22 de octubre

Un misterio llamado Jesús

¡Hola! Ayer quedamos en la historia de un misterio llamado Jesús, cuando con sus discípulos se dirigían del norte hacia al sur, yendo a Jerusalén,  y pasaron por Samaria, lugar donde los judios no eran bienvenidos, y por eso no les permitieron entrar a la ciudad. 

Pero de una de sus aldeas salieron diez hombres leprosos y Jesús les dijo que vayan a mostrarse a los sacerdotes, y al ir caminando hacia la ciudad los diez se dieron cuenta que se estaban sanando de la lepra hasta estar totalmente curados.  

Si bien nueve de ellos siguieron su camino, uno volvió dando gloria a Dios a viva voz, y al llegar delante de Jesús se postró a sus pies y le agradeció por haberlo sanado. Jesús le dijo, levántate, tu fe te ha salvado. Ese día diez fueron curados, pero uno solo fue salvo. Aquel hombre que ante la aproximación de cualquier persona debía permanecer sentado y alejado, ahora Jesús le dice que se levante y se vaya a su casa, ya estaba salvo y sano.

Entonces Jesús siguió el camino y llegaron a un pueblo cerca de Jerusalén. Ese lugar era Betania. Allí fue a visitar a tres amigos muy queridos  por él. Es notable que Jesús amaba a todos, pero en el relato bíblico queda claro que tenía una cercanía especial con algunas personas. ¿Podemos pensar que Jesús quería más a unos que a otros? No, claro que no. Ya lo hemos visto, pero es bueno recordarlo. Jesús amaba a todos por igual, pero había personas que se acercaban más a Jesús, hablando de afecto, amor. Jesús ama a todos, pero responde con mayor amor a quien más lo ama. ¿Cuánto amas a Jesús? Él ya demostró cuánto te ama cuando entregó su vida en la cruz por vos. 

Llegaron a Betania y fueron a visitar a sus amigos María, Marta y Lázaro. Ellos se ponían muy felices cada vez que Jesús los visitaba. Marta enseguida empezaba a preparar comida, lugar para que estén cómodos y agua para que pudieran asearse y beber. 

Jesús entonces empezó a hablarles, y no solo expresó su afecto por ellos y la alegría de estar allí, sino que también les daba muchas enseñanzas que quería que sus discípulos y amigos supieran. 

María se sentó y escuchó con mucha atención lo que Jesús decía, pero Marta iba y venía, muy ocupada en que sus visitas tuvieran todo lo necesario. Pero en un momento, no le gustó a Marta que ella hacía todo y María sólo estaba sentada escuchando a Jesús.  Entonces se acercó y le dijo a Jesús: Jesús, ¿no te importa que mi hermana me deje hacer todas las cosas sola? Dile por favor que me ayude. 

Cuando pasa algo así en tu casa ¿cómo hacen para resolverlo? ¿Se lo dicen a un mayor o tratan de imponerse entre ustedes? Posiblemente Marta pensó que Jesús le iba a decir a María que vaya a ayudarle, pero no fue así. Jesús reconoció que Marta hacía muchas cosas, y muy bien, pero que por preocuparse por las cosas de la casa, se estaba perdiendo lo más importante: escuchar a Jesús. Por eso Jesús le dijo que aunque Marta estaba haciendo algo bueno, María había elegido lo mejor: escuchar a Jesús. 

Esto nos enseña que podemos estar haciendo muchas cosas buenas, pero ninguna es tan importante como escuchar el consejo de Dios. Ahora podés estar pensando en el próximo examen o el la lección que tenes que dar o el trabajo que tenés que terminar, pero tenés que saber que Jesús desea que puedas primero escuchar sus consejos, que busques primero escuchar de su justicia, y en todo lo demás él te ayudará. Por eso ahora mismo, y cada vez que tengas la oportunidad de leer o escuchar de Jesús, concentrate en sus enseñanzas, y después en tus responsabilidades. ¿Vas a ser como Marta o como María?

Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque cada día podemos escuchar tus consejos. Ayúdame a siempre estar atento a tus palabras, y luego a poder cumplir con mis responsabilidades. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!