28 de agosto
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer estuvimos viendo sobre cómo muchas personas, aunque pudieron comprobar que Jesús es Dios, no quisieron creer en él, y cuando les dijo que debían buscar lo eterno y no lo pasajero, se fueron.
Luego le preguntó a los doce alumnos más cercanos o apóstoles si ellos también querían irse, y Pedro respondió en nombre de todos: Señor, ¿A quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna, y hemos reconocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Palabras que demostraron su fe y la de los demás apóstoles.
Luego Jesús siguió recorriendo la zona de Galilea, que está al norte de Israel, y aún no quería ir para Judea, que está al sur, pues allí querían matarlo, y sabía que aún no era la hora de entregar su vida por nosotros. Entonces sucedió algo muy misterioso, que como siempre Jesús usaba para enseñar a todos sus alumnos.
Se acercó una mujer cananea. Los cananeos eran gente muy rechazados por los judíos desde hacia siglos. Muchos se referían a ellos y otros gentiles como perros. Si de esa fea manera. Te aclaro que gentiles se refiere a los que no son judíos. Esa mujer cananea se acercó a Jesús y le dijo: “¡Señor, hijo de David, ten misericordia de mí!” Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió y siguió. La mujer seguía pidiéndole en voz alta, y los discípulos se acercaron y le pidieron a Jesús que la eche, pues era muy feo escuchar sus gritos.
Entonces la mujer se postró delante de Jesús y le dijo: “Señor, socórreme”. Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos.” Y ella respondió: “Si, Señor, pero aún así los perritos comen de las migas que caen de la mesa de sus amos”. Un diálogo bastante misterioso, pero veamos qué quisieron decir.
Recién vimos que los cananeos eran vistos como perros. Jesús le habló de perritos, usó el término sin agredir, ni discriminar como se hacía en aquel entonces a los cananeos. Le dijo en sentido figurado algo que los discípulos pensaban y deseaban escuchar: que Jesús debía solo ayudar y salvar a los hijos de Israel y no a los “perros”. La mujer contestó sin contradecir, todo lo contrario, se reconoció un “perrito” pero que deseaba aunque sea comer las migas , o lo muy poco que Jesús le pudiera dar. Esa mujer demostró una fe extraordinaria y Jesús les enseñó que esa mujer que trataban como un perro por ser cananea, había mostrado una fe ejemplar, que ellos debían tener, y además que tenían que aprender a no discriminar y aceptar que la salvación no era solo para los judios, sino que era para toda persona que cree en Jesús, y que se reconoce pecadora y humilde, como esa mujer.
Entonces Jesús le dijo: Mujer, ¡Grande es tu fe! Que se haga como tú has pedido. Y en ese instante su hija fue librada del demonio que tenía.
En estos días, en la provincia de Buenos Aires, estamos en la semana de la Educación Sexual Integral, y hoy podemos aplicar muy bien la enseñanza de Jesús a no discriminar ni rebajar a nadie por su origen, ni por su sexo. Pero en realidad todos los días Jesús daba lecciones, y con él todos los días recibimos lecciones de ESI, pues él es el creador de todos los principios que benefician a las personas cuando los respetan.
Al mismo tiempo nos muestra que no importa la condición en que estemos, ni el problema que tengamos. Podemos ir a él con un corazón humilde y él actuará en nuestro favor. ¡Es maravilloso su amor!
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias por las lecciones de vida que Jesús nos da a diario. Ayúdanos a no discriminar a nadie y poder tener el amor que tenía Jesús por todos. Y también a tener un carácter humilde y así siempre poder contar con tu ayuda en todas las cosas. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!