11 de noviembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Ayer empezamos la semana con el día de la tradición en nuestro país, pero también en el momento de la historia de un misterio llamado Jesús donde entramos a la semana más importante de la historia de la humanidad. Para los judíos era una tradición poder celebrarla a lo largo de más de 15 siglos, y fue Dios mismo que mandó a recordar, generación tras generación la liberación de Israel de Egipto. 

Esa semana para nosotros es la que llamamos semana santa, que celebramos en marzo o abril de cada año, pero que nos llega en el relato de la historia de Jesús en este momento del año. 

Ayer quedamos en que Jesús estaba llegando a Jerusalén y la gente al enterarse que estaba cerca, empezaron a arrancar las ramas de las palmeras, llamadas palmas y se prepararon a recibirlo como desde hacía siglos no se recibía a nadie en esa ciudad. 

Pero, si bien David entró, por ejemplo,  victorioso a esa ciudad y fue recibido con gran alegría, la historia de Jesús iba a ser diferente.  Antes de entrar le dijo a dos de sus discípulos que vayan a una aldea que estaba enfrente y al entrar en ella iban a encontrar un pollino atado. ¿sabés que es un pollino? Un pollino es un asno joven, que generalmente aún no ha sido montado. Y también les dijo: si alguien les pregunta ¿Por qué lo desatan? Ustedes díganle: el Señor lo necesita. 

Te imaginás que los dos iban sorprendidos de cómo Jesús sabía todo eso, pues no había estado en esa aldea. Y cuando llegaron, encontraron al pollino en el lugar que Jesús les dijo. Y al desatarlo para llevarlo, se acercaron unos que estaban ahí y le preguntaron: ¿Por qué lo desatan? y ellos respondieron tal cual Jesús les dijo. Y sorpresivamente nadie dijo nada, y se lo llevaron a Jesús. 

En todo eso se estaba cumpliendo la profecía de Zacarías 9:9 donde dice: Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y esa era la diferencia de otras entradas a Jerusalén. Las demás habían entrado montados en caballos, pero ahora Jesús iba a entrar sobre un pollino, tal cual la profecía. Cualquiera que conocía la profecía se podía dar cuenta que Jesús era el rey prometido, el descendiente de David, el Mesías.

Entonces Jesús se montó en el pollino y empezó a acercarse a la ciudad y disponerse a entrar. ¡La alegría llenaba y desbordaba por todos lados! Se escuchaba cantar a la multitud: ¡Hosanna! ¡Hosanna en las alturas! ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!

Todo era una completa fiesta. La multitud estaba tan entusiasmada. Pero algo pasó. Jesús se estaba acercando a la ciudad, y por segunda vez en todo el relato de su vida, se nos dice que Jesús lloró.  La vez anterior fue cuando Lázaro había muerto. 

Pero esta vez, miró a la ciudad, a Jerusalén, y lloró diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!

Lo que Jesús estaba haciendo era profetizar lo que vendría un tiempo después sobre la ciudad. Toda esa multitud lo estaba recibiendo como a un rey, pero en pocos días lo rechazaría, pediría su muerte. No reconocería a Jesús como el Salvador del mundo ni el Mesías. Por eso con el tiempo solo le espera muerte y destrucción.

Hoy Jesús, como miró a esa ciudad nos mira a cada uno. ¿Qué ve cuando te ve? ¿Se pone contento porque aceptaste su perdón? ¿Se pone feliz porque entregó su vida por vos y vos lo aceptaste como tu salvador? o, como sucedió con Jerusalén, ¿se pone triste porque te espera solo muerte y destrucción pues no quieres aceptar su perdón y no prestas atención a sus consejos?

Ahora mismo tiene su mirada sobre vos. ¿Qué está mirando? En este instante pedile que te perdone y sea tu salvador personal. Él ya entregó su vida por vos. Ya hizo todo lo necesario para que puedas ser perdonado y salvo. Solo falta que te decidas y voluntariamente aceptes su perdón y salvación. ¿Lo vas a hacer?

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, gracias porque Jesús ya hizo todo para poder regalarme la salvación.  Ahora mismo quiero aceptar tu perdón y ser salvo para siempre. Ayúdame a compartir ese regalo maravilloso con todos los que me rodean. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!