4 de diciembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Llegamos al anteúltimo día de un misterio llamado Jesús. Hemos recorrido desde su nacimiento, evento que celebraremos dentro de veinte días, y ahora estamos en los últimos momentos antes de ir a la cruz. El martes vimos todo el maltrato que sufrió, siendo totalmente inocente. El se hizo cargo de todo el sufrimiento que nos correspondía como sentencia por nuestros pecados. 

La Biblia relata que ese día eran tres las personas que fueron llevadas a crucificar. Otra vez el número tres. Nos recuerda que todo sigue bajo el control de Dios. Jesús iba llevando una cruz. Era de madera dura y pesada, que llevaba con un esfuerzo sobrehumano, no solo por su peso, sino por todo el castigo que había soportado ese mismo día.

Con él iban otros dos hombres. A diferencia de él, los otros dos eran culpables de la condena. Los delitos que habrían cometido eran de suma gravedad. Y cada uno, a pesar de sus culpas iban a tener la última oportunidad de arrepentirse de verdad. 

Ante la mirada de miles de personas, que lo veían como un gran espectáculo, los tres, junto con la compañía de soldados romanos muy acostumbrados a ese ritual,  iban subiendo el monte, donde un poco menos de 2000 años antes había subido Abraham para sacrificar a Isaac, pero en aquella oportunidad había un cordero que ocupó su lugar y ahora Jesús era el Cordero de Dios que se estaba entregando, y no tenía ningún sustituto, es más, ya hemos visto que él fue nuestro sustituto.

En un momento del camino Jesús ya no podía más, y entonces los soldados le obligaron a una persona a llevar la cruz de Jesús. Más adelante esa persona llamada Simón de Cirene, va a aparecer en el libro de Hechos, el cual era de África. Es muy probable que por eso lo eligieron entre la multitud para llevar la cruz. Seguramente ese momento habrá sido inolvidable para él de tal manera que luego fue un fiel creyente de Jesús.

Al llegar los tres al lugar de la crucifixión, Jesús fue clavado literalmente de pies y manos. Eso se sumó a todo el sufrimiento intolerable que ya había soportado hasta ahí. ¿Quién podría soportar semejante sufrimiento por otros? ¿Quién podría soportar semejante sufrimiento por vos y por mí? Jesús ya lo había dicho: que no hay mayor forma de mostrar su amor por sus amigos que entregar la vida por ellos, y ahí lo estaba haciendo.

Estuvieron varias horas los tres arriba de esas cruces. Y en un momento hubo una conservación entre los tres. Me asombra cada detalle del sacrificio de Jesús, pues aunque estaba en un sufrimiento extremo, el no solo prestó atención a lo que los otros le decían, sino que también les compartió su amor y perdón. 

Fue así que uno de ellos le dijo a Jesús que si era el Mesías, que lo demuestre bajando de la cruz y lo libere también a él. Como mucha otra gente que vimos, solo buscaban a Jesús para su conveniencia personal, pero no como Salvador. Ese hombre, aunque estaba por morir por sus delitos, no se arrepintió. Pero el otro habló de diferente manera. Él dijo que ellos estaban pagando por sus delitos, pero que Jesús era inocente. Y le habló a Jesús diciendo unas palabras que reconocían que Jesús es el Mesías, es Dios, y que un día vendrá con su reino, a reinar en la tierra.  

La respuesta de Jesús fue maravillosa. Esa persona no tendría que esperar ese día, sino que esa misma tarde se iría con Jesús al cielo. Ese hombre sí aprovechó la última oportunidad de entregar su corazón a Jesús, de arrepentirse de todo lo malo que había hecho, y ser perdonado. 

Ya estamos casi terminando esta serie de reflexiones donde hemos visto la persona tan misteriosa de Jesús, y posiblemente aun vos estés como los hombres que estaban con Jesús en la cruz: condenado. Ya sabes que aunque no hayas hecho los delitos tan graves que ellos hicieron, todos igualmente somos pecadores y estamos condenados a la muerte eterna. Pero Jesús cargó en la cruz esa condena, y te ofrece el perdón de todos tus pecados y ser tu salvador si se lo pides y lo aceptas.  ¿Como cual de los dos hombres vas a hacer? ¿Cómo el que aprovechó la oportunidad o como el que la desaprovechó?

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, gracias porque aún en el anteúltimo día de estas reflexiones me das la oportunidad de ser perdonado y salvo. Ahora quiero ser como el hombre que aprovechó la última oportunidad de su vida para ser salvo. Te pido que me perdones y que Jesús sea mi salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!