13 de agosto

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Ayer estuvimos viendo sobre cómo Jesús les preguntó a sus discípulos cómo podrían hacer para dar de comer a toda esa multitud, y apareció un muchachito con cinco panes y dos peces. 

Jesús les dio instrucciones precisas a sus alumnos sobre cómo había que organizar todo para hacer una tarea tan complicada como fue el tener que dar de comer a miles de personas en un  monte en el desierto. Les mostró que es muy importante ser organizado para poder hacer cualquier tarea de una manera eficiente. También que hay que interesarse en la necesidad de los demás, y ayudarlos en lo que se pueda. 

Ayer también vimos  que los hizo sentar a todos en grupos de cien y de cincuenta personas, y luego los doce discípulos o alumnos más cercanos, se encargarían de distribuir la comida.  Pero… ¿Qué comida? Solo había lo que ese muchachito había traído. Es notable que ese niño o muchacho dio todo lo que tenía a Andrés, y seguramente se habrá quedado por ahí mirando lo que sucedía. Aparentemente no se quedó con nada y quiso entregar todo a Jesús. ¡Es una hermosa lección! Jesús a cada paso nos enseña algo más. Ahora quiere que podamos entender que cuando entregamos toda nuestra vida a él, él puede actuar en nosotros haciendo cosas maravillosas. 

Con esos cinco panes y dos peces en sus manos, Jesús hizo sentarse a todos, listos para comer, pues él ya sabía lo que iba a suceder. Entonces levantó Jesús sus ojos al cielo y dio gracias al Padre y empezó a partir los panes y darle a sus discípulos para que los repartiera. Misteriosamente Jesús seguía sacando panes, donde había solo cinco, pero ahora parecían interminables. Lo mismo pasó después con los peces. Todos los que estaban allí, unas 15000 personas, comieron hasta que no daban más. Entonces Jesús, les da otra lección. Los manda a recoger todo lo que sobró, y recogieron doce canastos llenos. Alguien podría decir, si multiplicó cinco panes y dos peces en miles, ¿Para qué hizo juntar el sobrante? No te olvides que cada acción de Jesús es una enseñanza. Debemos ser siempre cuidadosos de todo lo que tenemos, no hay que derrochar ni malgastar, y en especial la comida. 

Ese día miles de personas se dieron cuenta que Jesús era el profeta que iba a venir al mundo. Todos pudieron comprobar que el pan y pescado que comieron era un misterio maravilloso hecho por Jesús, y nadie podría hacer algo así si no era Dios. 

Pero en medio de todo ese cuadro de sorpresa y alegría, estaba ese muchachito que había dado a Andrés todo lo que tenía y pudo ver como Jesús tomó su canastita y de ella sacó miles de pedazos de pan y pescado. ¡Alrededor de 15000 personas habían comido de sus panes y peces! El pudo experimentar lo maravilloso que es poner todo en las manos de Jesús y como Jesús lo transforma misteriosamente, sin poderlo explicar con palabras. Cada día, Jesús habla a sus estudiantes para invitarnos a experimentar lo de aquel muchachito. ¿Te animás a poner todo en las manos de Jesús? ¿qué es poner todo? Te podrás preguntar. Es primero pedirle perdón y que sea tu Salvador personal. Después entregarle tu corazón, para que él lo llene de su paz y haga con tu vida su voluntad, que como dice la Biblia, es agradable y perfecta. Y luego, hace las cosas a la forma de Jesús: interesante en ayudar a los demás, sé organizado y tratá siempre de hacer las cosas correctamente, como a él le gusta.

Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque Jesús quiere que podamos experimentar como aquel muchachito de la historia. Ahora quiero entregar mi vida y corazón en tus manos para que puedas bendecir mi vida y la de mi familia, y pueda ver tu poder como aquel  muchachito. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!