21 de octubre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer arrancamos la semana viendo como Jacobo y Juan querían que descienda fuego del cielo y consumir a todos los de Samaria porque no los habían dejado entrar allí por ser judíos.
Jesús les dijo con toda claridad que había venido a salvar a las almas y no quería que ninguna se pierda.
Él quiere dar la oportunidad a todos de poder creer en él y ser perdonados, y así ser salvos. Entonces pasó, como muchas veces vimos, algo misterioso. Recién vimos que no los dejaron entrar a Jacobo y Juan en Samaria por ser judios, y ellos se llenaron de ira. La historia cuenta que de una aldea de Samaria, salieron diez leprosos. ¿Qué hubieras pensado si eras Jacobo o Juan y estabas en ese momento? Posiblemente hubiésemos dicho: ¡claro, primero no nos dejan entrar y nos discriminan, y ahora vienen a pedir ayuda! ¡Ojalá que Jesús los eche pronto!
Pero, ya hemos visto muchas veces que Jesús nunca echó a quien iba a él. Siempre aprovechó la oportunidad para mostrar su amor por todos. Y aunque esos hombres venían del lugar en que habían sido discriminados, y eran leprosos, Jesús les habló con amor.
Los diez leprosos se quedaron parados lejos de Jesús y sus discípulos. En ese momento estaba prohibido que un leproso se acercara a las demás personas. Ya hablamos en otro momento de eso, pero para recordar un poco, los leprosos quedaban de por vida alejados de las personas, alejados de las ciudades, y vivían en lugares apartados y dependiendo de que alguien les dejara a lo lejos algo de comer. Era muy dura la vida del leproso, además del dolor, ardor y olor nauseabundo que daba las heridas sangrantes de esa enfermedad incurable. Y además recordemos que en la Biblia, la lepra es símbolo del pecado.
Entonces los diez leprosos se pararon y a lo lejos dijeron: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Recordá que pedir misericordia significaba reconocer que habían hecho algo malo y ser perdonados y limpiados. No se si ellos pensaban, como la mayoría de la gente, que esas enfermedades eran porque alguien había pecado, pero el hecho es que habrán escuchado sobre Jesús y fueron a pedir su ayuda.
Las palabras de Jesús, como muchas otras veces, fueron misteriosas. Aquellos diez hombres esperaban que Jesús les diga: ¡Bueno! ¡Sean sanos! y desaparezca la lepra, pero no fue así. Jesús les dijo: vayan y muéstrense a los sacerdotes. Cuando una persona tenía lepra, era expulsada de la sociedad. Pero si por algún milagro, Dios permitía que se sanara, tenía que ir a los sacerdotes, y si ellos verificaban que ya estaba limpio, es decir que ya no tenía más las llagas de la enfermedad, solamente ellos podían autorizar a la persona que se sanó, volver a la sociedad.
Aquellos diez leprosos escucharon lo que Jesús les dijo, se miraron entre ellos, se vieron tan leprosos como siempre, pero empezaron a caminar en dirección a la ciudad donde estaban los sacerdotes. No tenían la evidencia de que serían sanados, pero aun así creo que pensaron que era su última oportunidad.
Pero al ir caminando se dieron cuenta que su piel se empezaba a sanar. Como por arte de magia, milagrosamente, sus llagas tan horribles se iban convirtiendo en piel suave y sana. ¡Qué asombroso milagro! Jesús estaba nuevamente mostrando su poder! Nueve de ellos siguieron su camino pensando en cómo su vida material iba a cambiar, pero uno de ellos se detuvo, y volvió hasta Jesús. Al llegar se postró delante de Jesús, le dio las gracias y alabó a Dios a viva voz. Diez ese día fueron curados, pero solo uno fue salvo. ¿Te das cuenta quién fue? Si, el que volvió a los pies de Jesús. ¿Vas a Jesús solo a pedir o a creer en él? ¿Quieres recibir algo material o la vida eterna? No elijas mal.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, ahora mismo quiero ir a los pies de Jesús y darle gracias por morir por mi, y deseo que me perdone de todos mis pecados y me sane de todas las heridas que el pecado deja en el corazón de las personas, y que sea mi Salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!