6 de agosto
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer estuvimos viendo el momento en que un hombre, que era el principal de una sinagoga, llamado Jairo, fue a Jesús y de rodillas le pidió que fuera a su casa y tocase la cabeza de su hija que estaba por morir, para que ella se sanara. Jesús estaba en medio de una gran multitud en calles estrechas de esa ciudad, y era muy difícil poder avanzar en medio de la presión de la gente que quería llegar hasta Jesús.
Pero en medio de esa escena, Jesús se detuvo y preguntó quién lo había tocado. Los discípulos le dijeron que había tanta gente empujando y muchos lo tocaban, pero Jesús dijo algo muy misterioso: “Poder salió de mí”. No podemos establecer con certeza cómo es ese poder, como se debe sentir, pero era el que utilizaba para sanar o resucitar, entre otras cosas. Generalmente la gente iba a él y le pedía ser sanado, pero esta vez alguien había sido sanado solo por tocarlo. ¡Un poder, un misterio y un milagro maravilloso! ¿Quién podía dudar que Jesús es Dios? ¿Quién podría realizar semejante milagro y muestra de poder si no era Dios mismo?
Entonces Jesús preguntó: ¿Quién me tocó? El que tenía poder para sanar con solo ser tocado, ¿No sabía quién lo había tocado? Claro que lo sabía, pero Jesús como su Padre Dios desde el principio de la Biblia, hacen esas preguntas para que la gente pueda expresar lo que siente, lo que ha hecho y obtener el perdón o bendición, según lo que corresponda.
Jesús levantó la vista y empezó a mirar a su alrededor, ante las miradas sorprendidas de todos los que le rodeaban y llenaban aquellas angostas calles. Y de en medio de la multitud, salió una mujer. Estaba temblando, sabiendo que había sido ella la que había tocado a Jesús e instantáneamente se sanó. Se inclinó delante de Jesús y le contó que tenía una enfermedad desde hacía doce años, que consistía en pérdida de sangre, y había gastado todo lo que tenía en médicos, pero nada había servido.
Pero también tenés que saber que una mujer con flujo de sangre era considerada impura. Nadie se podía acercar a ella, y mucho menos tocarla. Era una mujer totalmente marginada por la sociedad. Tendría que vivir en lugares alejados, lavar su ropa constantemente, pues si alguien veía alguna mancha de sangre sería expulsada de inmediato del lugar. Pero ese día, decidió ir hasta Jesús, sea como sea. Se habrá metido en medio de la multitud, posiblemente habrá gateado por medio de la gente, hasta llegar a tocar el borde del manto de Jesús. ¿El manto de Jesús era milagroso? No, el manto de él era como el de cualquier persona. Y entonces… ¿Qué fue lo que la sanó? Fue poner su fe en Jesús. No sirve usar objetos para llegar a Dios, solo Jesús nos lleva a Dios.
Jesús no acusó a la mujer de haberlo tocado, sino que permitió que la mujer contara en medio de todos, todo lo que había sufrido los últimos 12 años, y como había tenido fe en Jesús. Entonces Jesús, una vez que la mujer terminó de hablar le dijo: “Tu fe te ha hecho salva, ve en paz y queda libre de tu enfermedad que te castigaba tanto”. ¡Qué momento! ¡Qué escena tan maravillosa! Es así con el alma de todos los que deciden ir de corazón a Jesús. Jesús demostró nuevamente su amor y su poder, y lo quiere hacer ahora mismo con vos, si aún no lo has experimentado. No siempre sanó a los que fueron de corazón a él, pero todo el que va con fe a él, una cosa seguro va a recibir: la vida eterna, y si él sabe que es lo mejor para nosotros, sanará, y si no es lo mejor, no. ¿Ya tuviste tu encuentro con Jesús?
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque otra vez podemos ver en la vida de Jesús su amor y poder, no solo por las personas de la historia, sino también por nosotros. Es maravilloso el poder haber creído en Jesús y disfrutar de su amor y poder en nuestra vida, y por eso te pedimos por nuestros compañeros, familiares y amigos que aún no han ido a Jesús, para que puedan creer e ir a Jesús y disfrutar de su amor y perdón. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!