12 de agosto
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer empezamos la semana viendo las palabras de Jesús que se encontró con una multitud de personas y no solo tuvo compasión por ellas sino que las vio como ovejas sin pastor. Entonces les empezó a enseñar muchas cosas. Sanó a muchos que necesitaban ser curados, pero su intención principal fue enseñarles.
Ya vimos que muchos iban a pedirle un milagro o presenciarlos, pero de seguro otros iban a escuchar con atención sus palabras. En cada historia podemos seguir viendo la importancia de la enseñanza. El Maestro constantemente hacía todo lo posible para que sus alumnos pudiesen ver su poder, pero estaba más interesado en que escuchen su voz. Por eso no podemos dejar de preguntarnos: ¿cuántos estaban dispuestos a escuchar? ¿Cuántos estaban con la decisión de aprovechar a full sus palabras? ¿Cuántos realmente querían aprender? Y esas preguntas hoy se vuelven a repetir en tu salón de clases. ¿Cuántos están dispuestos a escuchar, con la intención de aprovechar a full la clase y quieren aprender? Muchas cosas van atrayendo nuestra atención y nos desvían muchas veces de lo importante: el estudio de las diferentes materias y el estudio de la vida de Jesús.
Muchas personas estaban con tantas ganas de escuchar a Jesús que pasaron horas cerca de él prestando atención. Es formidable darse cuenta que cuanto más pasás aprendiendo de Jesús, más querés escucharle. Aquellas personas, sin darse cuenta, habían estado hasta la tarde prestando atención. Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron que ya era hora de que le dijera a la gente que se vaya, pues todos vivían un tanto lejos, para que pudieran llegar a las aldeas cercanas y comprarse comida, pues no tenían qué comer.
Jesús les respondió: ¿De dónde compraremos comida para todos estos? Otra vez el Maestro usaba una pregunta para hacer pensar a sus alumnos. Uno de ellos, llamado Felipe, le dijo que aunque tuvieran el dinero de 200 días de trabajo, no alcanzaría para darle de comer a todos. No sabemos muy bien de donde salió, pero Andrés, hermano de Pedro se acercó y dijo que había un muchacho que traía cinco panes y dos peces, pero que eso no era nada para tantos.
Jesús, misteriosamente les dijo que hicieran sentar a la gente en el pasto de cincuenta por grupo y otros de cien por grupo. ¡Qué ordenado que era Jesús! Como cada vez que decía o hacía algo estaba enseñando. Podemos ver varias lecciones. La primera podría ser el poder interesarnos por las necesidades de los demás. En una sociedad donde cada uno quiere ser el mejor o llegar primero sin importarle el otro, Jesús nos invita a poder escuchar su consejo y ayudar en lo que podamos a los demás. Me encanta ver cuando algún estudiante ayuda a otro. En segundo lugar les estaba enseñando la importancia de ser organizados. En la actualidad he notado que muchísimos alumnos no saben organizar su tiempo, ni sus actividades, ¡ni sus carpetas! No se toman el tiempo para hacerlo. Jesús les hizo tomar un tiempo importante para organizar a esa multitud, y al ponerlos en grupos pudieron darse cuenta que tenían que darle de comer a 5000 hombres, más las mujeres y los niños. ¡Qué tarea tan difícil! Pero de la forma en que Jesús les dijo, se podría dar comida a todos por igual. Otra vez vemos la importancia de no solo escuchar a Jesús, sino también obedecerle. ¿Estás escuchando y obedeciendo a Jesús? Sé un buen estudiante en la teoría y en la práctica.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque el consejo de Jesús siempre es perfecto. Ayúdanos a estar dispuestos a escuchar, a aprovecharlo a full y a querer realmente aprender. Gracias porque siempre contamos con vos. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!