16 de septiembre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Empezamos una nueva semana de estudios, por el día sin clases de ayer. Para los que se preguntan porque ayer no tuvimos esta reflexión, es porque en la provincia de Buenos Aires fue asueto por el Día de las escuelas evangélicas.
Cada 15 de septiembre festejamos el día de las escuelas evangélicas en homenaje a William Case Morris, quién fue el fundador de estas escuelas en nuestro país.
William fue un ejemplo claro de cómo una persona que ha tenido muchísimas experiencias negativas en su vida desde pequeño, puede ponerse en las manos de Dios y lograr cosas enormes. Él fue un ejemplo claro de lo que sucede en la vida cuando escuchamos, aprendemos y ponemos en práctica las palabras de Jesús.
William nació en Inglaterra el 16 de febrero de 1864. A los 4 años de edad murió su mamá, y ante los problemas que habían en ese momento en aquella tierra decidió su papá tomar a sus cuatro hijos y venirse para América. Se radicó en Paraguay para trabajar en una empresa que pronto desapareció. Aquel pequeño que había perdido a su madre, a sus parientes y amigos en Inglaterra, se encontraba en un lugar que hablaba guaraní, y no podía entender ni darse a entender con los niños de aquel lugar. Las cosas, económicamente hablando estaban muy mal, entonces se vinieron los 5 para la Argentina.
Vivieron varios años en Santa Fe, donde lo pasaron muy mal, para ese entonces William y sus hermanos ya eran adolescentes. Parecía que se sumaban los problemas y las cosas cada vez eran peores. En 1886, cuando William tenía 22 años, se mudaron a la Boca, Buenos Aires. En ese entonces era una de las zonas más pobres. Empezó a ganar unas monedas trabajando pintando barcos en el puerto. Cada día, aunque se hacía difícil vivir con ese dinero, se notaba que no decayó su fe en Dios, algo que le enseñó muy bien su papá. Le dolía mucho ver cómo la gente vivía en la pobreza, pero mucho más a los niños que no iban a la escuela, pues sabía con claridad que su futuro iba a ser aún más difícil. Con lo poco que ganaba empezó a comprar algunos cuadernos, lápices, bancos y mesas de madera, y juntaba a los niños que andaban en la calle para enseñarles a leer, escribir, matemática y también de Jesús. Si faltaba alguno de esos chicos, lo iba a buscar a su casa. Fue aumentando de tal manera el número de alumnos que empezó a buscar un lugar para su escuela. Conoció a una pianista del barrio que tomó como profesora de música, que luego sería su esposa. Juntos impulsaron la educación no solo en la Boca, sino que se fueron extendiendo por la ciudad de Buenos Aires. Visitó a muchas autoridades políticas y consiguió aportes de muchos lados. Llegó a levantar unas 32 escuelas, más institutos de oficios, y un hogar de niños que aún está en Longchamps, Buenos Aires. Gobernadores y Presidentes han tenido palabras extraordinarias al hablar de William. No tenemos espacio acá para ver todo lo que él hizo por fe para los niños de nuestro país. Pero dejó la semilla que impulsó a que a lo largo y ancho de nuestro país haya escuelas evangélicas que pongan en primer lugar a los alumnos como destinatarios de una buena educación y de los principios de vida de Jesús. William murió el 15 de septiembre de 1932, a los 68 años de edad, y en homenaje a él se celebra ese día como el de las escuelas evangélicas.
Un niño que tenía todo en contra durante muchísimos años, miró a Dios al prójimo y logró algo impresionante. ¿Te das cuenta por qué Jesús nos dice que debemos amar a Dios, en primer lugar, con todo nuestro corazón, fuerzas y mente, y después a nuestro prójimo como a nosotros mismos? Willian Case Morris es un claro ejemplo de lo que Dios hace en las vidas cuando ponemos en práctica sus principios.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias por personas como William Case Morris, porque nos demuestran que cuando nos ponemos en tus manos y miramos a nuestros prójimos como tú nos miras a nosotros, puedes hacer grandes cosas en nuestra vida. Hoy deseo ponerme en tus manos y empezar a ver a mis compañeros, familiares y amigos con el amor que Jesús nos enseñó, para que empieces a hacer grandes cosas en mi vida. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!