25 de agosto
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Empezamos una nueva semana de estudios junto a un misterio llamado Jesús.
La semana pasada vimos cómo Jesús se había quedado orando mientras los discípulos iban a cruzar el mar de Galilea. Luego se desató la tormenta y en medio de las olas y fuerte viento, fue caminando por el agua y Pedro caminó también aunque al ver las olas se empezó a hundir, pero Jesús lo tomó, lo sacó a flote, y juntos subieron a la barca, y al instante la tormenta cesó. Una noche que los discípulos de Jesús jamás olvidarían.
Entonces, después de esas cosas, llegaron al otro lado del mar. La gente cuando se enteró que Jesús estaba allí empezó a seguirle en multitudes y traían de todas partes enfermos en sus lechos, y aunque sea que iba por aldeas, o ciudades, o campos, ponían en las calles enfermos y le rogaba que les dejase, aunque sea, tocar el manto, y todos lo que lo tocaban quedaban sanos.
Pero del otro lado del mar, la gente que había sido alimentada con los 5 panes y dos peces, fue otra vez a ver a Jesús. Al llegar al lugar se encontraron que estaban las mismas barcas que el día anterior, salvo la que habían salido los discípulos. Entonces empezaron a buscar a Jesús por todos lados, y no lo encontraron. No se podían explicar cómo Jesús había salido de ese lugar. Claro, ninguno se imaginaba que Jesús había cruzado el mar caminando.
Entonces tomaron varias barcas y cruzaron el mar para buscar a Jesús, pues sabían que los discípulos se habían ido para allí. Al llegar del otro lado lo encontraron y le preguntaron cómo había hecho para llegar allá. Jesús no les contestó la pregunta, sino que les planteó algo muy importante, pues no debemos olvidar que esas personas, el día anterior, querían hacerlo rey.
Jesús les dijo: ustedes no me buscan por quien soy, sino porque les di de comer y quedaron llenos. Ustedes se tienen que ocupar no por la comida que perece, que se echa a perder, sino por aquella que permanece para siempre, que el Hijo de Dios, (él mismo) os dará.
Jesús nos invita a sus alumnos, a empezar la semana poniendo nuestra atención en las cosas que son muy importantes. Él no estaba diciendo que no tenían qué comer, no, sino que tenían que aprovechar y tomar lo más importante, que no es pasajero y dura para siempre, y que solo Jesús puede dar.
Eso más importante es nuestra alma, nuestra propia vida. Muchas veces Jesús contó historias sobre que no sirve acumular cosas en la vida y no tenemos la seguridad de la vida eterna. Es importante que tengamos planes, es importante estudiar para poder alcanzar todo lo que nos gustaría tener y asegurarnos que no nos falte lo esencial para vivir, pero es más importante hacer lo necesario para asegurar nuestra eternidad.
Jesús no iba a dejar sin comer al hambriento, pero él vino a dar salvación, y eso quiere dar a cada uno de nosotros al empezar esta semana de estudios. No hay nada que podamos hacer para alcanzar la eternidad en el cielo, salvo pedirle a Jesús que nos perdone y sea nuestro Salvador personal.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque podemos empezar una nueva semana de estudios y el Maestro Jesús nuevamente nos invita a empezarla pensando en lo más importante: la eternidad. Gracias por todos los que ya hemos entendido que debemos pedirte perdón y aceptar a Jesús como Salvador. Y deseamos que aquellos compañeros, familiares y amigos que aún no lo han entendido, lo puedan hacer, y por ellos te pedimos. Dejamos esta semana de estudios en tus manos, en el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!