19 de noviembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Seguimos en esta tercera semana de estudios del mes de noviembre pensando en la que fue la semana más importante en la historia de la humanidad, que estuvo centrada en el misterio llamado Jesús. Ayer vimos como mandó a Pedro y Juan a preparar el lugar para celebrar la pascua, y como se cumplieron todas las cosas exactamente como Jesús había dicho.  En la semana de la soberanía argentina, vemos la soberanía de Jesús sobre todas las cosas.

Al llegar la noche de ese día jueves, Jesús se reunió con sus doce discípulos para celebrar la Pascua judía, en ese aposento alto. allí pasaron varias cosas. La primera tiene que ver con las palabras de Jesús que dijo: He tenido muchos deseos de comer esta Pascua con ustedes antes de que comiencen mis sufrimientos.

Él sabía que aquella misma noche comenzaría su sufrimiento, pero primero quería disfrutar de celebrar esa Pascua que recordaba la libertad, la liberación de la esclavitud. Es hermoso pensar que aunque Jesús sabía todo lo que iba a tener que sufrir por nosotros, igualmente deseaba estar por nosotros. De hecho, él sabía que la única forma que había para que vos y yo podamos ser salvos y vivamos para siempre con él en el cielo, era que él sufriera nuestro castigo. 

Luego hizo algo, que pidió que hagamos en memoria de lo que él iba a hacer por nosotros. En algunas iglesias lo llamamos la Cena del Señor, o Santa Cena, o la Santa Misa, que es participar de pan y vino que representan el cuerpo de Jesús que ocupó nuestro lugar en la cruz, y la sangre que él derramó en la cruz para limpiarnos de todos nuestros pecados. Esa noche se lo enseñó a sus doce alumnos y hasta en este tiempo muchos lo seguimos haciendo, recordando lo que Jesús nos mandó pero también lo que él hizo por nosotros.

Después declaró lo que esa misma noche iba a suceder: que uno de sus doce discípulos lo iba a traicionar. Los discípulos empezaron a verse entre ellos, pues querían saber quién sería capaz de hacer algo así. Pero no duró mucho eso, pues después se pusieron otra vez a discutir sobre quién era el mayor entre ellos. Un ratito antes, Jesús les había dicho que comenzaría su gran dolor. Luego, que entregaría su cuerpo y su sangre para salvarnos. Después que sería traicionado. Pero sus alumnos solo pensaban en ellos. 

Nosotros muchas veces hacemos lo mismo. Perdemos mucho tiempo discutiendo, peleando, hablando mal de otros; y no pensamos en todo lo que Jesús ha hecho para que nosotros podamos ser salvos. Sin lugar a dudas, nuestras vidas serían muy diferentes si nos daríamos cuenta de lo importante que somos para Jesús, y de lo tanto que él nos ama.

Pero para que no queden dudas, Jesús hizo algo que ninguno de sus alumnos olvidaría jamás. Los judios con más dinero, tenían sirvientes que lavaban los pies a sus invitados. Jesús se levantó de la cena, se ató una toalla a la cintura y empezó a lavar los pies de cada uno de los discípulos, ante el asombro de cada uno de ellos.  

Pedro no quería que Jesús le lavara los pies, pero después entendió que las cosas debían hacerse de esa manera, pues lo que Jesús les estaba mostrando era la humildad y servicio que debemos tener por los demás. De hecho, Jesús le lavó los pies a Judas, quien era que en un rato posterior lo iba a entregar. Jesús sabía lo que Judas iba a hacer, pero hasta el último momento le mostró que a pesar de lo que iba a hacer, Jesús lo amaba. 

En un rato Jesús iba a ser traicionado. En un rato Jesús iba a entregarse a los soldados del templo. En un rato iba a comenzar un sufrimiento indescriptible. Pero hasta ese último momento, Jesús les estaba demostrando su amor por ellos y el amor que ellos debían demostrar por los demás. 

Esa lección también es para cada uno de nosotros. Podes descubrir el verdadero sentido de la vida con Jesús, que está en poder aceptar el amor que él te tiene, que por eso entregó su vida por vos. Pero también el que podamos amar a los que nos rodean, aún a los que nos pueden traicionar.

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, en estos días estamos viendo todo lo que Jesús ha hecho por nosotros. Gracias porque él me amó de tal manera que entregó su vida por mi. Ahora quiero no solo agradecerte por lo que han hecho a mi favor, sino que también te pido que me perdones y que Jesús entre en mi vida como mi Salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!