12 de noviembre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer vimos cómo Jesús entró en Jerusalén, lo que se conoce como la entrada triunfal. Cómo mandó a dos de sus discípulos a la aldea de enfrente a buscar un pollino, y todo se dio exactamente como él dijo. Es importante destacar que todos esos detalles solo se enteraron los que estaban cerca de Jesús, y la multitud, aunque lo recibió con palmas y cantos, no sabían todos esos pormenores.
Eso nos tiene que hacer entender que cada día tenemos el privilegio de pasar tiempo con Jesús y conocer detalles de su vida que mucha gente ignora, aún aquellos que creen que él existió, pero no conocen muchas cosas que ustedes cada día pueden leer o escuchar.
Esa noche, Jesús cuidando de cada uno de sus discípulos, no se quedó en Jerusalén, sino que volvió a Betania. No importaba que ese día había sido la persona que protagonizó la mejor entrada de los últimos siglos a Jerusalén, pues sabía que los religiosos estaban aún más decididos a detenerlo y matarlo, pero, como vimos el día lunes, Jesús era el Cordero perfecto de Dios que debía cuidarse hasta el día 14, y recién estaba en el día 10.
Al día siguiente volvieron a Jerusalén y fueron al templo. A la entrada del templo había un gran patio que era para que la gente fuera con sus ofrendas y adorara a Dios, pero lo que había era un gran número de comerciantes. Estaban los que vendían desde palomas, para los que no tenían mucho dinero y desean ofrecerlas para el sacrificio, los que vendían ovejas para lo más pudientes, o animales más grandes para los ricos.
También estaban los cambistas. Ellos eran los que recibían a la gente que venía de otros lugares y traían otras monedas, y se encargaban de cambiarlas por el dinero de Jerusalén. Ellos hacían un gran negocio, manejando mucho dinero. Todos ellos cobraban a la gente un impuesto que imponía el templo.
Jesús al verlos allí, en el patio del templo, volcó la mesa de los cambistas, echó a todos los que vendían animales y las sillas de los que vendían palomas. Cada jaula de palomas las ponían sobre una silla. A pesar de estar muy enojado y usar vehementemente sus fuerzas, no fue violento con ninguna persona, y es más, Marcos dice que les enseñaba diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Haciendo mención a la profecía de Jeremías 7:11
Los sacerdotes cuando vieron todo eso, más intentaban atraparlo y matarle, pero tenían miedo de toda la gente que la tarde anterior lo había recibido con mantos y palmas en el camino. Iban a buscar la forma de atraparlo sin que la gente lo sepa.
Jesús les estaba dando nuevamente a sus alumnos y a nosotros también, una lección importante. La Biblia dice que los que recibimos a Jesús como Salvador personal, pasamos a ser templo del Espíritu Santo, y no debemos contaminar nuestra vida como lo hacía la gente que estaba en el templo. No debemos especular con la fe. Eso significa que no debemos convertir la fe en algo que dé ganancia de dinero.
A Dios no se lo adora con cosas materiales, aunque podemos hacerlo ayudando a los necesitados, o a las cosas materiales de la iglesia, porque la verdadera adoración es la del corazón, y justamente el corazón debe estar ordenado. Eso significa que no debe estar estafando a nadie, ni tratando mal a nadie, sino todo lo contrario. Mostrando el amor de Dios por el prójimo, y haciendo buenas obras como una muestra de agradecimiento por lo que Jesús ha hecho por cada uno de nosotros. No te olvides que la mejor forma de adorar a Dios es la obediencia a él.
Te invito a orar:
Querido Padre Dios, gracias porque hoy Jesús me quiere enseñar la importancia de tener mi vida, este templo, ordenado y obediente a vos. Cada día necesito de tu ayuda para poder lograrlo, y por eso te pido que como Jesús limpió el patio del templo, así ahora mismo limpie mi corazón. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!