20 de octubre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Comencemos una nueva semana con un misterio llamado Jesús. Así como está muy avanzado el año de estudios, así vamos avanzando en la historia del misterio llamado Jesús. Estamos en el relato, en el tercer año de lo que conocemos como el ministerio de Jesús. Por un lado su fama se extendió por todas partes, y muchísima gente iba a escuchar sus enseñanzas pero muchas más para ser sanados o presenciar los milagros que hacía. Por otro lado estaban los religiosos judíos que no creían que él era el Mesías y entonces lo acusaban de decir que era el Hijo de Dios, y para ellos era una blasfemia que merecía la muerte. Entonces, dentro de los judios religiosos estaba instalada esa discusión, donde muchos querían matar a Jesús directamente, pero otros querían tener más pruebas sobre él.

Volviendo al relato, Jesús estaba recorriendo la parte norte de Israel, llamada Galilea, pero sabía que debía ir al sur, donde estaba Jerusalén, pues allí se iban a dar las cosas donde él mismo entregaría su vida por la humanidad. Entonces sucedió que Jacobo y Juan, que eran hermanos, fueron de camino y llegaron a Samaria, pero los samaritanos no los dejaron entrar a la ciudad por ser judíos. Cuando llegó Jesús, ellos estaban muy enojados y le dijeron: Señor, ¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y lo consuma? Estaban enojados de verdad.

¿Alguna vez te pasó algo así? ¿Alguna vez te hubiese gustado que Dios te permita hacer descender fuego del cielo y consumir a alguien que te hizo daño? Creo en mayor o menor medida, en alguna oportunidad eso nos pasó a todos. Aquellos dos discípulos, apóstoles o alumnos de Jesús, habían ya pasado tres años completos al lado del maestro, y aunque él muchas veces les había hablado y mostrado el amor por los enemigos, aún no lo habían podido aprender muy bien. Ambos hermanos eran bastante impulsivos. De hecho Jesús los llegó a llamar Boanerges, que significa “hijos del trueno”, y en arameo era “hijos de la ira”. 

Por cultura los samaritanos no se llevaban ni hablaban con los judios, aunque ya hemos visto que una vez Jesús habló con una mujer samaritana y muchos creyeron en Jesús. Pero en esta oportunidad no los dejaron entrar, y eso enojó, o mejor dicho, hizo que Jacobo y Juan entren en ira, de tal manera que querían quemarlos con fuego del cielo, es decir pedir que el juicio de Dios se desate sobre Samaria. 

Seguramente Jacobo y Juan no se sintieron bien al ser rechazados por los samaritanos, pero ellos ya iban con un rechazo contra ellos, y ante el menor desprecio se montaron en ira. Así nos pasa a nosotros también. Algunas veces nos enojamos por algo que nos hacen, y podemos tener razón de enojarnos, pero la ira se apodera de nosotros pues ya tenemos una predisposición a enojarnos por cualquier cosa. 

Jesús, cuando ellos le hablaron sobre el hacer descender fuego del cielo, los miró y les dijo: Yo no he venido al mundo para perder las almas, sino para salvarlas. ¡Qué hermosa es la mirada de Jesús! Mientras Jacobo y Juan pedían el fuego del juicio, Jesús se estaba preparando para muy pronto él tomar el fuego del juicio y llevarlo a la cruz. 

Cuando tengamos esos momentos en que nos enojamos, con razón o no, no permitamos que la ira se apodere de  nosotros, pues seguramente haremos cosas que nos perjudicará y ensuciará nuestra alma. En vez de eso, pensemos en las palabras de Jesús. Él tomó el juicio por tus pecados y los míos, y los llevó en la cruz, y pagó por ellos con su vida, para que vos y yo, solo creyendo en él y pidiéndole perdón, podamos ser salvos. No seas un hijo del trueno o de la ira. Sé un hijo de Dios.

Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque podemos empezar otra semana de estudios. Hoy queremos pedirte que nos ayudes a poder controlar el enojo y no reaccionar con ira, sino que podamos pensar en cómo Jesús cargó sobre sí todas nuestras culpas, para salvarnos, porque nos amó. Esta semana queremos ser como Jesús. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!