3 de noviembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! ¡Empezamos una nueva semana de estudios y un nuevo mes! Ya estamos en el mes once del calendario. 

En el misterio llamado Jesús, la semana pasada estuvimos viendo sobre cómo resucitó a Lázaro y eso hizo que los fariseos de Jerusalén se decidieron a matarlo, y mientras ellos invertían su tiempo en planear tal mal, Jesús recibió, contuvo y bendijo a niños que llevaron a él.

Siguiendo con la historia, Jesús se iba dirigiendo a Jerusalén. Por el camino Jesús iba delante y los discípulos iban atrás con miedo. Entonces Jesús, que sabe lo que pasa dentro de las personas, paró un rato al costado del camino y les habló.

El les dijo: Ahora vamos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre (el mismo) será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.

Está vez Jesús no habló con parábolas, ni con símbolos, sino que fue directo al describir las cosas que iban a suceder.  No iba a ser en el próximo viaje a Jerusalén, no, iba a ser en ese, al que ya estaban muy cerca de llegar. Les contó sobre todo lo que le iba a pasar, cómo lo iban a maltratar en extremo, como iba a morir, pero también en cómo iba a resucitar. 

Pero era tal el miedo que tenían que no entendieron lo que él les dijo. A simple vista todo era muy difícil de superar, pues habló de ser entregado, de sufrir mucho y morir. Pero les dejó una esperanza maravillosa cuando les dijo que iba a resucitar. 

Muchos judios, como Marta, creían que un día los que creen en Dios resucitarán para vida eterna, pero Jesús se refería a algo muy cercano, algo que sucedía muy pronto, de hecho nadie se imaginaba que todo eso ocurriría dentro de la siguiente semana. 

Para que tengamos una idea de cómo lo tomaron los discípulos, dice que Juan y Jacobo su hermano fueron a Jesús, después que él les habló lo que recién vimos, y le pidieron que en el cielo los haga sentar al lado de él. Y también la mamá de ellos y también se lo pidió a Jesús. 

Jesús había hablado de todo lo que estaba por padecer por nosotros, y a ellos no se les ocurrió otra cosa que de pedir egoístamente por ellos mismos y tener un lugar privilegiado en el cielo. Los dos estuvieron muy desubicados. 

Pero los otros diez, en vez de hacerles ver que Jesús estaba por morir, empezaron a enojarse con los dos por querer ser más que ellos. En ese día Jesús quería compartir con ellos algo muy pesado que tenía que enfrentar y ellos en vez de apoyarlo, egoístamente solo pensaron en ellos mismos. 

Fue ahí donde Jesús les dijo: el que quiera hacerse primero o el más grande, será siervo de todos. Ellos no habían entendido aún el mensaje de Jesús. Y Jesús le daría un ejemplo sublime al decirles: el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Jesús, que es Dios mismo, y que ellos pudieron comprobar con sobradas pruebas, les dijo que había venido a servir y dar su vida por nosotros. La Biblia nos cuenta que Jesús fue exaltado en el cielo a lo sumo, a lo más alto, porque demostró su humildad, siendo un siervo que se entregó por nosotros, para nuestra salvación. 

¿Cuántas veces nosotros estamos pensando en nuestro propio egoísmo y no nos damos cuenta que la verdadera gloria es servir y no ser servido? Jesús mismo dijo que no vino a ser servido, sino a servir, y en esa profunda humildad entregó su vida por nosotros. 

Te invito a empezar este nuevo mes imitando a Jesús. Se humilde como él, y con esa humildad anda ante él, pedile que te perdone tus pecados y que deseas ser útil para todos los que te rodean. 

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, gracias porque podemos empezar un nuevo mes y con el ejemplo maravilloso de Jesús. Ayúdanos a no dejarnos llevar por nuestro egoísmo, sino pensar en el amor que Jesús nos ha tenido y por eso se humilló y vino a servir como un cordero que se entregó para darnos la vida eterna. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!