20 de noviembre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Llegamos al día jueves que se siente como viernes, pues mañana es un día no laborable en nuestro país por el día de hoy. El martes vimos que hoy es el día de la soberanía argentina, y justamente estamos viendo cómo Jesús es Dios, soberano sobre todas las cosas. 

Ayer vimos cómo estuvieron juntos los 13 en el aposento alto celebrando la pascua judía y Jesús les dejó en claro que pronto empezaría su sufrimiento, luego les enseñó cómo deberíamos recordarlo con el pan y el vino y finalmente vimos como les lavó los pies a cada uno, incluyendo a Judas. 

Luego de esas cosas hay varias conversaciones que se dan donde Jesús les deja los últimos consejos a sus alumnos más cercanos, los doce apóstoles. Y dice que él que le entregará está sentado a la mesa con él. Cada uno empieza a preguntar ¿Soy yo, Señor? Ahí vemos cómo las cosas fueron cambiando, pues cuando antes lo mencionó cada uno miraba a otro, pero ahora al afirmarlo, cada uno se miró a sí mismo.  

Entonces Pedro le hizo una seña a Juan que estaba sentado al lado de Jesús. Y entonces Juan le preguntó a Jesús quien era el que lo iba a traicionar, y Jesús le respondió, aparentemente en voz baja, que era a quien él le iba a dar el pan mojado. Entonces Jesús tomó un pan, lo mojó y se lo dio a Judas. Y la Biblia dice que cuando Judas comió ese pan, Satanás entró en él. 

Es una frase muy triste. Muchas personas, a pesar de conocer la verdad que es Jesús, eligen hacer el mal, y piensan que son unos piolas bárbaros, que hacen lo que quieren, pero en realidad cada vez están más esclavos del pecado. Mirá lo que pasó. Judas, seguramente algo sintió que pasaba dentro de él, y entonces le preguntó a Jesús: ¿Soy yo, maestro? Y Jesús le respondió: tú lo has dicho. 

No se si lo notaste, pero cada uno de los discípulos preguntó: ¿Soy yo, Señor? Pero Judas preguntó: ¿Soy yo, maestro? Y eso marca la diferencia entre las personas. Algunos tenemos a Jesús como nuestro Señor y Maestro, pero otros solo como maestro. Solo les gusta lo que dice pero no lo quieren recibir como Señor y Salvador de su vida. Así estaba Judas. Más le importaba el dinero acordado con los sacerdotes que Jesús. 

Jesús le dijo que lo que iba a hacer lo hiciera pronto. Solo Judas entendió el mensaje, pues el resto no se imaginaron lo que iba a pasar un rato después. Entonces Judas se fue del lugar. Luego de un rato más de enseñanzas de Jesús, los doce salieron del aposento alto y se dirigieron al monte de los Olivos, lugar a donde Jesús iba a orar todas las noches. 

Cuando iban de camino, pasaron por un lugar lleno plantas de uvas, vides. Entonces, en medio del aroma de las uvas Jesús les dio otra hermosa lección, la cual también es para nosotros hoy. Jesús nos dice que él es la vid, es decir, la planta. Pero dice que es la vid verdadera. Eso significa que es el único que da vida. Luego dice que su Padre Dios es el labrador, y que nosotros somos los pámpanos. 

¿Sabés que es un pámpano? Es un brote de la planta, verde y tierno. Jesús dijo que su Padre, al ser el labrador, ve cada pámpano, y aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto, pero que todo pámpano que no lleve fruto lo quitará. Y agregó: permanezcan en mi y van a llevar mucho fruto.

Permanecer en Jesús es aceptarlo como Salvador, pasar tiempo a diario leyendo o escuchando sus enseñanzas, teniendo fe en él,  contarle a los demás de su amor y ayudar a todos los que podamos, y así tendremos una vida muy productiva espiritualmente hablando, pero también en muchos otros aspectos de nuestra vida. 

Hoy podemos terminar esta semana de estudios, nuevamente viendo cómo Jesús ha hecho todo por nuestro bien. Desea que tengamos una vida repleta de frutos, de ahí viene el término disfrutar. Pero primero debemos dar frutos espirituales y disfrutar en nuestra alma y espíritu, para después hacerlo en otras áreas de nuestra vida. ¿Vas a poder disfrutar realmente este fin de semana largo? 

Te invito a orar: 

Querido Padre Dios, creo que de a poco estoy entendiendo lo que debo hacer con mi vida. Estaba pensando en todo lo que quiero hacer este finde para disfrutar, pero me doy cuenta que todo es muy pasajero si primero no llevo frutos espirituales. Por eso te pido que perdones mis pecados, que Jesús entre en mi vida como Salvador, y que cada día mi fe crezca más y pueda dar frutos y compartirlos. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡BUEN FIN DE SEMANA LARGO!