1 de diciembre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! ¡Empezamos una nueva semana de estudios y el mes de Diciembre! Ya entramos al último mes del año. Lo conocemos como el mes de la navidad, pero ese acontecimiento, el nacimiento de Jesús, ya lo hemos visto al principio del año, y ahora estamos en la otra punta de la vida de Jesús en la tierra. Si querés aprender más sobre cómo fue la primera navidad, podes buscar en Youtube y en Spotify el podcast llamado OS HA NACIDO.
Reanudamos entonces el relato de la vida de Jesús donde lo dejamos el día viernes. Vimos cómo Jesús fue llevado por varios lugares religiosos, en donde lo maltrataron y acusaron injustamente, y Jesús solo afirmó ser el Hijo de Dios, y no entró en ninguna discusión con ellos. Que importante es aprender de Jesús, que cuando alguien nos provoca con palabras a que peleemos con ellos, no debemos entrar en la provocación, pues al hacerlo nos rebajamos al mismo lugar de los otros.
Jesús seguía siendo soberano sobre todas las cosas. Él seguía soportando todo sabiendo que debía cargar la cruz para llevar tus pecados y los míos. Los religiosos entonces llevaron a Jesús al gobernador para pedirle que lo crucifique. La crucifixión era poner a una persona en una cruz hasta que muera, y todos podían ver que si hacían un delito igual, le iba a suceder lo mismo. Era una forma muy cruel de sentencia de muerte.
El gobernador, que se llamaba Pilato, preguntó el porque lo llevaban y lo acusaban. Ellos, como lo habían hecho antes, inventaron cosas de Jesús que iban contra el imperio romano. Te doy un ejemplo. Dijeron que Jesús les había prohibido a los judios pagar el impuesto a Roma, cuando hace poco vimos como Jesús les dijo que debían dar a Cesar lo que es de Cesar: los impuestos, y a Dios lo que es de Dios: adoración y vidas sin pecado.
Pilato les dijo que los sacerdotes lo juzguen, pero ellos dijeron que no podían dar muerte a una persona. Entonces Pilato llevó a Jesús y le hizo algunas preguntas. Jesús solo respondió diciendo que era el que vino del cielo a salvar. Pilato salió a ver a lo judios y le dijo que no encontraba nada de malo en Jesús. Pero los sacerdotes judíos insistían muy vehementemente. Ahí Pilato se enteró que Jesús era de Galilea, y entonces lo mandó a ver a Herodes, rey de Galilea, que justo estaba en Jerusalén esos días.
Jesús entonces fue llevado ante Herodes. No olvides que ese Herodes fue el que hizo matar a Juan el Bautista. Dice que Herodes se puso contento al ver a Jesús, pues quería conocerlo y que haga algún milagro en su presencia. Herodes solo quería divertirse. Entonces le hizo muchas preguntas a Jesús, pero no le respondió ninguna. Herodes lo trató muy mal y se burló grandemente de él, y se lo envió nuevamente a Pilato.
Ninguno de los poderosos se querían hacer cargo, ¿Te diste cuenta? Maltrataban a Jesús, pero no se animaban a tomar la decisión final. Todo seguía bajo el poder de Jesús. Al llegar nuevamente ante Pilato, la mujer de él se le acercó y le dijo en voz baja que no tenga nada ver con Jesús, porque es justo. Ella había tenido unos sueños sobre Jesús y había sufrido con esos sueños. Ella reconocía que Jesús era inocente.
Pilato empezó a intentar soltar a Jesús. Entonces lo llevó afuera y le dijo a los sacerdotes y judíos que estaban allí que no había encontrado nada malo en él, lo castigaría y lo saltaría. Entonces, como lo hacían todos los años en la fiesta de la pascua, el gobernador soltaba a un preso. Y les dio a elegir entre Jesús y Barrabás, que era un asesino detenido. Parece que Pilato buscó a uno de los peores presos para que eligieran a Jesús, pero eligieron a Barrabás y que Jesús sea crucificado.
Esta parte de la historia de Jesús, es un claro ejemplo de lo que él hizo por vos y por mi. Barrabás tenía que pagar, por las leyes de ese momento, con la cruz por ser un asesino, pero ese lugar lo ocupó Jesús. Vos y yo teníamos que pagar con la muerte eterna por nuestros pecados, pero Jesús ocupó nuestro lugar de condena para que, aceptando su perdón, seamos perdonados y tengamos vida eterna.
Te invito a orar:
Querido Padre Dios, gracias porque Jesús ocupó mi lugar en la cruz. Ahora quiero pedirte perdón por mis pecados y aceptar a Jesús como mi Salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!