28 de octubre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer empezamos la semana de estudios viendo cómo Jesús con sus discípulos llegaron a Betania y salió a recibirlos Marta. Ella le expresó que sabía que si hubiese estado allí, Lázaro no habría muerto, pero sabía que Dios podía hacer cualquier cosa.
¿Te acordás qué le respondió Jesús? Él le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”
Y María le respondió: Sí Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
En esos momentos tan difìciles donde el dolor se hace presente en la vida, que importante es tener en claro quién es Jesús. Marta, estaba pasando uno de los momentos más dolorosos de su vida, pero estaba confiada en Jesús.
Jesús se quedó en ese lugar, fuera aún de la aldea de Betania, pero Marta salió a buscar a María, y se acercó a ella en su casa y le dijo al oído: El Maestro está acá y te llama. María rápidamente se paró y salió al encuentro de Jesús, afuera de la aldea.
Todos los que estaban en la casa acompañando a las hermanas, al ver que María se levantó y salió rápidamente, la siguieron pensando que iba a la tumba de Lázaro a llorar. Pero todos pudieron ver que ella fue a donde estaba Jesús, y al llegar se postró a los pies de Jesús y le dijo lo mismo que había dicho Marta, sobre que si hubiese estado allí, Lázaro no hubiese muerto.
María lloraba mucho, y los que la acompañaban también lloraban. Entonces Jesús también lloró. Juan 11:35 es uno de los versículos más cortos de la Biblia. Ahí dice: Jesús lloró. La gente decía: miren cómo amaba a Lázaro. No era común en ese momento, ver a hombres llorar. Pero Jesús mostró que más allá de saber todas las cosas que sucederán, él tiene una sensibilidad muy grande por el dolor que el ser humano siente ante la muerte, además de que estaba empezando a experimentar lo que él mismo pasaría con sí mismo.
Entonces Jesús preguntó a donde lo habían sepultado. Otra vez da la oportunidad de participar a los demás, pues él sabía muy bien donde había sido sepultado Lázaro. Y lo llevaron al lugar de la tumba.
Al llegar a la tumba otra vez se conmovió mucho. Era una cueva y tenía una piedra puesta encima. Entonces Jesús pidió que se saque la piedra. La gente que estaba se sorprendió de que pidiera eso, y Marta fue la que se animó a hablar y le dijo: Señor: ya hace cuatro días que ha muerto, y hiede ya. ¿Sabés que quiso decir? Quiso decir que el cuerpo ya había entrado en descomposición, como comúnmente sucede y no se podría soportar el mal olor.
Pero Jesús le respondió: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? ¿Qué será ver la gloria de Dios? Sin lugar a duda, debe ser extraordinaria en el cielo. Pero ¿se puede ver un poco de ella acá en la tierra? Pronto María, Marta y los demás lo podrían comprobar.
Jesús alzó la mirada al cielo, oró agradeciendo a su Padre Dios porque siempre lo escuchaba, y luego dijo a viva voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto cuatro días antes, salió caminando, aunque estaba atado con esa tela que se usaba para los muertos. Y Jesús les dijo que lo desaten y lo dejen ir.
La gloria de Dios es maravillosa, y será impresionante un día poder verla, pero cada uno podemos tener un anticipo de ella. Jesús puede hacer muchas cosas en nuestra vida. Job dice que las maravillas más grandes del mundo es solo un borde pequeño de su gloria. Pero Dios desea mostrar un anticipo de ella a cada persona. ¿Cómo? Haciendo que los que estamos muertos por nuestros pecados, tengamos vida y vida eterna. Él solo puede hacer ese milagro, no hay nadie n i nada que lo pueda hacer, solo él, en los que le piden perdón por sus pecados y creen en él como su Salvador personal. ¿Ya experimentaste el anticipo de su gloria?
Te invito a orar: Querido Padre Dios, gracias porque Jesús es la resurrección y la vida, y da vida eterna a todo aquel que cree en él. Gracias por todos los que ya pudimos experimentar la gloria del perdón en nuestro corazón. Ayúdanos a compartir con otros ese mensaje de amor, y disfrutar en nuestra vida el gozo que pudieron tener ese día María y Marta. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!