27 de agosto
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer vimos cómo Jesús le planteó a la gente que lo seguían por la comida pero no creían en él. Habían visto con sus propios ojos los milagros maravillosos que hacía, pero aún así les importaba más que Jesús les solucione el problema diario que el eterno.
Hoy también hay muchos que piensan así. De hecho en los salones de clases hay muchos que le importan más el poder safar y pasar de curso que aprender. Es muy triste cuando vemos a nuestros alumnos sin deseos de aprender, de avanzar, de prosperar, de pensar en el futuro, y solo piensan en lo que van a hacer hoy para entretenerse o ganar algo en los juegos o apuestas.
Jesús miraba a esa gente que había alimentado hasta llenarlos, pero que no querían creer en él. Había sanado a muchos otros, pero pocos creyeron en él. Venimos viendo casi 100 días de un misterio llamado Jesús, pero muchos de ustedes aún no han creído. Sin embargo, Jesús estuvo dispuesto a entregar su vida por todas aquellas personas, pero también por cada uno de nosotros.
Aquellas personas se pusieron a hablar mal de Jesús entre ellos. Se decían: ¿Cómo dice que es el pan del cielo si sabemos que fue hijo de José y María? Aunque lo hacían apartados de Jesús y susurrando, Jesús se acercó y les dijo: “no murmuren entre ustedes. Yo he visto al Padre Dios, y de él vengo. El que cree en mí, tiene vida eterna, por eso yo soy el pan de vida.
Muchos no quisieron dejar sus costumbres religiosas y no creyeron a Jesús. Muchos discípulos de Jesús, que no eran de los 12 que Jesús separó, se fueron y no lo siguieron más. Jesús les había dado todo. Les había mostrado que él era Dios. A cada paso les mostró su amor y comprensión, pero aún así se fueron.
En estos días decíamos que venían días muy difíciles para Jesús, y no solo por lo que iba a sufrir en la cruz, sino por lo que iba a sufrir por los que no iban a creer en él, pues sabe muy bien que quien no cree en él le espera la muerte eterna.
Jesús ha venido a dar vida eterna, y como ya vimos, él no vino a condenar, sino a que el mundo sea salvo por él, pero esa es una decisión que cada persona debe tomar: si cree o no, si acepta a Jesús y su perdón o no.
Cuando se fueron todas esas personas y los discípulos, Jesús juntó a los 12 discípulos o alumnos principales a quienes conocemos como apóstoles, y les dijo: ¿Se quieren ir ustedes también? Entonces Pedro habló y le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú solo tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
¡Qué hermosa respuesta! En medio del dolor del rechazo de aquella gente, que hermoso habrá sido escuchar a Pedro hablar con seguridad. Y ahora mismo Jesús vuelve a preguntar. Te pregunta y me pregunta: ¿Vos también te querés ir, o querés quedarte a mi lado? ¿Qué es Jesús para vos? Ahora mismo podés alegrar el corazón de Jesús decidiendo qué querés quedarte a su lado. Por eso dice la Biblia que hay gozo en el cielo cuando alguien acepta a Jesús como Salvador personal, pues allá los ángeles dicen: ¡qué bueno que alguien entendió y creyó y va a estar en el cielo disfrutando con nosotros! ¿Qué vas a responder?
Por último, no olvides que antes que respondas, ya Jesús entregó su vida por vos.
Te invito a orar: Querido Padre Dios, hoy quiero responder a la pregunta de Jesús. No quiero alejarme de Jesús, pues como dijo Pedro, solo él tiene palabras de vida eterna. Gracias porque antes de que yo respondiera, Jesús ya entregó su vida por mí. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!