5 de diciembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! ¡Llegamos al último día de este año de un misterio llamado Jesús! Esta reflexión final es la número 155. ¡Qué bueno ha sido poder pasar este año de estudios junto a la vida de Jesús aquí en la tierra! Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo. La historia de Jesús es realmente extraordinaria, por eso es un verdadero misterio, tanto por las cosas asombrosas y milagrosas que hacía, como por el motivo por el cual lo hacía y entregó su vida: vos y yo. 

Si bien es muy difícil poder entender que la historia que sucedió hace casi 2000 años sigue siendo actual, no podemos ignorar que Jesús no fue un simple hombre, sino que fue Dios mismo hecho hombre, y lo hemos podido comprobar cada día de este año en cada reflexión.

El día de ayer quedamos en el momento en que estaba en la cruz y había tenido un diálogo con los dos que estaban crucificados con él. Vimos como uno aprovechó la última oportunidad y otro no. ¿Vos ya aprovechaste la oportunidad de aceptar a Jesús en tu corazón y tener vida eterna?  

Luego de tener ese diálogo Jesús habla un poco con su mamá, María. Al lado de la cruz de Jesús había muy pocos de los que creían en él. Estaban cuatro mujeres y Juan. Entonces Jesús puso a María bajo el cuidado de Juan. Es notable que hasta en el momento extremo de su sufrimiento se sigue ocupando de las personas que ama. Ya hemos visto que Jesús ama a todos, pero tiene un amor aún más especial por quienes lo aman a él. Ya podemos entender porque Juan era el discípulo amado, fue el único que estuvo al pie de la cruz. 

Fueron pasando las horas y al llegar las tres de la tarde, Jesús sabiendo que ya había cumplido todas las profecías sin dejar ni una sola sin cumplir, entregó su espíritu al Padre, es decir, murió. La Biblia cuenta muchas cosas que sucedieron mientras Jesús estaba en la cruz, pero por motivo de espacio, no las podemos comentar acá. Si querés podés buscar cerca del final de los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y ver todo lo que sucedió.

Pero aunque Jesús murió, no dejó de hacer cosas asombrosas. Dice que una de las cosas que pasaron es que al morir Jesús hubo un terremoto y muchas tumbas se abrieron. ¡Qué momento tan terrible habrá sido el ver y oler a tantas tumbas abiertas! La gente se empezó a espantar por las cosas que veían. Primero se oscureció todo, como si fuera de noche, entre las doce del mediodía y las tres de la tarde. Después hubo un terremoto que partía las piedras y abría las tumbas. 

El Centurión al ver todo lo que estaba pasando, dejó de ser el hombre rudo extremo, y tuvo que reconocer que Jesús no era un reo más, sino que dijo: Verdaderamente este era Hij o de Dios. Todo se estaba cumpliendo tal cual Dios lo diseñó para nuestra salvación. ¿Te diste cuenta de los números tres que siguen apareciendo? Tres horas estuvo todo oscuro, tres fueron crucificados y a las tres de la tarde Jesús murió, porque esa era la hora en que se entregaba el sacrificio. 

Pero la historia de Jesús no es como la de cualquier persona. El número tres vuelve a aparecer y demostrar que Dios ejerce su soberanía sin que nadie pueda frenarla. Jesús fue puesto en una tumba, y se cumplió la profecía de que así como Jonás estuvo en el vientre del gran pez, así Jesús iba a estar dentro de la tierra. ¿Cuánto tiempo estuvo Jonás dentro del pez? Si no lo sabés, ¿te lo imaginás? ¡SI! Estuvo tres días y tres noches! En el momento en que Jesús resucitó, muchas personas que habían creído en Jesús y habían muerto, se levantaron también de la tumba y mucha gente los pudo ver. 

Jesús en la cruz derrotó al pecado y a la condena que había sobre nosotros, y al resucitar derrotó a la muerte, y es la garantía de la vida eterna. Jesús estuvo cuarenta días más en la tierra y volvió al cielo sin conocer más la muerte, pero eso será tema del año que viene, si él lo permite que así sea.

¿Todavía estás dudando? ¿Todavía no aceptaste a Jesús? Ya hemos visto muchísimas pruebas de que Jesús es Dios y de que él se entregó por amor a vos y a mi. ¡No esperes más! ¿No seas como el hombre que no lo quiso aceptar en la cruz y se perdió para siempre! Ahora mismo repetí esta oración de corazón: 

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, gracias por tantas veces en este año querer tocar mi corazón. ¡Hoy quiero entregártelo! Yo creo que Jesús se entregó en la cruz por mi. Ahora mismo te pido que me perdones, y que Jesús entre en mi corazón como mi Salvador personal. Y creo también que Jesús resucitó y es la garantía de que ya tengo vida eterna. En el nombre del Señor Jesús, ¡Amén!

¡HASTA EL AÑO QUE VIENE, SI DIOS QUIERE!