8 de octubre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! En esta semana estamos viendo el caso del hombre ciego de nacimiento. Vimos como Jesús demostró que él es la luz del mundo dando la vista a ese hombre. También como el hombre obedeció yendo al estanque de Siloé para lavarse y allí recobró la vista.
Entonces la gente que lo vio pasar, se preguntaba si no era el hombre ciego que mendigaba, y él le respondía: Yo soy. Y luego querían saber cómo eso había sido posible. Él le respondía: el hombre llamado Jesús me untó los ojos con lodo y me dijo que vaya al estanque de Siloé y me lave, y yo fui, me lavé y pude ver. La gente le decía: ¿Dónde está ese Jesús?, y él respondía: no se.
Entonces se enteraron sacerdotes y le preguntaron al hombre y él les contó, cómo lo había hecho con las otras personas.
Los sacerdotes empezaron a discutir entre ellos. Algunos decían que Jesús era un pecador por haber sanado al hombre el día de reposo, pero otros decían que un hombre pecador no podría hacer los milagros que Jesús hacía. ¿Te diste cuenta? Algunos miraban a Jesús desde su religiosidad, pero otros desde la realidad.
Entonces volvieron a hablar con el hombre que era ciego y le preguntaron: ¿Qué dices tú sobre el hombre que te sanó? Y él respondió: creo que es un profeta.
Pero los judíos no le creían al hombre y llamaron a los padres y le preguntaron si de verdad su hijo nació ciego y como hizo para ver ahora. Los padres respondieron que en verdad su hijo nació ciego, pero no sabían cómo su hijo ahora podía ver, y agregaron: él es bastante grande, pregúntele a él. Los padres le tenían miedo a los sacerdotes, pues sabían que quién dijera que Jesús es el Mesías sería expulsado de la sinagoga.
Otra vez volvieron a llamar al hombre y le preguntaron nuevamente, pero el hombre le dijo que ya le había contado todo, y que él había sido ciego y ahora veía gracias a Jesús. Además le dijo que una persona que puede hacer ver a un hombre ciego de nacimiento de seguro viene de Dios. Entonces los sacerdotes le dijeron que se calle, que había nacido en pecado, por eso fue ciego, y lo expulsaron del lugar.
Lamentablemente para esos sacerdotes seguía pesando más su religiosidad que las pruebas que Jesús daba de que él es Dios mismo.
Jesús se enteró que lo habían expulsado y fue a buscarlo. Cuando llegó a él, le preguntó: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? El hombre le respondió: ¿Quién es, para que crea en él? Jesús le dijo: ya lo has visto, es quién habla contigo. El hombre enseguida respondió: Creo, Señor. Y le adoró.
Cada día podemos pedir cosas a Dios, podemos decirle que necesitamos tal o cual cosa. Podemos decirle que tenemos tal problema o tal desánimo, y como hizo con aquel hombre ciego, él puede ver nuestra necesidad y actuar. Pero en realidad, él no desea que todo quede ahí. Él es Dios, el que nos creó, el que le duele el corazón cuando por el pecado nuestro o de los que nos rodean la pasamos mal o muy mal. Él es el que mandó a su Hijo Jesús a entregar su vida por nosotros. Por eso tiene compasión por la humanidad, y las cosas no son mucho peores en el mundo porque él frena el mal, pero debe hacer que todo lo que siembre se coseche. Por eso tuvo compasión por el hombre ciego, pero lo que deseaba era que ese hombre pueda ver espiritualmente, es decir, sea salvo. Lo mismo con cada uno de nosotros. Él desea que te vaya bien en los estudios, pues sabe lo importante que será para tu vida. Él desea ayudarte en todas las cosas, pero lo que más quiere para vos es que seas salvo. él desea perdonar todos tus pecados y que puedas pasar con él la eternidad en el cielo. Pero debes contestar para eso, como lo hizo el hombre que fue curado por Jesús: ¿vos creés en el Hijo de Dios? Si es así, ahí donde estás en este momento decile: Creo que vos sos el Hijo de Dios y te pido perdón por mis pecados y que seas mi Salvador. A partir de ahora, si lo hiciste, vas a poder empezar a mirar espiritualmente.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, creo que Jesús es tu Hijo, el Salvador del mundo. Te pido que me perdones y que Jesús sea mi Salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!