18 de noviembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Seguimos en esta semana de estudios que en nuestro país tiene la particularidad de tener en ella el día de la soberanía. El próximo jueves 20 es ese día y se conmemora la Batalla de la Vuelta de Obligado, que tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845. En esta batalla, las fuerzas argentinas, lideradas por Juan Manuel de Rosas, resistieron un intento de invasión por parte de una flota anglo-francesa en el río Paraná, defendiendo la soberanía nacional. 

La soberanía es el poder supremo de un Estado o pueblo para autogobernarse, sin estar subordinado a ninguna otra autoridad externa. Justamente en estas semanas estamos viendo sobre la semana más importante de la historia de la humanidad, y en ella estamos viendo la soberanía de Jesús en todo lo que pasaba. La Biblia habla mucho de la soberanía de Dios sobre todo lo que existe, y ahora  lo estamos viendo en todo lo que hizo a favor de nosotros. 

No importaba lo que intentaban hacer los poderes religiosos, es más, tampoco importaba lo que el imperio romano quería hacer, aunque fue el más duro de todos los imperios pasados. Un solo hombre, Jesús, puso en problemas al poder religioso y al imperio romano, que no actuaban por el bien de la gente, sino todo lo contrario.

Es muy difícil entonces, poder entender que quién tiene la soberanía sobre todo el universo, era el que estaba pasando esos momentos tan difíciles, como ser humano, por nosotros. Eso muestra que él estaba totalmente decidido a hacerlo por vos y por mi. Cada paso fue su decisión y siempre tuvo como meta tu salvación y la mía. 

Llegamos en esa semana al día jueves, donde al atardecer comenzaba el día donde se celebraba la pascua. Por eso había que preparar todo para esa noche. Jesús sabía muy bien que esa pascua no era una más de los quince siglos que se venía celebrando, sino que esa se entregaría el Cordero de Dios por toda la humanidad, y ese cordero, como ya hemos visto, era el mismo. 

Entonces Jesús mandó a Pedro y a Juan a que preparen el lugar donde los 13 celebrarían la pascua. Ellos le preguntaron dónde tenía que ser. Jesús le dijo que vayan a la puerta de la ciudad y sigan a un hombre que llevaba un cántaro con agua.  Ya de arranque los dos se preguntarían si sería fácil encontrar a un hombre llevando un cántaro, pues esa tarea la hacían las mujeres. 

Luego les dijo que lo sigan hasta la casa donde entre. Allí digan al padre de la familia: ¿Dónde está el lugar donde he de comer la pascua con mis discípulos? Entonces los dos fueron caminando hacia la puerta. Al llegar allí vieron a un hombre que llevaba un cántaro de agua y lo siguieron. Al llegar a la casa donde entró, llamaron al padre de familia y a él le preguntaron lo que Jesús había dicho, y le mostró un lugar en su casa que estaba en el piso de arriba. A ese lugar se lo llamaba: el aposento alto. 

En solo cinco días Jesús había mostrado su soberanía. Tanto en la entrada a Jerusalén como en ese día, había dado órdenes precisas diciendo exactamente cómo proceder a sus discípulos. Y encontraron todo tal cual él se lo dijo. 

Cada día de este año Jesús también nos va dando indicaciones precisas. Si nosotros pudiésemos confiar en él como lo hicieron sus discípulos, también podríamos comprobar y disfrutar de su soberanía. Él sabe exactamente todo lo que necesitamos espiritualmente y físicamente. Si prestamos atención cada día a sus palabras podremos descubrir lo mejor para cada uno de nosotros, como le pasó a los discípulos. De esa forma ellos iban fortaleciendo su fe, y nosotros también lo podemos hacer. 

Ya sabemos muy bien cual es el primer paso que debemos hacer. Ese paso es reconocer que Jesús es Dios, que él nos ama y entregó su vida por nosotros. Luego pedirle que perdone todos nuestros pecados y que sea nuestro salvador personal. Ahora mismo podes empezar a disfrutar de la soberanía de Dios para tu vida. 

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, gracias porque eres el Dios soberano y todopoderoso. Gracias porque me amaste tanto que mandaste a tu Hijo a entregar su vida por mi. Ahora mismo  quiero dar ese primer paso para empezar a disfrutar de tu soberanía. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!