos 150 años después de la
historia de Rut aparece un hombre llamado Elcana. El, a pesar de lo
que dice Dios, tenía dos esposas. Una de ellas se llamaba Penina.
Penina tenía hijos. La otra esposa se llamaba Ana. Ana no tenía
hijos. Penina molestaba, irritaba, enojaba y entristecía a Ana
porque no tenía hijos.
Ana
entonces, en medio de la amargura de su alma, así dice literalmente
la Biblia para mostrar la profundidad de su dolor, oró a Dios. ¡Qué
bueno es que podamos buscar a Dios en todos los momentos de nuestra
vida! En esos días donde todo parece estar muy mal, lo mejor es
buscar a quien comprende nuestro dolor de la mejor manera. Jesús ya
pasó por el dolor de cargar el pecado de toda la humanidad, y eso es
algo que ninguna persona puede entender la dimensión
que
tiene.
Ana sabía que Dios era el único que podía ayudar en medio del
dolor. Ella entonces lo buscó de corazón e hizo un pacto con él.
Le dijo a Dios que si él le permitie
ra
tener un hijo, ella lo dedicaría al servicio de Dios. Ella sabía
que el poder de Dios va más allá de lo que podemos ver u obtener
naturalmente. Ella no podía tener hijos, pero como vimos ya varias
veces, Dios puede hacer el milagro de formar una vida en el vientre
de esa persona. Ana siguió orando un largo rato, no emitía palabra
con su boca, pero hacía la mímica como si lo hiciera, pero ella
estaba orando con su corazón. Cuando llegó su esposo, Elcana, pensó
que estaba ebria, pero ella le dijo que no era así,
que
solo
ella estaba poniendo su alma delante de Dios.
Ana
no solo pensaba que Dios la escuchaba, no solo sabía que Dios podía
hacer un milagro, sino que también entendía que aunque no
pronunciara palabra con su boca, Dios estaba escuchando lo que le
estaba pidiendo con su corazón y su mente.
Otra
vez la palabra de Dios nos regala el hermoso ejemplo de una mujer. Ya
vimos a
mujeres
como
Débora,
Noemí,
Rut
y ahora Ana. La Biblia otra vez nos muestra que no es por una
cuestión de género que Dios actúa, sino por personas que ponen su
confianza en él.
Ana
volcó su corazón en Dios. Con su alma buscó la bendición de él,
y
él, como dice la Biblia, no es deudor de nadie. Siempre que alguna
persona lo busque de corazón y le pida algo que será de bien para
ella, Dios lo dará.
Y
fue así que Ana quedó embarazada y al cumplirse el tiempo de dar a
luz, tuvo un bebé, que se llamó: Samuel. Samuel significa: “A
quién Dios escucha” o “Dios ha oído”.
Ana
estaba segura que Dios la había escuchado y había hecho un milagro.
Hoy Dios sigue teniendo el poder de hacer milagros, y el primero que
quiere hacer en cada persona es el de perdonar todos sus pecados.
-
Hoy
Dios desea escucharte y poder hacer el mayor milagro que es limpiar
tu alma y darte la vida eterna. Ahora mismo se lo podes pedir y
Dios
hará el más maravilloso milagro que es quitar de tu alma el peso
del pecado y su condena.
Oración:
Querido
Padre Dios, gracias por todas las veces que me has hablado a lo largo
de este año. Gracias porque nuevamente me muestras deseas escuchar
mi voz. Te quiero pedir que perdones todos mis pecados y hagas en mí
el milagro de la vida eterna. Te lo pido en el nombre del Señor
Jesús, Amén.