22 de agosto
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Llegamos a otro último día semanal de estudios, donde nos ocupamos de ver a Jesús caminando sobre las aguas pasando como si nada en medio de las olas y tormenta, mientras los 12 discípulos o alumnos estaban totalmente agotados tratando de mantenerse a flote y que el viento no los haga volver atrás. ¡Una escena increíble! ¿Te imaginás estar en ese lugar y vivir esa experiencia sobrenatural? Pero eso no es todo.
Ya vimos que Jesús, a pesar de seguir caminando los alentó a no temer, e hizo como que seguía su camino, pero algo pasó en ellos. Ya hemos visto que Jesús les dio la posibilidad de reaccionar. Y aunque todos estaban agotados, confundidos, sin saber que hacer, hubo uno que no se quedó quieto y aceptó el desafío de reaccionar. Ese fue Pedro. Podría haber dicho: Jesús si eres tú, manda a calmar el mar, pero no lo hizo. Le podría haber dicho: Señor ven con nosotros a la barca, así, como pasó la otra vez, el mar se calma, pero no dijo tampoco eso. Pedro dijo algo muy desafiante, aceptó de verdad el desafío, y gritó: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. No dice la Biblia que pensaron o dijeron los demás, pero me imagino que sí lo hicieron habrán expresado algo así como que Pedro estaba loco.
El hecho es que Jesús le dijo: Ven. Y aunque la barca se sacudía de un lugar a otro y las olas la azotaban, Pedro sacó una pierna fuera de ella y la afirmó, ¡en el agua! y luego la otra. ¡Estaba parado en el agua, cerca del centro del mar de Galilea, en medio de una tormenta terrible! Pedro al aceptar el desafío de Jesús, pudo experimentar en carne propia el poder de Jesús. ¡No ha existido en la historia de la humanidad persona alguna que haya caminado sobre las aguas! Los discípulos habían visto a Jesús hacer cosas extraordinarias, y aun en su sorpresa, toleraban en su razonamiento el ver al Señor caminar sobre el agua, pero ahora, aquel hombre que se había criado en el mar pescando, ahora estaba dando pasos caminando y avanzando sobre las aguas. Miró a Jesús y se dirigió hacia él en medio de las olas. Pero en un momento, mientras Jesús observaba a la distancia, Pedro empezó a mirar las olas, y el fuerte viento que las ocasionaba, dejó de mirar a Jesús y le entró miedo por la fuerza de las olas y el viento que pasaban junto a él. Y entonces comenzó a hundirse. La forma del relato nos da la idea que se empezó a hundir de a poco, no se fue a pique de una, lo cual lo debe haber asustado mucho más. Muchas veces se habrá caído al mar, pero esa vez era totalmente diferente. En ese momento de miedo, incertidumbre y necesidad extrema, Pedro dijo las mejores palabras que podría haber dicho, que además seguramente salieron del corazón: ¡Señor, sálvame! Y aunque Jesús parecía que estaba un tanto alejado, al instante estaba extendiendo su mano y levantándolo al nivel del agua fueron y subieron a la barca, y al segundo de subir se calmó la tempestad.
Estamos terminando otra semana de estudios, y podemos ver dos lecciones muy fuertes para nosotros. La primera es aprovechar ahora mismo el poder buscar a Jesús. No importa el momento en que estés pasando. No importa lo duro que puede ser, que llena tu alma de incertidumbre y temor. Jesús, ahora mismo pasa por tu lado y te dice no temas. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a reaccionar a sus palabras? Pedro reaccionó y pudo experimentar su poder. Ahora Jesús desea hacer en vos el mayor milagro: perdonarte y hacerte un hijo de Dios. Terminá la semana experimentando como Pedro el poder de Jesùs.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque me ofreces experimentar tu poder en mi propia vida. Decido escuchar las palabras de Jesús y aceptar su desafío. Quiero experimentar el milagro del perdón de Jesús y ser tu hijo. Perdóname y sé mi Salvador personal. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡BUEN FIN DE SEMANA!