5 de agosto

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Ayer empezamos la semana pensando en la importancia de las palabras del Maestro Jesús cuando dijo que hay que dejar todas esas cosas que nos impide avanzar en nuestra vida espiritual y en los estudios. Cada día nos atraen cosas, muchas vinculadas a la tecnología o al mal uso de ella, y aunque parecen inofensivas nos hacen enfocar en otras cosas y  no en las importantes. 

Jesús dijo que el que pone las manos en el arado  no debe mirar hacia atrás, sino que nos invita a mirar hacia adelante. Es importante ver el rumbo y el camino a seguir. El pasado nos enseña las lecciones sobre las consecuencias de las buenas y las malas acciones, pero adelante debe estar nuestra atención. Arar era la tarea que había que hacer en el campo para conseguir sembrar, cosechar y disfrutar de la cosecha. El ejemplo se aplica a la vida. El estudio nos permite tener las herramientas para arar, pero Dios nos ha dado la vida para que cada uno la administre de la mejor manera, poniendo la mirada adelante, en Dios siguiendo su guía, y así poder disfrutar de la cosecha de frutos de vida eterna y éxitos en la vida.

Jesús entonces se fue con sus discípulos del otro lado del mar de Galilea. Entonces se juntó mucha gente al enterarse que andaba por ahí. Y fue a Jesús un principal de la sinagoga de los judios que se llamaba Jairo. Al llegar a Jesús se postró a sus pies. No olvides que los sacerdotes de las sinagogas no querían a Jesús, todo lo contrario. Pero este hombre, Jairo, se inclinó a tierra delante de Jesús y luego le rogó que vaya a su casa pues su hija estaba muy enferma a punto de morir. Y también le dijo que sabía que si Jesús ponía las manos sobre ella, se sanaría. ¡Qué fe tenía Jairo! Creía que Jesús era la única respuesta al problema tan grave que tenía. Qué importante es poder creer como Jairo, y darnos cuenta que Jesús es el único que puede solucionar el problema tan grande que tenemos que es la muerte eterna por nuestros pecados. 

Jesús mostró otra vez su amor en primer lugar. Jesús no hacía los milagros y si las personas se mostraban agradecidas los amaba, sino que Jesús primero mostraba que los amaba y después hacia los milagros. Al momento que Jairo le pidió que vaya a su casa, Jesús fue con él. El problema fue que había  muchísima gente con Jesús y las calles de la ciudad eran muy estrechas, y hacía que sea muy difícil avanzar, y para Jairo era urgente que Jesús llegara a su casa antes de que su hija muera. En medio de toda esa tensión los apostóles tratarían de abrir camino en medio de la multitud para que Jesús pudiese salir de ahí, pero Jesús se detuvo y dijo: ¿Quién tocó mi ropa? Los discípulos dijeron: Maestro hay una multitud presionando, ¿y tú preguntas quién me tocó? Entonces Jesús dijo algo muy misterioso: se que alguien me tocó pues poder salió de mi. ¿Cómo es ese poder? ¿Cómo sintió la salida de ese poder? Es realmente muy misterioso el poder de Jesús, pero pronto todos podrían comprobar que el poder de Jesús era extraordinario, pero eso lo veremos mañana. Hoy podemos reflexionar en que Jesús desea mostrarnos su poder. Jesús hoy y siempre tendrá su poder disponible para todo el que cree en él. Ya sabés que el primer poder es para perdonarnos y salvarnos, si creemos en él de corazón. Y después tiene poder para muchísimas cosas más. Una de ellas la podemos leer en Santiago 1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6 Pero pida con fe, no dudando nada;  

Jesús nos ofrece darnos la sabiduría necesaria para nuestros estudios, pero también para conducirnos correctamente en nuestra vida. Pedile con fe y él lo hará.

Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque hoy nos querés compartir del poder que solo vos y tu Hijo Jesús pueden dar. Gracias porque solo nos pedís fe para poder hacerlo en nosotros. Gracias porque muchos ya vivimos tu poder de perdón y salvación, y ahora te pedimos que nos des la sabiduría necesaria para saber hacer bien las cosas en nuestras vidas y para que tengamos éxito en nuestro estudio. Gracias porque siempre podemos contar con vos y con el Señor Jesús. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!